El Mercado Central y su entorno

El Mercado Central y su entorno
e.l.
JAVIER DOMÍNGUEZ RODRIGO ARQUITECTO

El cap i casal tiene el privilegio de ser depositario de una de las grandes joyas del 'art nouveau' europeo, el Mercado Central. Así lo reconocen los lectores de la revista estadounidense Architectural Digest (AD) catalogándolo como uno de los mejores edificios modernistas de España junto a la Casa Batlló, El Capricho -villa Quijano- de Gaudí o la Casa Lis de Salamanca.

Cierto es que su excelencia edilicia y su singularidad estética, aunando tradición y vanguardia, son incontestables. Cuenta el conjunto con el máximo grado de protección patrimonial como monumento histórico artístico, pero el aplauso unánime del público y la aceptación complaciente de vecinos y usuarios constituyen una recompensa irreemplazable.

Ese favor popular prueba que la construcción envejece bien, adaptándose al desgaste y a los cambios que impone el inexorable paso del tiempo. A ello han contribuido las cuidadas intervenciones de 1987(cubiertas), 1990 (pescadería) y la definitiva rehabilitación integral iniciada en 2004 y finalizada en 2010. Esta última, dirigida por los arquitectos Horacio Fernández del Castillo y Francisco Hidalgo Delgado, conlleva una ambiciosa puesta en valor del monumento, renovándose todas sus instalaciones, resolviendo la accesibilidad y restaurándo con rigor la totalidad de sus fábricas y elementos ornamentales.

Tras la actuación el recinto vuelve a brillar con todo su esplendor, exhibiendo todo su potencial tipológico, su acertada funcionalidad, su riqueza estructural, su luminosa espacialidad, su exuberancia formal, su solidez constructiva, y sobre todo su exquisita y policromada materialidad.

Destaca la recuperación del magnífico sótano conformado por una retícula de bóvedas vaidas sobre arcos rebajados apoyados en pilares de ladrillo de sección circular. Se conecta con el aparcamiento municipal de Ciudad de Brujas, y el acceso peatonal se concibe como sala expositiva mostrando con detalle el extenso muestrario de los pavimentos originales del edificio.

Desde un principio, la imponente planta basilical de más de ocho mil metros cuadrados no tenía fácil su inserción en la escena urbana. Y su ma-cla con la trama del casco antiguo, irrumpe con una geometría oblicua liberando un fragmentado universo perimetral carente de ordenación y jerarquía morfológica.

Recualificar y recomponer funcional, paisajística y ambientalmente ese emblemático entorno, que durante siglos fue el auténtico corazón comercial de la ciudad es una asignatura pendiente que no admite más dilación.

Con el leit motiv de la regeneración urbana en 2017 la Consellería de Territorio convoca un concurso al efecto, que tras un dilatado proceso gana el equipo dirigido por las arquitectos Elisabet Quintana y Blanca Peñín autoras del proyecto presentado con el lema 'Confluencia'. Muchos son los obstáculos que acechan en el camino a la intervención: resolución del recurso contra la adjudicación, trámites burocráticos redundantes, autorizaciones administrativas a menudo contradictorias -patrimonio, movilidad...- disparidad de criterios entre los integrantes del gobierno tripartito...

El Mercado se juega su futuro con ello. Porque su polisémico papel como lugar de culto para los valencianos y singular reclamo turístico se debe al perfecto maridaje del continente arquitectónico con su contenido, un rico puzle de puestos de venta que destaca por la calidad de sus productos autóctonos, esenciales tanto para la fidelización de la clientela como para el éxito y la internacionalización de la cocina tradicional y la gastronomía de la Comunitat.

Lo razonable sería que la reurbanización de la zona aprovechara las sinergias de un potente motor de actividad económica, lúdica, didáctica... como es el mercado, favoreciendo su protagonismo en el exterior a fin de auspiciar el despliegue secuencial de usos y actividades dispares: mercadillos complementarios, talleres, música, danza...

De ahí la importancia de implementar la peatonalización en el marco de una estrategia bioclimática que garantice una mejora sustancial del confort térmico -agua, arbolado...-, acústico -barreras vegetales...- y visual de los nuevos espacios de relación que se creen a modo de gran zoco al aire libre.

Y es que el triunfo o fracaso del diseño de Quintana-Peñín está indisolublemente ligado a lograr o no, el favor y la complicidad ciudadana. Es decir, que los usuarios hagan suya la propuesta y usen un ámbito que perciban atractivo, cómodo, inclusivo y seguro para la convivencia.

Es obvio que la cuestión requiere cierta dosis de pedagogía, pero sobre todo es imprescindible programar la gestión inteligente del nuevo entorno escuchando a los principales agentes implicados.

Esencial es contar con la Asociación de Vendedores del Mercado pues siendo un ejemplo de emprendimiento, cooperación y dinamismo es mucho lo que puede aportar al éxito de la empresa.

Conviene también pensar en la transcendencia mediática del proyecto, que en un mundo globalizado favorece la inmediata comparación con lo que sucede en otras metrópolis, muy dinámicas y con atractivas ofertas culturales y de ocio.

Es pues una buena oportunidad para diferenciarse y marcar distancias con otros mercados como el de San Miguel (Madrid), la Boquería (Barcelona), el Gran Salón (Budapest), Östermalms saluhall (Estocolmo), Borough Market (Londres), Maxwell Food (Singapur)... Valencia tiene la ventaja de contar con la extraordinaria iconografía del enclave y sus soberbias preexistencias como la Lonja de la Seda y la Iglesia de los Santos Juanes. La rehabilitación de ésta por la Fundación Hortensia Herrero supone un estímulo más para transformar el sitio en uno de los principales polos de la regeneración urbana de la capital.