HOY HAY CHAMPIONS

KIKE MATEU

El VCF es un tren del terror que va a una velocidad tal que es imposible ver todas las estaciones. Cada día nace con la sensación de no saber qué pasará con Rodrigo antes de que se vaya el sol. Cada mañana sabes que una reunión puede cambiarlo todo. Cada jornada periodística es una incertidumbre permanente en la batalla abierta Singapur vs resto del mundo. Cuando no es Rodrigo es Rafinha, cuando no es Rafinha es Soler y ahora lo de Piccini. Otra bofetada inesperada. Y, por si no fuera suficiente, los noventa minutos que nos deberían hacer olvidar parte de los problemas no hacen más que acrecentar la crisis. Ni juego en Balaídos ni resultado en Mestalla. Un tren sin frenos. Y, claro, ante semejante descarrilamiento global, ha pasado de largo una de las grandes estaciones del trayecto. Esa en la que nos paramos cada mes de agosto con atención informativa, ilusión del aficionado y expectación de los clubes. Hoy el tren del fútbol tiene parada en el sorteo de la Champions. Y casi ni nos hemos enterado. Uno de los grandes momentos -si no el más grande- que cualquier valencianista espera cada verano y que hoy está totalmente deslucido y en un plano secundario. Qué pena. El Valencia es uno de los 32 mejores equipos de Europa otra vez. ¿Se nos ha olvidado? Caminará en Nyon por la pasarela de las estrellas del fútbol con el orgullo de un escudo que todos conocen y muchos temen. Y, lejos de estar ilusionados un años más, los valencianistas viven el verano más asqueante de los últimos años. La gente está harta. Cansada y rabiosa por lo que ocurre. Nadie entiende que Lim tire por tierra un proyecto ganador con decisiones contra natura (variar la ejecutiva de un equipo campeón es absurdo y descabellado). Nadie lo entiende y él tampoco habla. Pocos entienden también la postura del entrenador lanzando dardos cada vez más envenenados. Demasiado beligerante para mi gusto. Creo que tiene toda la razón -y más después de lo demostrado en Valencia- para que su criterio deportivo sea preponderante. Pero, si como es el caso, el máximo accionista no cede ante las peticiones del entrenador, no queda más remedio que aceptar la situación (si quieres seguir) y entrenar con lo que tienes como si tuvieras a Messi, Neymar y CR7 en la plantilla. Quejarte de puertas para dentro (aunque sepas que sin éxito) y hacer bueno lo que tengas. Empecinarse en golpear la pared empieza a parecer una mala solución que solo empeora la, ya de por sí, delicada situación. Es difícil ser hoy Marcelino, la verdad. Y entre pitos de Lim y flautas de Marcelino, están Alemany y Longoria locos por mejorar la plantilla pero con las manos atadas. Me gustaría pensar que todo tiene arreglo y que el futuro es esperanzador pero en estos momentos no puedo.