Las listas de espera asfixian a Sanidad

Tres años de continuos cambios de la conselleria en la gestión del ámbito y de enfrentamientos con empresas privadas derivan en un incremento de las demoras y de pacientes a la espera de pasar por el quirófano

Daniel Guindo
DANIEL GUINDOValencia

Desde agosto de 2016 estoy diagnosticada para ser operada de las dos rodillas, pues sufro unos insoportables dolores, además de tener muy limitada la movilidad. Me operaron una de las articulaciones en junio de 2017 pero, desde entonces, sigo esperando la siguiente intervención, por lo que me he visto obligada a presentar hasta cuatro reclamaciones. Lo único que me responden es que estoy en lista de espera para cirugía protésica, pero todavía no me han dado fecha para la operación». Este caso, como narra la propia afectada, ha motivado la última reclamación que el Síndic de Greuges ha interpuesto ante la Conselleria de Sanidad por las interminables listas de espera existentes para pasar por el quirófano, queja en la que insta al departamento a tratar de revertir una situación que, en más de tres años de mandato, el actual Consell no ha sido capaz de paliar.

En la actualidad, las demoras quirúrgicas suponen uno de los problemas más sangrantes de la sanidad pública valenciana con cerca de 64.000 pacientes a la espera de pasar por el quirófano. Los continuos cambios impulsados por la Conselleria de Sanidad en esta legislatura, especialmente con Carmen Montón a los mandos del departamento, no sólo no han logrado poner coto a esta situación, sino que, desde marzo de 2016 -primer dato disponible con el actual sistema utilizado para contabilizar las listas- la problemática se ha agravado. En estos dos años y medio, la bolsa de pacientes a la espera de intervenciones ha crecido en casi 3.000 personas y las demoras han aumentado seis días hasta los cuatro meses de media (de 115 a 121 días).

Nada más arrancar el mandato de Montón comenzaron los cambios. La contabilidad de los pacientes en espera fue uno de los primeros, puesto que se llegó a argumentar que el anterior Consell ocultaba parte de las cifras puesto que en los listados no aparecían los pacientes a los que se les había propuesto ser derivados a clínicas privadas para acelerar su intervención, independientemente de que hubiesen aceptado o no. Ante esta situación, los nuevos gestores autonómicos actualizaron los listados y, en marzo de 2016, comenzó una doble contabilidad. Con la fórmula del PP había 60.214 pacientes en espera y con la del tripartito la cifra se elevaba ligeramente hasta los 61.099. Por contra, el concepto que se disparaba entre un sistema y otro era la espera media, que pasaba de los 77 días del anterior Ejecutivo a los 115 del actual. Aún así, y pese a este importante repunte, argumentado en un cambio en el sistema para cifrarlo, las esperas han seguido aumentando.

Otro cambio impulsado por el actual Consell en la etapa de Montón está relacionado con la colaboración con la sanidad privada. La anterior consellera no escondió su deseo de impulsar la gestión pública en este ámbito, evitando prolongar la concesión del departamento de salud de La Ribera, con el icónico hospital de Alzira como referente, o aplaudiendo el anuncio del presidente Ximo Puig de adelantar la reversión del de Dénia, que aún sigue en negociaciones. El veto impuesto a la unidad de cirugía cardiaca del Hospital de Manises, también de gestión indirecta, el conflicto por la derivación de pacientes al IVO o el cambio de modelo en la gestión de las resonancias magnéticas, hasta ahora también bajo el modelo de concesión, han supuesto otros roces de la conselleria con el ámbito privado.

