La estrategia de Corbyn en el 'brexit' llega a un callejón sin salida

El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn./EFE
El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn. / EFE

La posibilidad de provocar unas elecciones generales disminuye, como prueban las mociones dubitativas de los laboristas

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

El Partido Laborista no podrá alcanzar su principal objetivo en su estrategia ante el 'brexit' en los próximos días y el resultado de esa frustración hará que emerjan las divisiones en el partido y en los sindicatos sobre la conveniencia de reclamar un segundo referéndum. Esto es lo que se deduce de las fallidas maniobras del lunes para provocar el voto de una moción de censura en el Parlamento.

La conferencia anual de los laboristas en septiembre aprobó una estrategia que establecía como prioridad la perseguida por el liderazgo del partido: lograr la convocatoria de unas elecciones generales. Una campaña promovida y apoyada por militantes jóvenes y simpatizantes de Jeremy Corbyn logró que se incluyera la reclamación de una nueva consulta, si el objetivo principal no se logra.

La convocatoria de elecciones generales dejó de ser decisión exclusiva del primer ministro en 2011, cuando el Gobierno de coalición entre los conservadores liderados por David Cameron y los liberal-demócratas de Nick Clegg obtuvo la aprobación de una ley de Parlamentos con Duración Fija, que como parte del saneamiento de la política limita la capacidad de gestión electoralista de los bienes públicos.

La ley establece que las elecciones deben celebrarse cada cinco años y ofrece dos vías para que acortar ese mandato: que dos tercios de los diputados en la Cámara de los Comunes voten por unas elecciones anticipadas (como ocurrió en 2017 por el interés compartido de conservadores y laboristas) o porque se apruebe una moción de censura ('Que esta Cámara no tiene confianza en el Gobierno de Su Majestad').

El cálculo especulativo de los dirigentes laboristas era que las divisiones del Partido Conservador causarían una escisión en el grupo parlamentario en el final de 2018 o en los primeros meses de 2019. La publicación del Acuerdo de Salida de la UE pactado por el Gobierno de Theresa May con el Consejo Europeo añadió además la retirada parcial del apoyo al Ejecutivo por los diputados unionistas norirlandeses.

Corbyn se defendió de las críticas por no presentar la moción de censura la pasada semana- cuando May aplazó la votación del Acuerdo porque iba a ser rechazado por una amplia mayoría- alegando que no iba a presentarla sin que hubiese una perspectiva realista de victoria. El lunes, sus portavoces informaron a los medios que iba a presentar la moción.

May gana

La Cámara de los Comunes reservó a May buena parte de la tarde para que leyera su declaración informativa sobre la reunión del Consejo Europeo y para el debate posterior. Como es habitual, los asistentes de la primera ministra enviaron el texto a los líderes de la oposición con media hora de antelación. Y la prensa fue informada poco después de que Corbyn no propondría la moción de censura.

La decisión se justifica por un asunto de fechas. Los laboristas querían representar la rabia provocada en un buen número de escaños por la burla de May a un Parlamento que debatió durante tres días el Acuerdo y conoció que no podría votarlo en la última hora, exigiendo a la jefa de Gobierno una fecha para el voto, más allá de su promesa de que sería antes del 21 de enero.

El texto de la declaración de May decía que la votación del Acuerdo de Salida se llevará a cabo en la tercera semana de enero. Esa promesa habría provocado el cambio de la dirección laborista. No habría moción. Hasta que, al final del largo debate, Corbyn se puso en pie en su escaño e informó al Presidente de los Comunes de la presentación de una moción de censura.

Es una moción que niega la confianza del Parlamento en May, no en el Gobierno como exige la ley de mandatos fijos, y que sería sometida a voto solo si el Ejecutivo le regala algún tiempo de su agenda legislativa. Si fuese aprobada, no tiene consecuencia salvo la humillación de la primera ministra. Que retó a Corbyn a presentar una moción de derribo del Gobierno; o se queda sin moción.

Los 'brexiters' conservadores que intentaron derrocar a May el miércoles le han expresado su apoyo en las nuevas circunstancias y los unionistas noirlandeses parecen más receptivos a la posibilidad de que logre en su diálogo con la UE las garantías que necesitan sobre el mecanismo irlandés del Acuerdo. La estrategia de Corbyn parece ahora estancada.

Sienna Rodgers, editora de 'Labour List', cree que «si las amenazas de May sobre una marcha sin acuerdo funcionan, y logran que se apruebe el Acuerdo, el Partido Laborista tendría entonces la mejor oportunidad de llegar al poder». Pero la mayoría de sus miembros y votantes quiere un segundo referéndum, cuya reivindicación Corbyn aplaza y que su valedor, el líder sindical Len McCluskey, dice que sería una traición a los votantes.

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