Un vecino de Beneixama: «Un guardia vino a detenerme y acabó ayudándonos a apagar el incendio»

La casa que salvaron de las llamas el grupo de vecinos y un guardia civil. / jesús signes
La casa que salvaron de las llamas el grupo de vecinos y un guardia civil. / jesús signes

Una decena de vecinos y un agente del Seprona salvaron de las llamas una casa tras hacer un cortafuegos con azadas y un hacha

JAVIER MARTÍNEZVALENCIA.

La historia se repite en cada incendio forestal. La Guardia Civil acude con urgencia para desalojar las casas y parcelas amenazadas por el fuego y las personas que se encuentran dentro se niegan a abandonar el lugar. Quieren salvar sus propiedades pese al riesgo que corren sus vidas.

Volvió a suceder el lunes por la tarde en Beneixama. Una decena de vecinos y un guardia civil del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de Ibi lograron sofocar una lengua de fuego que estuvo a punto de quemar una casa en la partida del Limbo. Fueron momentos de gran tensión y nerviosismo debido a la cercanía de las llamas y la obcecación del propietario de la vivienda y mecánico del pueblo, Ismael Parra, quien desobedeció a la patrulla de la Guardia Civil que lo había evacuado minutos antes.

El hombre regresó a su parcela para luchar contra el fuego con la ayuda de un trabajador de su taller, su sobrino y varios amigos de su hija. El grupo de voluntarios se organizó como si fuera una brigada forestal y evitó el avance de las llamas tras realizar un cortafuegos junto a la casa. Utilizaron varias azadas, un hacha y sus propias manos para cortar y arrancar los arbustos más grandes. También arrojaron agua con una manguera y palancanas para frenar el fuego antes de que llegaran los bomberos.

«Un guardia vino a detenerme y acabó ayudándonos a apagar el incendio», afirmó Parra. «Quería ponerme las esposas porque no le hacía caso, pero me vio tan desesperado que cogió una azada y se unió a nosotros», añadió el mecánico. Antes de que las llamas rodearan la casa, el hombre sacó toda la ropa que había en las habitaciones, cuatro bombonas de butano, varias baterías, una nevera y otros aparatos eléctricos para amontonar todas las prendas dentro de una piscina vacía. «Fue lo primero que se me ocurrió por si no conseguíamos frenar el fuego», explicó Parra.

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