LAS ANTÍPODAS, EN CAMPAÑA

Álvaro Mohorte
ÁLVARO MOHORTEValencia

Dos hombres descansan al sol en un espigón del puerto de Vigo. Miran al horizonte en silencio hasta que uno de ellos empieza a hablar, mientras el otro no le hace mucho caso. «Australia. ¡Australia sí que es la leche! ¿Sabes cuántos kilómetros cuadrados tiene Australia? Diez veces esto. ¿Y habitantes? Ni la mitad que aquí. Así, que, calcula, ¿eh? Calcula lo que les toca por cabeza».

«Aquí no salimos a nada. Allí, cuando te jubilas, te dan tu parte... por una ley que hay. Dicen: A ver, tú. Tantos kilómetros de país, entre tantas personas: tanto. No sé... ponle: dos kilómetros cuadrados, tres kilómetros... lo que toque. Y te lo dan. A cada uno, su trozo».

«¿Te imaginas? Toma, pum, lo tuyo. Pa' ti pa' siempre. Y luego tú, ahí, haces lo que te dé la gana hacer. Claro, la gente está de mejor humor... también por el clima. En Australia, el clima está muy bien». Los dos hombre continúan en silencio, mirando al mar. Un rato más tarde, el que habla sigue con su exposición: «Las antípodas. ¿Tú sabes por qué que las llaman las antípodas? Porque significa 'lo contrario'. Antípodas. Anti-podas. Lo-contrario. Lo opuesto que aquí: allí hay curro; aquí, no. Allí estás con mujeres; aquí, no».

Así explicaba (más o menos) su idea de la geografía sociopolítica Santa ('Los lunes al sol', Fernando León de Aranoa, 2002). Filófoso del rencor y la amargura, un casi irreconocible Javier Bardem, encarnaba a alguien orillado por la sociedad que prefería mirar el mundo desde la ribera con un botellín de cerveza. Autodestructivo y soberbio, lúcido y absurdo, deambulaba por una ciudad postindustrial en la que un puñado de gente esperaba a que ocurriera algo, hasta que se cansaba de esperar.

Hoy estamos en campaña y los líderes hablan desde sus atriles, los mítines pasan y el viento arrastra los folletos con la cara sonriente de los candidatos y los 10, los 20 o los 110 puntos claves del programa. La vida no tiene manual de instrucciones, pero cada uno presume de disponer del bálsamo de Fierabrás frente a todos y frente a todo... también en lo que afecta a nuestros bolsillos, enfrentados a una desaceleración en la que nadie parece haberse fijado, unos niveles de paro que siguen sin bajar y unos ajustes de plantilla que van en aumento.

Sin embargo, los partidos no difunden propuestas económicas más que a brochazos y, cuando apuntan alguna que es interesante o que pudiera tener su controversia y debate, las jaurías de los partidos contrarios se lanzan a dar dentelladas para no dejar espacio a la defensa de los planeamientos más que sacando el cuchillo. El salario mínimo, la reforma de las pensiones, la privatización de Bankia... se quedan en tuits de 'fast food' mediática con los que, quienes se encastillan en una postura, no suelen saber ni porqué. Sólo saben que tienen que estar en las antípodas de sus rivales. ¡Y viva Australia!