Cristina de Borbón, de la salvación al banquillo

La infanta Cristina. /
La infanta Cristina.

El año judicial de la infanta comenzó con cierto optimismo pero ha terminado con el peor de los escenarios posibles

MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Es cierto que el 2014 no empezó bien para la infanta Cristina, sobre todo con su marido acusado de un alud de delitos que inexorablemente le llevarán a la cárcel. Pero su situación judicial en enero era relativamente confortable. Desde luego, entonces nadie podría imaginarse que la hija del Rey iba a terminar siendo la hermana del jefe del Estado y, sobre todo, que iba a comerse las uvas esperando la fecha en la que sentarse en el banquillo.

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En 2014 todo lo que podía ir mal le ha ido mal a la duquesa. La suerte que había tenido el año anterior le ha abandonado. En 2013, en primavera, se logró salvar por los pelos de declarar como imputada porque la Audiencia Provincial de Palma vetó las intenciones del juez José Castro de que hiciera el temido paseíllo. Sin embargo, entonces aquellos magistrados que le libraban del engorroso trámite sentaron las bases de su ruina judicial en el 2014: cerraron la puerta a acusarla de delitos relacionados con el Instituto Nóos, pero invitaron a Castro a investigarla por los fraudes fiscales cometidos a través de Aizoon, la empresa que comparte con su marido.

El juez recogió el guante y ha dedicado precisamente todo el 2014 a eso, a atacar a la infanta por los delitos fiscales hasta llevarla el pasado 22 de diciembre, horas antes del discurso de Navidad de su hermano, al banquillo.

Los reveses este 2014 para la infanta han sido continuos. Ni una sola buena noticia. Mal empezó el año cuando en febrero Castro volvió a citarla como imputada. Su defensa hizo amago de volver a recurrir la citación, pero la presión social hizo que sus abogados pasaran por el aro y aceptaran el paseíllo de la infanta como mal menor hacia su exculpación (pensaron erróneamente).

Su declaración en febrero no fue bien. Admitió que sabía que su marido usaba Aizoon para canalizar sus ingresos personales y con esa frase empezó a cavar su tumba judicial. Había confesado que conocía el fraude de su esposo.

El 25 de junio su situación complicada se tornó aun más delicada. Castro concluyó la investigación y en su escrito acusó a Cristina de Borbón de colaborar activamente con los delitos fiscales de Iñaki Urdangarin y de blanquear ese dinero ilícito.

Pero cabía recurso. Sus abogados y la Fiscalía (convertida en defensa real) se pusieron manos a la obra en otoño para que la Audiencia Provincial exculpara a su cliente. Pero el tribunal palmesano el 7 de noviembre dio la gran sorpresa y, lejos de salvar a la infanta, confirmó que debía sentarse en el banquillo por dos delitos fiscales (que no el blanqueo) aun con la sola acusación de Manos Limpias y aunque Anticorrupción y Hacienda no le imputaran delito alguno.

Con esa premisa, pocos (casi ninguno) dudaban que el juez José Castro en su auto de apertura de juicio oral iba a incluir el nombre de la hermana del Rey, como así ha sido. El instructor se niega a aplicarle la controvertida doctrina Botín y la sienta en el banquillo acusada de delitos por los que Manos Limpias le pide ocho años de cárcel.

Mal final de año que no vaticina un buen 2015 para Cristina de Borbón. El año que ahora empieza podría ser (si se cumplen las optimista previsiones de la Audiencia de Palma) en el que se convierta en la primera infanta de España en ser juzgada por corrupción. Sus abogados y la Fiscalía seguirán en 2015 dando guerra para que la doctrina Botín le ahorre el juicio, pero si la suerte no le acompaña (como no lo ha hecho en el 2014) el año que empieza podría ser tan aciago como el que termina.

 

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