Quizá solo había que probarlo

Los pijos, como los llamaba Morera, están de enhorabuena. Si el tenis les ha sabido a poco, ya se trabaja para traerles vela

María José Grimaldo
MARÍA JOSÉ GRIMALDO

Hce unas semanas, en vísperas de acoger Valencia la eliminatoria de cuartos de la Copa Davis, di desde estas líneas la bienvenida al club de los defensores de los grandes eventos al alcalde. Lo hice después de que el Ayuntamiento que dirige Joan Ribó asumiera el gasto del certamen, más de 330.000 euros de dinero público, tras años de críticas y rechazo a estas celebraciones.

Pero jamás pensé, lo confieso, que el entusiasmo de los actuales dirigentes políticos llegaría a tanto. Y digo tanto tras escuchar estos días los balances que del evento han hecho los principales responsables municipales a la espera, ojo, de los resultados definitivos de unos estudios encargados por el propio Ayuntamiento.

«El retorno de la Copa Davis para la ciudad será mucho mayor que el dinero público destinado si se atiende al impacto económico que tuvo una fase previa en Marbella: Diez millones de euros». ¿Qué, qué? «El balance es muy positivo. Los eventos deportivos son una oportunidad única de visibilidad internacional para Valencia que favorece nuestro posicionamiento como destino urbano de primer nivel y fortalecen la actividad económica».

Ya echo en falta lo del mapa. ¿Se acuerdan? Sí, lo de que además sitúan a Valencia en el mapa. Pues estamos a punto, estoy segura.

Y lo estoy porque tampoco pensé jamás que de definir los grandes eventos como grandes saraos para cuatro pijos con derecho de admisión que no han generado riqueza (Enric Morera en Les Corts), pasáramos a postular Valencia para la final de la Davis. Hasta se barajan ya la Feria de Muestras o el velódromo como escenarios. Ni tampoco que se iniciaran a tal velocidad los contactos para albergar en 2019 una eliminatoria del equipo español de la Copa Federación. Y están en marcha.

Me pregunto qué puede haber cambiado en tan poco tiempo. Y, desde luego, no es la Davis. Quizá, sólo había que probarlo. Entiendo que un evento así fascine. Yo no estuve. Esperé hasta última hora pero no salieron entradas populares. ¡Qué cosas!

Pero a mí también me fascinaron algunas de las estampas que recogieron las cámaras. Por ejemplo, ese alcalde con gorro de paja y bandera de España incluida siguiendo en primera fila el torneo. O el derroche de camisas y americanas que observé en los concejales. Vi poco suéter, alguno para no mentir. Y más prendas de vestir, sin embargo, que en lo que llevamos de legislatura. Mi enhorabuena.

También, posados con famosos. ¡Qué contento debió marcharse Piqué! Otras imágenes no me sorprendieron tanto. Por ejemplo, la de Ramón Vilar en el tendido. Él va a la plaza de toros aunque haya tenis. O las de rostros conocidos de la sociedad valenciana. Ellos tampoco han cambiado.

¿Y ahora qué? Pues que los pijos, como los llamaba Morera, están de enhorabuena. Por si el tenis les ha sabido a poco, las administraciones valencianas ya han establecido contactos con los organizadores de la World Race suspendida en Barcelona para traerles vela a Valencia. A diferencia de la Copa América, seguro que esta regata tendrá costes asumibles, beneficios para la ciudad y su economía y, lo más importante, generará empleo en los barrios, que es lo que nos preocupa. ¿O ya no?

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