Y TRES SON MULTITUD

Y TRES SON MULTITUD
Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Imagínense lo inimaginable como principio. Imagínense un gobierno de Pedro Sánchez en el que Pablo Iglesias es vicepresidente del Gobierno, Alberto Garzón ministro de Economía, Joan Tardá responsable de Educación, Irene Montero de Vivienda y Gabriel Rufián de Agricultura y Medio Ambiente. Imagínense un gobierno en el que Podemos, Izquierda Unida y ERC controlan la mitad de los ministerios. Resulta inimaginable, pero es justo lo que Ximo Puig ha hecho en la Comunitat Valenciana.

La negociación del Botànic II ha sido larga, tortuosa, con una liturgia aparente a la que se le notaban las costuras, en la que se procuraba maquillar la lucha por el poder como un supuesto pacto de principios superiores, con algo de juego sucio y donde también han aflorado los nervios y el carácter distintivo de cada protagonista. Como unos entremeses divertidos mientras hacíamos tiempo para la fecha de la investidura. Pero por encima de todo, de las interminables horas de la negociación sobresale una enseñanza evidente. Que la izquierda presume mucho de 'repartir' (porque en general se reparte lo que antes pertenecía a otro), pero tiene los mismos problemas que los demás si de lo que se trata es de 'compartir'. En 2015 hubo menos líos porque PSPV y Compromís sólo tuvieron que afrontar el reparto del poder desalojado por el Partido Popular. En 2019 se trata de otra cosa, se trata de compartir lo que ambos ya poseen, o sea de hacer hueco y dejar espacio a un tercer operador, a fuerza de que los dos socios fundadores le cedan parte de su pastel. Y esto siempre da problemas, incluso en la izquierda que se cree bendecida por un espíritu superior y desinteresado.

La prueba de que esto es un problema grave se ve en la solución adoptada para dar entrada a Podemos y a Esquerra en el Consell antes controlado sólo por PSPV y Compromís: en lugar de hacer más pequeñas las partes del pastel han engordado el pastel. Mucho. Dos consellerías más, diez organismos más, veinte asesores más hasta empezar a acercarse al centenar, más secretarías autonómicas y lo que iremos descubriendo en las próximas semanas. En definitiva, el acuerdo del Botànic II es un acuerdo muy caro, pero muy caro según desde dónde se mire. Para los beneficiarios no es caro, porque no piensan pagarlo ellos. Lo financiaremos los demás. Bien con nuevas subidas de impuestos (el conseller Soler tendrá que esmerarse todavía más con el asunto de la infrafinanciación), bien aumentando la deuda pública de la Generalitat; un dato, ya está en 43.000 millones de euros.

La izquierda presume mucho de 'repartir' pero tiene los mismos problemas que los demás si de lo que se trata es de 'compartir'

Habrá paz de fondo en la legislatura. En el sentido de que será un gobierno estable, o sea decidido a continuar y permanecer el máximo tiempo posible por muchos escándalos internos que puedan surgir. Es un Consell que nace de una desconfianza total entre los partícipes, pero eso no será obstáculo para mantenerse unidos en lo fundamental, la mayoría parlamentaria de Les Corts. Puig, el mayor vencedor de la refriega, ha tenido que abonar a cambio el peaje de una pequeña humillación durante la investidura, cuando se suspendió el pleno veinticuatro horas para garantizar el apoyo de los socios insatisfechos. Rubén Martínez Dalmau tenía la sartén por el mango puesto que sus escaños son imprescindibles y se ha salido con la suya, incluyendo una vicepresidencia. No es descartable un futuro entendimiento personal entre Puig y Dalmau frente a Oltra, si Dalmau demuestra inteligencia y flexibilidad en el juego ladino de la política. Mónica Oltra ha sufrido porque estaba en la posición más frágil, tuvo que irrumpir con fuerza al comprobar que el pacto se desequilibraba contra Compromís ante la puerilidad de los jóvenes turcos que pretenden desestabilizarla. Como arrancada del proyecto, el papel que vaya a jugar Oltra en los próximos meses parece la incógnita más sugestiva para los analistas. De partida, Puig gana y mejora. En lugar de tener a Oltra como interlocutora única y casi en igualdad jerárquica, ahora cuenta con dos vicepresidentes, luego el peso específico de Oltra merma. Cabe suponer que la líder de Compromís no lo permitirá fácilmente y ahí quizá dé otra lección a los jovencitos coroneles que creen saber más que ella y que otros veteranos como Enric Morera, otro que también se ha salido con la suya.

¿Qué cambios caben esperar del Botànic II si dieramos por buena la máxima de que nunca segundas partes fueron buenas? 1) insisto, sobrevivirán a sus previsibles desacuerdos, la legislatura será larga; 2) darán lugar a no pocas polémicas internas, escandaleras, líos y especulaciones porque más de uno se especializará en echar gasolina al fuego; 3) limitadísima atención y capacidad para la gestión productiva y las reformas dinámicas que necesita la administración pública; 4) Puig se envolverá en la senyera, en un vaporoso patriotismo valenciano y en los sentimientos comunes, ese será su perfil presidencial; 5) los otros tres aliados practicarán una competición de puretas, agitando las aguas de la izquierda a ver cuál es más auténtico en la doctrina y más genuino; 6) habrá que fabricar un enemigo externo y no puede ser el gobierno de Pedro Sánchez, la clásica tensión con Madrid está vez se presenta más complicada y el bueno de Vicent Soler deberá encontrar nuevas palancas para ese victimismo que siempre y en todas partes funciona, y seguir culpando al PP después de tanto tiempo ya carece de fortaleza; 7) la crítica social externa al Consell va a desaparecer de pronto, otra vez observaremos esa tradición tan española de correr en auxilio del vencedor, empezando por los representantes empresariales y otros líderes de opinión (por lo que respecta a este periódico, pueden contar con el compromiso de que permaneceremos en nuestro sitio); y 8) ¿qué pasa con Mata?, el sindic vio frustrado su sueño de entrar en el Consell como pago a los servicios prestados en la legislatura anterior, pero quizá tenga todavía una oportunidad: Puig va a necesitar un conseller que dé la cara y haga de 'malo' frente a los desvaríos de los minoritarios y no tiene a nadie dentro adecuado, por carácter la única que podría ejercerlo es Gabriela Bravo pero políticamente no parecería adecuado.

Pero no terminemos sin dejar escrito una verdad desnuda y demoledora frente a la propaganda política del Botànic. Una verdad tremenda que hoy llevamos a la portada. Frente a lo que vienen diciendo, la Comunitat está siendo incapaz de crear empleo real y auténtico, el empleo que genera la actividad económica y con la que crece la riqueza de un territorio. Las empresas privadas siguen destruyendo empleo y esto debería ser una alerta inmensa que debieran activar las organizaciones empresariales. Los puestos de trabajo que se están generando, muchísimos, son ficticios, son los que crean los políticos a través de las distintas administraciones. O sea, en lugar de orientarse a solventar este agujero, lo están engordando a fuerza de taponarlo con alternativas tóxicas.