MIS FALLAS EN KENIA

MIS FALLAS EN KENIA
ANTONIO VERGARA

En estos días de recogimiento interior y reflexiones varias -ocasionados por las Fallas y las carpas- hay una tendencia a la evasión onírica. En mi caso una estancia en Kenia, aprovechando una promoción de 'Kenya Travel'. Descubriré su cocina de animales selváticos y asistiré en directo al vadear de los ñus el río Mara. 45 metros de anchura, según el folleto de 'Kenya Travel', y miles de muertos, agredidos por los cocodrilos y ahogados. Todos los años les sucede lo mismo. Y no escarmientan. Como los seres humanos, masificados en los campos de fútbol y en la 'mascletà'.

Venceré mi fobia a la altura (no puedo subir al Miguelete) pero volaré a Kenia, influido por varias películas: 'Las minas del rey Salomón' o 'Hatari'.

La televisión, el instrumento universal que idiotiza todas las conciencias -a mayor número de televisores aumenta la estulticia en progresión geométrica-, también existe en Kenia, y por esta razón hay tantos negritos del Barça (pero sin «derecho a decidir»). Puede que para los nativos el espectáculo no resida en los crepúsculos anaranjados ni en esos monos que cual gatitos domésticos danzan alrededor del turista en la terraza del hotel, sino en los goles de Messi.

Sin embargo, para el hombre blanco europeo (y más en mi caso: doblemente blanco, casi un rostro pálido) la contemplación de los lagos Magadi o Nakuru le compensa de las sandeces televisivas. Y aún le compensaría más -a mí, concretamente- si hubiese aparecido Deborah Kerr lavándose su cabello y dejándolo secar recostada sensualmente, en una roca, al viento y el sol de Kenia como 'En las minas del Rey Salomón'.

Esto no es una reflexión propia de la Semana Fallera, pero me ha salido así, del corazón.

Recuerdo que el ritmo de vida era -no olviden que esto es un sueño- suave y cadencioso, tanto en Nairobi como en Mombasa y Kisumu. Los indígenas caminan mucho por los arcenes terrosos que unen a una población con otra, o que conducen a algunas de las reservas de caza.

La naturaleza (se aproxima la cursilería inherente a los novelistas de nuevo cuño) «se cierne sobre la habitación del hotel, cual veloz guepardo». Muy temprano no es inusitado que manadas de monitos saltarines (de la escuela Mick Jagger) se acomoden en el alféizar de la ventana y despierten al turista imitando los sonidos guturales y estrepitosos que han escuchado en una televisión de Kisumu Nakuru durante un recital de los Rolling Stones. Ni en Kenia se libra uno de estos peritos del estruendo.

Tampoco es inusual que alguna lagartija gigante aparezca en las sábanas o se cuele en la ducha.

Lo peor son los mosquitos, insistentes e inasequibles al picotazo, e inmunes a toda clase de repelentes fabricados por la industria farmacéutica suiza. Cuando un presunto ejemplar de mosca 'tsé-tsé' le pica en el muslo o la pantorrilla a una mujer blanca y turista, le pregunta, aterrorizada, al conductor del autobús, que es naturalmente negro: «Danger?». La respuesta es que no. La peligrosa 'tsé-tsé' de verdad habita en Tanzania.

En el restaurante 'The Carnivore' (Nairobi) se puede comer toda clase de carne autóctona y selvática, aunque, desde hace años, también la crían en granjas y la exportan, congelada. Cocodrilo fileteado (no es ni carne ni pescado: sabor entre el pollo de granja y la rana del marjal de Sueca); o lonchas, a la parrilla, de solomillo de cebra, jirafa o antílope 'Impala'. Carnes rojas, de animales en libertad. Provienen, generalmente, de la reserva Masai Mara, región del Serengueti, donde anualmente emigran los ñús y las cebras para que se los coman los cocodrilos al cruzar el río Mara. Todos los años repiten este sangriento suicidio colectivo.

Un menú degustación de The Carnivore consta de un surtido de carnes. Las ya citadas, más, verbigracia, búfalo, ñú (tierno y suculento cuando es joven), kudu o gemsbok, dos antílopes, el primero, de gran alzada. Animales musculosos y apetecibles. Los sirven muy especiados / condimentados, pero con las salsas aparte.

Estuve en una discoteca solo para negros y pasé desapercibido a causa de mi timidez. Les recomiendo que en Fallas o Semana Santa viajen a Kenia. 'Yambo!'.