Hacia una 'Baukultur' de calidad para Valencia

Hacia una 'Baukultur' de calidad para Valencia
J. MONZO
JAVIER DOMÍNGUEZ RODRIGO ARQUITECTO

Uno de los retos del consistorio valenciano, que por fin reinicia su andadura, es mejorar su exiguo nivel de eficacia en la gestión, pues la construcción de un futuro mejor requiere optimizar todos los recursos (tecnológicos, materiales, humanos...) disponibles. Un buen comienzo sería paliar el caos regulatorio vigente, haciendo un esfuerzo por reformar las diferentes normativas con una visión más vanguardista, transversal e integradora. En suma, apostar por un marco legal en el que impere la cordura, la simplificación, la sencillez expositiva y la claridad de aplicación.

Con una legislación sin función previsora y siempre a remolque de los acontecimientos (Airbnb, apartamentos turísticos, bares-terrazas, carsharing, drones, patinetes eléctricos...) no sólo no se resuelven los conflictos sino que, además, se genera un clima de inseguridad jurídica que lastra la inversión privada y la captación de capitales exógenos que ayuden a resolver los problemas.

Carece de lógica continuar responsabilizando a la derecha del fracaso de una visión de la ciudad como galáctica escenografía -America's Cup...- y de concebir su arquitectura no como servicio sino como negocio. Urge superar esa interpretación dual de Valencia asumiendo, de una vez, el reto de hacerla mejor para la mayoría de sus habitantes. De ahí la importancia de realizar un diagnóstico acertado en el que sustentar un sólido proyecto colectivo.

Muchos son los desafíos a los que se enfrenta el cap i casal: dar respuesta a las innumerables asignaturas pendientes (movilidad, fachada al mar, ZAL, reforma de las plazas...), comprometerse con la sostenibilidad priorizando un uso responsable del territorio y la eficiencia energética (edificios de consumo cero...), alcanzar mejoras medioambientales (contaminación de las playas...), combatir las amenazas inherentes al cambio climático...

La mudanza demográfica -envejecimiento vecinal, migración...-, los efectos duraderos de la crisis financiera (paro juvenil,...), el rápido aumento de los flujos turísticos y la internacionalización del mercado inmobiliario... han propiciado la gentrificación generalizada -Ciutat Vella, Ruzafa, Malvarrosa...- desplazando a los residentes, incrementando las desigualdades y reforzando la segregación.

Para avanzar, la capital del Turia debe enmendar los errores del pasado corrigiendo múltiples disfunciones estructurales. Y para transformarse en las próximas décadas, tiene que hacerlo de acuerdo a los principios de la Declaración de Davos, que definen la posición de la Unión Europea reclamando la necesidad de fomentar la cultura del habitar -'Baukultur'-, la calidad del espacio construido, la coherencia territorial, el modelo urbano para la era del conocimiento... Ese es el nuevo mantra de las agendas locales. Porque una 'Baukultur' de alta calidad es un imperativo estratégico esencial para generar valor económico, fortaleciendo la cohesión social, la salud y el bienestar colectivo.

Sin duda, uno de las principales cometidos está en prepararse para hacer frente a los perturbadores efectos del cambio climático: mayor riesgo de desastres naturales -inundaciones, incendios, olas de calor...-, ascenso de los microcontaminantes en el aire, el agua y el suelo... Para ello, resulta crucial reducir drásticamente las emisiones de CO2, la dependencia de los combustibles fósiles, minorar la contaminación lumínica e implementar programas solventes de ahorro energético.

Los nuevos desarrollos urbanísticos -Benimaclet, el Grao, Moreras, Malilla, En Corts, Mestalla, La Fe, el Marítimo...- no deberían continuar alimentando la banalización especulativa de la edificación y tendrían que dotarse de conciencia ambiental, siendo ecosostenibles y energéticamente autosuficientes. El ecobarrio Hammarby Sjöstad, un referente eco-friendly pionero en la gestión del agua y los residuos con sus cubiertas vegetales, microinvernaderos,... clave para el reconocimiento de Estocolmo en 2010 como capital Verde de Europa, podría señalar las pautas a seguir. Su consecución, garantía de un polis levantada para el bien común, es una responsabilidad compartida que requiere un esfuerzo conjunto, generosidad empresarial, cooperación leal entre los actores políticos, procesos de diseño participativos y gobernanza intersectorial con altura de miras.

Es lo que la UE demanda en Davos a las autoridades y administraciones gubernamentales: liderar con su ejemplo la renovación del entorno construido -histórico, contemporáneo...- para alcanzar una 'Baukultur' de alta calidad, centrada en la cultura, la sostenibilidad y la búsqueda del bienestar social.

La mejora en la planificación mediante la incorporación de parámetros medioambientales, la salvaguarda del patrimonio cultural, de los ecosistemas, de los hábitats naturales -el Saler, la huerta,...- y la provisión de espacios verdes, dotacionales y públicos accesibles e inclusivos deberían ser objetivos prioritarios de la acción de gobierno.

En los próximos años Valencia tiene que poner el foco en la regeneración tanto de la ciudad consolidada como del paisaje periurbano definiendo un programa interdisciplinar verde con un enfoque global para la movilidad -transporte, peatonalizaciones,...-, la implantación de energías renovables, la recualificación de la huella ecológica con grandes repoblaciones arbóreas...

Lo deseable sería, dada la magnitud de la empresa, diseñar un proyecto integral de carácter metropolitano de modo que se pudieran racionalizar las inversiones y economizar los costes beneficiando a más del doble de la población. La actual corporación debería implementar cuanto antes una hoja de ruta con medidas e indicadores de progreso mensurables. La calidad de vida de los valencianos y su legado para las generaciones futuras dependen de ello.