El drama de las naranjas

Este agricultor de Pego observa apenado su cosecha perdida por la falta de comprador. /Bernat Ortolá
Este agricultor de Pego observa apenado su cosecha perdida por la falta de comprador. / Bernat Ortolá

Indignación y tristeza entre los agricultores al ver cómo el sector se va hundiendo cada año | El abandono de los cultivos sigue creciendo por la crisis de los precios, que este ejercicio están tocando fondo

DELEGACIONESAlzira/Dénia

«En esta cadena todos ganan menos el agricultor». Una afirmación que repiten muchos agricultores al ver como los precios de la naranja en el campo se desploman mientras en las tiendas se mantienen y todos los intermediarios obtienen beneficios.

El sector cítricola se hunde ante la indignación de los labradores que critican la falta de soluciones por parte de la administración. Un sector clave en la economía de comarcas como la Ribera, la Safor o la Marina que está viviendo este año una de las campañas más duras.

A la caída de precios continua se suman los daños por los temporales de 2018 y las amenazas externas como las naranjas de Sudáfrica. Todo esto en un sector tradicional que subsiste bajo mínimos y en la mayoría de casos a costa del trabajo casi gratuito de los agricultores.

Esto hace que muchos propietarios opten por que la naranja siga en el árbol. En concreto, el 95% de las parcelas de cultivo de cítricos en la Safor se encuentra en esta situación, como describió Vicent Faro, miembro de la directiva de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA). El dirigente del colectivo apunta que el sector «atraviesa quizá el peor momento que se recuerda». «Los propietarios ven más factible abandonar la naranja en el árbol antes de que alguien se la lleve sin saber a cuánto la va a pagar o cuándo va a cobrar algo, si es que le llega algo de dinero del proceso final», lamenta.

Para Faro, es el resultado de años de «dejadez» por parte de las administraciones hacía el campo valenciano, que «siempre ha sufrido, pero todo el mundo ha mirado para otro lado».

En la Ribera las naranjas sí se cogen pese a los daños por el pedrisco pero se están vendiendo a precios irrisorios que hunden aún más a los agricultores. «La están cogiendo toda pero regalada. Esto no se entiende, dicen que no la quieren a un precio mínimo para atemorizar a los agricultores pero se la llevan toda prácticamente por nada para la industria», explica el vicepresidente de AVA, Bernardo Ferrer.

Esta situación ha supuesto que si la variedad navelina se vendía el año pasado a unos 25 céntimos el kilo este año se está pagando a 10 céntimos. Una importante reducción que no se nota en las tiendas donde se mantienen los mismos precios que en años anteriores.

«Te exigen mucho, trabajar 24 horas, somos esclavos del campo y para nada, porque nadie tiene interés en arreglarlo», critica Enrique Montalvá, agricultor de Alzira.

Los temporales que afectaron a la Ribera el pasado verano han puesto la puntilla a un sector que ya estaba muy tocado. «Se tenía que haber retirado la naranja pequeña para no saturar el mercado porque ahora ni se paga la buena ni la otra», apunta el representante de AVA en la Ribera.

Cambio de cultivo

Situación similar viven los agricultores de la Marina donde los precios «están por los suelos, la arroba de la variedad okitsu llegaba a pagarse hasta a seis euros, ahora tienes suerte si te la pagan a 2,5 euros, a veces no llegan a comprarte la naranja».

La alternativa, aseguran, pasa por arrancar los árboles con variedades con un valor de mercado muy bajo, «hay que buscar las que se están pagando a buenos precios». Una decisión difícil porque algunas variedades cuentan con canon de cultivo por lo que los agricultores optan por abandonar los cítricos y pasarse al cultivo de aguacates o caquis.

Paco Climent, agricultor de Oliva: «Vamos a arrancar los naranjos por la falta de rentabilidad»

«No me queda más remedio que arrancar los naranjos». Éstas son las palabras de Paco Climent, un vecino de Oliva que se ha hecho cargo de las parcelas de cultivo de cítricos familiares «y es muy doloroso ver la situación de la naranja en la Comunitat», comenta. Este vecino de Oliva dispone de ocho hanegadas tomando el relevo de su padre y «para mí es importante conservar este patrimonio familiar, pero es imposible» por lo que ha decidido cortar los árboles en tres hanegadas. Cultiva la variedad hernandina, un tipo de mandarina, «y no hay forma de darle salida», señala. Esto provoca que tenga pérdidas de más de 6.500 euros.

José España, agricultor de Alzira: «Todos los años te planteas abandonar pero tiras de ahorros»

Alzira, una de las cunas de la naranja, ve como cada año aumenta el número de explotaciones abandonadas. «Todos los años te lo planteas pero tiras de ahorros y aguantas porque te lo trabajas tú mismo», comenta José España, un agricultor alcireño. Y es que la continua bajada de precios de los cítricos ha provocado una situación «crítica» para el sector que ve como trabajan todo el año a cambio de casi nada. «Nos están pagando una tercera parte que el año pasado, esto va de mal en peor», lamenta España. Y esto pese a que en su caso el pedrisco y los temporales no han afectado mucho a sus cultivos que son de segunda campaña. Sin embargo, la disminución de precios hace que los agricultores apenas cubran gastos.

Salvador Sastre, vecino de Pego: «Estoy harto de trabajar la tierra por dos duros»

A Salvador no le salen las cuentas. El pasado año ganó 900 euros por las naranjas de la variedad okitsu de su parcela. Pero «gasté 400 en la limpieza de los árboles y a ello hay que sumar abonos, quemar la leña, el agua, no se gana suficiente». Según explica, se decantó por esta variedad «porque era la primera en salir y se vendía bien de precio, pero ahora con la competencia que nos llega de Sudáfrica, no se puede vender; al final he decidido cortar por lo sano». Este profesor retirado confiesa que nunca ha sido devoto de la tierra, «siempre me ha tirado más la fotografía. Esto te tiene que gustar, tener devoción, yo no la tengo y por eso estoy harto de trabajar la tierra por dos duros». Recuerda que en una de las últimas campañas se pasó una semana con la familia recolectando las naranjas porque ningún comercio las había comprado. «Decidimos recogerlas nosotros y llevarlas a una empresa de zumos, donde nos dieron menos de 100 euros».

Pep García, agricultor de Pego: «He dejado perder 40.000 kilos esta campaña»

«El trabajo de todo un año tirado a la basura». Así se lamenta Pep García, un vecino de Pego que esta semana está arrancando sus naranjos porque ningún comercio ha querido comprarle la fruta. En septiembre acordó con un comercio la venta de las naranjas de la variedad okitsu. Pero pasaron las semanas y «tan sólo recogieron un centenar de cajones, después ya no volvieron». A día de hoy, todavía cuelgan del árbol, «la fruta ha perdido frescura, ahora ya es imposible venderla», afirma. García recuerda cuando su padre estaba al frente de sus bancales, «antes se vendía toda, incluso tuvo que reformar la entrada del camino para que pudiese pasar un camión».

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