Motociclismo

Lorenzo y Ducati, el pequeño camino del 'fracaso' al éxito

Jorge Lorenzo celebra una de sus victorias. /Diario Sur
Jorge Lorenzo celebra una de sus victorias. / Diario Sur

Desde que inauguró su casillero de victorias vestido de rojo, el mallorquín ha sido el piloto que más puntos ha sumado en la general de los cuatro primeros

BORJA GONZÁLEZ

Lo repetía, aunque a veces sus palabras sonaban a retahíla. Y tenía razón, Jorge Lorenzo y su Ducati estaban más cerca de volver a estar en lo más alto de lo que parecía. Una cuestión de detalles. «Hay circuitos en los que será más fácil, otros serán más difíciles. Tendremos sitios complicados como Phillip Island, donde creo que lo haremos mejor que el año pasado, pero será difícil luchar para ganar, en principio. Pero por otra parte vienen otros buenos. Este debería de ser bueno, si no hay condiciones extrañas. En Aragón creo que podemos luchar por ganar. En Misano también».

En la charla con Jorge Lorenzo durante el 'fallido' GP de Gran Bretaña, cancelado por las malas condiciones del asfalto de Silverstone, se percibía una cosa clara: mucho ha cambiado en el mallorquín de aquel piloto de principios de año cuando los resultados no llegaban y su caché bajaba hasta el punto de hablarse sin reparos de su salida de Ducati para ser sustituido por Danilo Petrucci o Jack Miller, pilotos con un palmarés incomparable, e incluso la búsqueda de un equipo Yamaha B con él como piedra angular. «Me falta muy poco», repetía. ¿Cómo comenzó ese cambio que ha terminado metiendo a Lorenzo de nuevo en el pelotón de los elegidos de MotoGP? «La moto del 2017 era una moto muy física, más que la Yamaha, pero al final trabajando en la forma física y acostumbrándome a ella en las últimas cinco carreras del año pasado luchaba regularmente para estar entre los cinco primeros. Pero cambiaron el chasis, y los ingenieros no entendían que siempre me estuviese quejando de que me cansaba más. en las frenadas me cansaba mucho más de brazos, y yo siempre me quejaba de que parecía que había menos apoyo en el depósito, pero o no sabían cómo solucionarlo o pensaban que no era como lo explicaba yo».

Ducati hizo alguna prueba para la primera carrera europea, la de Jerez, pero su piloto seguía pidiendo algo más. «Empezamos a pensar a mitad de este año en algunas soluciones. Me acuerdo que en un test de Montmeló hice ir a Christian (Gabarrini, su jefe de mecánicos) al box de Rabat que usa la moto del año pasado, y él primero y luego los otros ingenieros vieron que, efectivamente, el depósito de Rabat era mucho más alto y tenía mucho más apoyo. En ese mismo test me trajeron un depósito diferente que no me mejoró mucho, un 5 o un 10%, y luego en Mugello llegó el depósito que me empezó a gustar de verdad. O sea que fue más problema de ergonomía». 'Ergonomía', una palabra que usaba con frecuencia en sus explicaciones y una evolución hecha por la marca italiana que sorprendía por su simpleza, apenas un apósito adosado al depósito pareció obrar un milagro.

«Cambiaron el chasis, cambiaron las proporciones de la moto y el depósito también cambió, porque se hizo una moto en general más baja y generó ese problema que arrastré desde el test de Malasia. Aunque terminé primero a una vuelta, a las cinco estaba muerto, tenía que bajar el ritmo, y en Tailandia fue una pesadilla, porque iba lento y encima me cansaba. Pero sólo se encontró la solución a partir de Mugello. Bueno, en Jerez la moto iba mucho mejor, endulzaron el motor, eran pequeñas piezas que me iban trayendo que me acercaban a lo que buscaba, pero al final siempre claudicaba, en mitad de carrera o en las últimas vueltas. Y en Mugello, con esa última pieza, no mejoré a nivel de velocidad, porque no fui más rápido, pero me permitió mantener más la energía y el ritmo hasta el final sin bajarlo».

Lorenzo se estrenó en la victoria en Italia, en la carrera posterior a ese entrenamiento en Montmeló organizado después del Gran Premio de Francia para probar el nuevo asfalto y trazado del circuito catalán, escenario del segundo triunfo del mallorquín, que desde que inaugurase su casillero de victorias vestido de rojo ha sido el piloto que más puntos ha sumado en la general de los primeros cuatro (114, por los 106 de Márquez, los 86 de Rossi y los 83 de Dovizioso). «A veces lo explico de esta manera: si tienes que estar 45 minutos así (retira la silla y se coloca en cuclillas sin apoyarse en el respaldo) sin poder sentarte al final los cuádriceps claudican, necesitas un buen apoyo. Es un ejemplo exagerado, pero la cuestión es que necesitas un buen apoyo para relajar cuando estás durante 45 minutos a máxima exigencia con una moto de casi 300CV y 160 kilos de peso, necesitas apoyos en todas partes para poder relajar en determinadas zonas del circuito. Si estás en tensión durante 45 minutos al final no puedes pilotar al máximo nivel. Acabas muerto». E insiste en que no hay milagro, hay trabajo y seguridad en sí mismo, hasta el punto de poder forzar a Ducati para darle parte de lo que estaba buscando, forzar a creer en él, pese a no haberle renovado, en lo que uno de los responsables de la marca ha reconocido como un «regalo para Honda».

MotoGP visita esta semana, otra vez, Italia, Misano, uno de los circuitos señalados como favorables por Lorenzo, que rodó por debajo del récord (el suyo propio de 2016 con Yamaha) en un test privado en agosto posterior a su triunfo en Austria, el tercero de 2018. Tras Misano llegará el Motorland de Aragón, otro de los de su lista positiva, y donde entrenó la pasada semana otra vez con registros de récord.

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