Los vientres vacíos

Los vientres vacíos
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Alba Carballal
ALBA CARBALLAL

Cada vez es menos frecuente encontrar una semana en la que no salte alguna noticia sobre las consecuencias sociales y económicas del envejecimiento. Pero no todos los problemas se presentan en formato macro, y a veces, para comprender, hay que cambiar de escala. Ningún sistema debería presionar a sus miembros para que tomen decisiones íntimas en contra de sus deseos. Para mí es una suerte haber crecido en un entorno que jamás ha cuestionado mi nula inclinación hacia la maternidad, y aunque ésta quizá no sea la situación más habitual, en los últimos tiempos se ha producido un debate público que ha permitido a muchas mujeres decidir no tener hijos de manera consciente. El puzle lo completa Noemí López Trujillo en su libro 'El vientre vacío', que se configura como el retrato de una generación, la nuestra, que también está llena de madres en potencia, personas sin hijos que sienten que la pobreza les está robando el futuro.

Ensalzar únicamente la postura de las mujeres que no queremos ser madres supone silenciar otro relato, el de aquellas personas que se ven obligadas a adaptar sus aspiraciones a las miserias de una precariedad que hace mucho que ha dejado de ser eventual. Una amiga de siempre me acaba de contar que está embarazada. La noticia me alegra, pero también me angustia. La sensación no es nueva: es lo mismo que sentí en el piso de alquiler, lleno de juguetes y trastos de críos, en el que pasé mis vacaciones. Tengo las cosas bastante claras, pero me agobia rondar los treinta y que la posibilidad de elegir ni siquiera exista. Estrictamente, no necesito esa libertad, pero tengo derecho a ella: quiero poder cambiar de opinión. Me gusta este libro porque cultiva, ante todo, la empatía; y me pone frente a un espejo en el que soy otras, aunque a mi vientre, por ahora, sólo le preocupe estar lleno de empanadillas.