TODOS TIENEN PARTE DE CULPA

PEDRO CAMPOS

Me encantan las frases hechas. Cubren todas las facetas de la vida. Una de ellas da nombre a esta sección («A buenas horas, mangas verdes»). Para definir la situación del Valencia podríamos encontrar miles. «Entre todos la mataron y ella sola se murió». Se emplea cuando nadie desea asumir la parte que le corresponde de responsabilidad de algún suceso infausto, en cuyo resultado han contribuido varios factores. No me digan que no refleja la situación que ahoga al centenario club. Desde Singapur han decidido que la fórmula del éxito iniciada con Mateu Alemany en la dirección deportiva tenía que limitarse. Y desde Valencia los responsables técnicos se resisten a asumir su reducción de influencia. ¿Quién se equivoca? Todos. Hay suficientes ejemplos para verificar que la sensibilidad deportiva de Lim es justita. Se echó en las manos de sus amigos y socios (Mendes y Neville) para empujar al Valencia a ser el hazmerreír del fútbol mundial. Y cuando encuentra un gestor que pone sentido común, le limita las funciones. Pero todos tienen que entender que es el dueño. Guste o no. Alguien le ha debido calentar la oreja y ha decidido que la última palabra deportiva será suya. Mateu Alemany ha resuelto tragarse su desazón tras verse cara a cara con el magnate pero a Marcelino le está costando más. Sus quejas son públicas y se amplifican en privado. No para de advertir de que la situación es más grave de lo que parece. Se está parapetando ante lo que puede llegar. El Valencia se adentra nuevamente en la Liga de Campeones y el volumen de partidos con la competición doméstica y la Copa del Rey será altísimo. El técnico considera que se le ha quedado una plantilla exigua, sin el potencial que ansiaba. Sobre todo echa en falta a Rafinha para oxigenar a Parejo y a un delantero de más enjundia que Manu Vallejo. Le ha molestado, sobre todo, la justificación de Lim sobre las dudas físicas del barcelonista para no firmarlo. Marcelino no había recibido hasta el momento ningún pero a sus decisiones. Ha ampliado su equipo hasta casi haber más técnicos que futbolistas y su influencia en los fichajes era total. Pero ha llegado la primera réplica y no lo ha digerido bien. O asume el nuevo statu quo o esto acabará mal. La piel ya está fina y puede sangrar al primer rascón. Lo más sensato es que cuando algo funciona, mejor no tocar nada. Mateu y Marcelino devolvieron al Valencia a la élite con sapiencia en el banquillo y solvencia en el despacho, aunque también hay errores sonados (Sobrino, por ejemplo, o que la dirección deportiva de Mateu y Longoria no tuviera un recambio adecuado por si se iba Rodrigo, como así advirtió el técnico en una rueda de prensa) y Lim estaba más guapo mientras ejercía de relaciones públicas abrazando a Beckham o Cristiano.