Sin embargo, el anuncio de Montón de reducir los planes de choque -derivación de pacientes a clínicas privadas para aligerar las listas de espera- y aumentar los autoconciertos -incentivar con retribuciones extraordinarias que los sanitarios de los hospitales públicos realicen operaciones fuera de su horario habitual- supuso la decisión que más afectó a las demoras asistenciales. Esta apuesta se tradujo en que entre 2015 y 2016 cayó la derivación de pacientes en lista de espera a clínicas privadas en cerca de 1.800 (de 13.367 a 11.606) mientras que los enfermos operados por la tarde o los fines de semana -en el plan de autoconcierto- se incrementaron en menos de un millar (de 14.496 a 15.488). Las listas de espera seguían con sus altibajos habituales por lo que, en 2017, Sanidad se vio obligada a incrementar tanto el número de pacientes derivados a hospitales privados (hasta los 14.226) como los atendidos en el autoconcierto (21.688). Sanidad tampoco consiguió revertir la situación.

Para Rafael Cantó, presidente autonómico de Sanidad del sindicato CSIF, estas medidas «son marches», ya que las listas de espera son un problema estructural de la sanidad pública valenciana «al que no se puede hacer frente con medidas conyunturales». Cantó apunta, por tanto, que la única fórmula factible sería el incremento de plantillas profesionales y la ampliación de quirófanos.

Por su parte, el secretario general del Sindicato Médico CESM, Andrés Cánovas, señala que es difícil resolver el problema puesto que siempre se priman las operaciones más urgentes. Cree que la fórmula del autoconcierto sí es adecuada para tratar de paliar las esperas, pero con unas tarifas adecuadas. El actual modelo impulsado por Sanidad contempla retribuciones que en áreas como traumatología o urología no encuentran la respuesta esperada por parte de las plantillas.

Alicia, en el hospital, el pasado viernes.
Alicia, en el hospital, el pasado viernes. / LP
«Perdí cerca de 30 kilos, me apagaba como una vela»

Ha pasado casi un año para que Alicia haya podido pasar por el quirófano. Desde hace 20 años tiene diagnosticada la enfermedad de Crohn, un proceso inflamatorio crónico del tracto intestinal, que se agravó a finales de 2017. Sin embargo, hasta mayo de este año «no me hicieron nada, en cinco meses adelgacé casi 20 kilos porque apenas comía. Cogí la baja laboral en abril porque ya no podía más, me apagaba como una vela», relata. El tratamiento recibido «no funcionó», por lo que tuvo que esperar hasta finales de junio para recibir nuevas atenciones, que tampoco lograron revertir la situación. «En agosto me puse muy mal y decidieron que me tenía que operar, me llegó la cita en septiembre y me intervinieron el 5 de noviembre», recuerda esta residente en Valencia de 36 años. Esta paciente resalta la gran labor desarrollada por el equipo médico del Hospital de Manises en su caso, pero lamenta las demoras sufridas no sólo en el ámbito quirúrgico, sino también en la realización de pruebas como colonoscopias. «Las demoras son demasiado largas y el agravamiento evidente», apunta. Colgó un vídeo en Facebook contando su caso y recibió más de 20.000 visitas. «Me escribió muchísima gente diciendo que sufría casos parecidos», concluye.

«La situación económica es difícil, tengo hijos y necesito trabajar»

