Fracasa en Rumanía el referéndum para prohibir los matrimonios homosexuales

Un activista LGTB en Rumanía sigue los resultados del referéndum. /Reuters
Un activista LGTB en Rumanía sigue los resultados del referéndum. / Reuters

La alta abstención impide que la consulta sea válida

COLPISA / AFPBucarest (Rumanía)

Los rumanos rechazaron el domingo grabar en la Constitución la prohibición del matrimonio gay con una alta abstención en el referéndum apoyado por el gobierno de izquierda, que sufre un estrepitoso revés. Solo un 20,41% de electores votaron durante la consulta que comenzó el sábado, según la oficina electoral central. Para que el referéndum fuera válido era necesario alcanzar un 30% de participación.

Los resultados, que se anunciarán el lunes, deberán confirmar el adelanto del sí a un cambio en la Constitución, pero los partidarios de este polémico plebiscito ya reconocieron su derrota. «Es un fracaso para los rumanos y para Rumanía», declaró el secretario general de los socialdemócratas (PSD) Codrin Stefanescu, que denunció el «boicot de un proceso cívico».

El referéndum fue iniciativa de oenegés cercanas a la poderosa Iglesia ortodoxa y reunidas en una «Coalición para la familia», que afirmaron que recopilaron tres millones de firmas contra el matrimonio gay. El voto atrajo a 3,7 millones de electores de 19 millones de inscritos. «No hemos logrado nuestro objetivo, lo haremos la próxima vez», aseguró el presidente de esta coalición, Mihai Gheorghiu.

Más allá de la comunidad LGTB, numerosas organizaciones de la sociedad civil fueron llamadas a boicotear este referéndum. La asociación Accept, que defiende los derechos de las minorías sexuales, celebró un resultado que «demuestra el compromiso del electorado con el rumbo europeo de Rumania y con los valores democráticos».

Los rumanos estaban llamados a inscribir en la ley fundamental que solo «un hombre y una mujer» pueden unirse y no los «esposos», como viene estipulando actualmente la Carta Magna. Los electores rumanos prefirieron no acudir a las urnas, denunciando un «despilfarro de dinero» y una campaña indignante contra los homosexuales. «Deberíamos dejar a todo el mundo la opción de casarse o no, sin tener cuenta la orientación sexual», dijo a AFP Ileana Popescu, una jubilada, después de asistir a una misa dominical en Bucarest.

Desde un punto de vista legal, el referéndum no debía cambiar nada pues la legislación rumana no autoriza ni el matrimonio entre personas del mismo sexo ni tampoco la unión civil. Pero una prohibición explícita habría hecho más difícil, por no decir imposible, cualquier cambio futuro a favor de las parejas homosexuales. A contracorriente de las izquierdas europeas, los líderes socialdemócratas rumanos se pusieron del lado de los defensores de la «familia tradicional», más por convicción, según sus adversarios, que por «oportunismo». Pero según el sociólogo Gelu Duminica, la implicación del PSD en esta campaña tuvo el efecto inverso, y alejó a los electores de las urnas. Además, «la agresividad que marcó la campaña por el sí, el intento de instigar el odio contra una minoría, hizo que los rumanos se mostraran reacios a votar», explicó a la AFP.

Los socialdemócratas contaban con esta consulta para movilizar a la Rumanía rural y conservadora, base de su electorado. El partido, que regresó al poder a finales de 2016, atraviesa un momento delicado por las acusaciones de querer debilitar la lucha contra la corrupción y de controlar la justicia.

Los responsables de la mayoría de izquierda figuraban entre los primeros que acudieron a votar el sábado, al igual que la jefa del gobierno Viorica Dancila o del poderoso líder del PSD, Liviu Dragnea. «Mi educación, ortodoxa, mi educación tradicional, me hacen decir sí, así es como veo la continuidad de este pueblo», declaró recientemente el líder del PSD, Liviu Dragnea, y agregó que Rumanía no debía «seguir los pasos de otros países que legalizaron el matrimonio entre un hombre y un animal». El lunes, Dragnea debe comparecer ante la justicia por su proceso de apelación en el caso de empleos ficticios que le costó tres años y medio de prisión en primera instancia.

Este referéndum provocó vivas críticas desde las instituciones europeas, que recordaron a Bucarest sus compromisos en materia de derechos humanos.

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