Congelados por el frío y la incompetencia

Es en situaciones como las vividas en las carreteras o en momentos en los que el precio de la energía se dispara cuando el ciudadano quiere ver que alguien vela por sus derechos y no solo por sus obligaciones

PEDRO LÓPEZ

La ola de frío que desde el martes ha congelado la provincia de Alicante, cubriendo incluso con un espectacular manto blanco las playas de Torrevieja, Orihuela, Dénia y Jávea, no solo ha creado innumerables problemas en localidades que habitualmente no son visitadas por la nieve o por el hielo, también ha puesto de manifiesto la evidente falta de coordinación que existen entre las diferentes administraciones que nos gobiernan. Los políticos responsables de poner en marcha los efectivos de emergencia han exhibido una preocupante ineptitud, todo ello a pesar de que nunca un temporal de frío, nieve, viento y lluvia había sido anunciado con tanta antelación y con tanta exactitud por los expertos. La aptitud y la actitud de los encargados de desplegar los recursos disponibles han expuesto a situaciones límite tanto a los ciudadanos como al personal encargado de ayudarles.

El problema ha sido evidente y muy grave: la incomunicación entre los responsables del Gobierno central, del que dependen las autovías más importantes y las carreteras nacionales, además de efectivos de seguridad como la Guardia Civil y la UME, y los de la Generalitat, que tienen a su cargo una parte de la red viaria más pequeña, pero que se encargan de gestionar el servicio de emergencias 112, entre otros recursos humanos y materiales.

Tanto el jefe delConsell, Ximo Puig, como su vicepresidenta, Mónica Oltra, aseguraron ayer que la Delegación del Gobierno, con Juan Carlos Moragues al frente, no contacto con la Generalitat hasta el jueves a las 23.00 horas. Para entonces, miles de personas y vehículos ya habían pasado la mañana atrapados por la nieve y el hielo en las autovías y carreteras de la provincia de Alicante, casi todas de titularidad estatal, y otras miles se disponían a pasar la noche dentro de sus coches y camiones en la A-3, en la provincia de Valencia, también dependiente de Fomento.

La gestión de la situación ha sido tan deficiente que incluso la Asociación Unificada de la Guardia Civil la ha cuestionado. Es cierto que la climatología es muy caprichosa y que las nevadas han sido esta vez muy copiosas, pero no hay que olvidar que la nieve, salvo la que hizo acto de presencia en las playas alicantinas, ha caído en zonas en las que históricamente los inviernos han sido fríos y blancos. Resulta sorprendente que Ximo Puig e Íñigo de la Serna, ministro de Fomento, no hayan contactado hasta ayer, 24 horas después de que el temporal bloqueara las conexiones entre Madrid y Alicante por carretera y por tren.

Porque a lo sufrido por los conductores en Villena, Font de la Figuera, Alcoy, Buñol, etc, hay que añadir el suplicio de los miles de viajeros que a lo largo de la tarde y noche del jueves intentaron llegar a la provincia en ferrocarril. La gestión de Renfe y de Adif, organismos dependientes igualmente del Ministerio de Fomento, fue igualmente un desastre. Es de agradecer, al menos, el gesto del ministro De la Serna de comparecer para pedir disculpas a todos los afectados por los errores que se han cometido y para agradecer también la labor de los cientos de miembros de los equipos de emergencias y de seguridad que durante los últimos días han trabajado y trabajan en unas condiciones muy duras.

Mientras tanto, la Diputación ha desplegado sus recursos, sin duda más limitados que los de las administraciones central y autonómica, en aquellas zonas a las que no llegan, ni llegarán, los camiones de Fomento o las quitanieves de la Generalitat. Si el Ministerio de Fomento no es capaz de garantizar la circulación en la A-31 o en la A-7 y la Generalitat tampoco se coordina con el Gobierno central, ni tampoco puede mantener despejada la CV-80, autovía de titularidad autonómica, ¿cómo van a estar en condiciones de llevar ni siquiera un vehículo todoterreno a los diminutos pueblos que trufan las comarcas centrales de esta provincia? Los que defienden la supresión de la Diputación deberían plantearse si la Generalitat está en condiciones de asumir todas las competencias que plantea, algo que parece imposible si al menos no llega más financiación delEstado, acudiendo en auxilio de los habitantes de los diminutos municipios que trufan el interior de la provincia.

Habrá que esperar a que el temporal meteorológico amaine en toda la Comunitat, pero es evidente que llegará la tormenta política a colación de lo ocurrido en los últimos días. Los responsables de las administraciones, además de dar explicaciones en Les Corts y en el Congreso de losDiputados, deberían tomar buena nota de lo ocurrido y encontrar una manera de que las diferencias y disputas partidistas no acaben afectando a la seguridad y al bienestar de unos ciudadanos que con sus impuestos se encargan de financiar y mantener el aparato del Estado en sus diferentes niveles. Es en situaciones como las vividas en los últimos días cuando las personas quieren ver que hay alguien velando por sus derechos y no solo por sus obligaciones. Muchos de los que se vieron atrapados por la nieve y por el hielo se quedaron congelados tanto por el frío como por la incompetencia los que debían tomar las decisiones.

Y por si esta semana no tuviéramos bastante con el frío, otro ministro del Gobierno de Mariano Rajoy, en este caso el de Industria, nos recordó que el precio de la electricidad llegará a máximos históricos por una serie de factores que, casualmente, coinciden con las inclemencias meteorológicas: subida del precio de gas, el parón de las centrales nucleares en Francia, la falta de viento y agua para las centrales eólicas e hidroeléctricas y el aumento de la demanda. Es curioso, porque en verano, cuando se dispara también el consumo como consecuencia de las altas temperaturas, los precios también repuntan por los mismos motivos. El clima, ya saben, es muy caprichoso, pero por una vez estaría bien que las olas de frío siberiano llegaran en agosto y las de calor sahariano nos visitaran en enero.

Como las probabilidades de que esto ocurra son nulas, incluso lo más factible es que suceda lo contrario, el Gobierno debería buscar fórmulas para que un recurso de primera necesidad como es la electricidad o el gas no se conviertan en un auténtico lujo que en muchos hogares no se pueden permitir. La pobreza energética es una realidad que viven día a día millones de personas en un país que en verano supera los 40 grados y en invierno se baja de los 0 grados.

Esta escalada de precios de la electricidad, del gas y de los combustibles no afecta solo a los hogares, también lastra a miles de empresas y autónomos que van a ver cómo sus ingresos se encogen cuando en febrero tengan que hacer frente al pago de lo que han consumido para mantener sus negocios en funcionamiento o sus camiones y furgonetas en marcha.

El Gobierno de Rajoy ha anunciado algunas medidas que parecen más parches que soluciones a una escalada de precios que incluso ha llevado a la Fiscalía a abrir una investigación para aclarar si las compañías están aprovechan la coyuntura para encarecer la energía. El Ejecutivo tiene que hacer algo para rescatar a los ciudadanos atrapados por el temporal energético, pero ¿cómo se puede esperar que el Gobierno controle las tarifas energéticas si buena parte de lo que se paga en los recibos de la luz y del gas corresponde a impuestos?