«Los dolores son muy fuertes, pero lo peor es que me echaron del trabajo y hasta que no me opere no voy a poder encontrar otro». Esta es la situación a la que se enfrenta una mujer alicantina que lleva desde septiembre a la espera de una operación de cadera. Sus problemas de salud arrancaron cuando tenía 18 años, cuando sufrió una fisura en la cadera como consecuencia de un accidente con un automóvil, ya que «me atropellaron a los 3 años». Su caso lo empezaron a llevar en el Hospital La Fe de Valencia donde le implantaron una prótesis en la cadera izquierda. Todo salió bien, «con la recuperación volví a hacer vida normal». Pocos años después tuvo que volver a ser operada para cambiar el 'cotillo', la parte de la prótesis que hace de anclaje entre la cadera y la pierna. De nuevo la intervención fue en La Fe y tampoco tuvo ningún inconveniente. Pero ahora, con poco más de 40 años, se ha vuelto a resentir de su lesión. El pasado mes de septiembre sintió un «dolor enorme en la cadera, que me impedía caminar con facilidad». Volvió al Hospital Universitario de Valencia para comprobar de qué se trataba y «me comentaron que la fisura está en la zona de la prótesis, por lo que hay que volver a operar». El diagnóstico se lo dieron a principios de octubre y a día de hoy, esta alicantina todavía no tiene fecha para la operación: «el médico me dijo que iban a apuntar en la lista de espera. De inmediato, pregunté si había mucha gente, me enseñó la lista y me derrumbé», comenta.Durante estos más de dos meses de espera todo ha ido empeorando porque según comenta, los dolores son más fuertes y su movilidad cada vez más reducida. Necesita andador para caminar, «ahora casi no puedo estar de pie, me cuesta incluso hacer la cama u otra tarea doméstica porque me canso y el dolor es insoportable, tanto en la pierna como en la espalda». Su lesión le obligó a pedirse la baja pero, pasado un tiempo, la empresa donde trabajaba le comunicó que iban a prescindir de ella porque la situación se había vuelto insostenible. «El problema es la incertidumbre, no saber cuando me podrán operar, pues cuanto más tiempo pasa, más se complica mi situación económica, tengo dos hijos y necesito trabajar cuanto antes». En el Hospital La Fe le comunicaron que antes de recibir la intervención quirúrgica debe someterse a unas pruebas de anestesia que pueden demorarse hasta los tres meses: «me dijeron que como en diciembre es casi imposible por las fiestas de Navidad, la operación podría atrasarse hasta marzo». Además, reseñó que después tendrá que pasar unos meses de rehabilitación, pero «si todo va bien, podré hacer vida normal». La alicantina asegura no tener queja con el trato recibido por los profesionales médicos, «ha sido perfecto». Lo que le preocupa es el sistema sanitario: «no sé porqué no se prioriza en ciertos casos, se debería tener en cuenta, además de la urgencia médica, la situación personal de cada uno. Sin trabajo no se hasta cuando podré aguantar».

Enrique R.C. 9 meses de espera. Debido a sus problemas de próstata, su doctora solicitó que se sometiera a una ecografía, pero está citado para el 16 de julio de 2019. Ha tenido que hacerse la prueba en una clínica privada. Ante el resultado ha sido derivado al urólogo.
Enrique R.C. 9 meses de espera. Debido a sus problemas de próstata, su doctora solicitó que se sometiera a una ecografía, pero está citado para el 16 de julio de 2019. Ha tenido que hacerse la prueba en una clínica privada. Ante el resultado ha sido derivado al urólogo. / Manuel Molines
«He ahorrado y voy a operarme por la privada, no puedo esperar más»

«Sufro problemas de próstata desde hace un año, aunque los últimos meses se ha agravado y, por las noches, me levanto cuatro o cinco veces de la cama. Estoy perdiendo peso y las fuerzas, mi salud se está deteriorando porque no descanso». Enrique, a sus 81 años, no quiere perder el tiempo. Después de visitar a su médico de cabecera, y analizar su caso, determinó que se trataba de una situación gravé y solicitó para él una ecografía el pasado 18 de octubre. «Sabía que iban a tardar, por lo que opté por acudir a una clínica privada y hacérmela por mi cuenta porque, en cualquier momento, me tienen que poner una sonda». Posteriormente, recibió una citación de la sanidad pública para hacerse esta prueba el 16 de julio del próximo año. «En esta situación, en nueve meses sabe Dios qué puede pasar».Después de analizar los resultados presentados, la doctora de Enrique ya lo ha derivado con el urólogo para que valore una intervención quirúrgica «porque al final el conducto se cierra». Tiene cita con este especialista para el 23 de diciembre pero «vistas las listas de espera no sé cuándo me operarán». Por ello, «he ahorrado y me voy a operar por la privada, porque estoy indignado y no puedo esperar más tiempo», admite este vecino de Valencia.

 

Fotos

Vídeos