Felipe VI y la renovación de la Corona

Felipe VI y la reina Letizia se besan en el balcón del Palacio Real. /
Felipe VI y la reina Letizia se besan en el balcón del Palacio Real.

El día de su proclamación, el Rey defendió la necesidad de "velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente"

PAULA DE LAS HERASMadrid

Si el escenario hubiera sido otro, Juan Carlos I habría seguido, casi con toda seguridad, la estela de sus antecesores y habría ocupado el trono hasta el final de sus días, pero no fue así. El 2 de junio, cogió a casi toda España por sorpresa al anunciar su intención de abdicar. El Monarca había entrado en 2014 con una imagen terriblemente desgastada por asuntos tan espinosos como el caso Noós, su inoportuna cacería en Botsuana, su «entrañable amiga» Corinna zu Sayn-Wittgenstein o la herencia que le dejó don Juan en cuentas suizas; con un estado de salud delicado, tras ser sometido a ocho operaciones en tan sólo tres años, y escrutado por una sociedad que, a golpe de crisis, ha desarrollado un elevadísimo grado de intolerancia hacia todo lo que suene a abuso y privilegio. Eso es lo que heredó Felipe VI el 19 de junio de este año cuando asumió la Jefatura del Estado. Y lo que ha tratado de revertir en sus escasos seis meses de reinado.

En su discurso de proclamación ante las Cortes Generales, don Felipe dio muestras de ser consciente de la realidad a la que tendría que hacer frente. «La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente», dijo. Un mes y diez días después, se comprometió a someter las cuentas de la Corona al estudio de la Intervención General del Estado y a aprobar un código de conducta para los trabajadores de la Zarzuela y un régimen jurídico sobre los regalos -ya nadie podrá aceptar regalos como el yate Fortuna que don Juan Carlos recibió de un grupo de empresarios baleares, o Ferraris como el primer ministro de Emiratos Árabes y jeque de Dubai, Mohamed bin Rashid Al Maktum- y prohibió los miembros de la Familia Real trabajar para empresas o tener negocios privados, una medida que sólo les afecta a él, la Reina, a don Juan Carlos y doña Sofía, porque la Princesa de Asturias y la infanta Sofía son menores.

Esos gestos, unidos al distanciamiento explícito respecto a la infanta Cristina, le han permitido, según indican algunas encuestas, recuperar la imagen de la institución. Pero la promesa del Rey de ofrecer «una Monarquía renovada para un tiempo nuevo» va más allá. En el día a día ha habido cambios simbólicos, como que en las juras de altos cargos sean estos quienes decidan si lo hacen o no ante un crucifijo o la eliminación de la fórmula «que Dios guarde» que solía ponerse a continuación del protocolario «Su Majestad el Rey» en las invitaciones a actos oficiales. Su primer encuentro tras la proclamación fue con asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo. El segundo, una recepción en el Palacio de El Pardo a 350 representantes de organizaciones sociales, entre las que, por primera vez hubo colectivos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.

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En la Zarzuela, en todo caso, saben que aún queda mucho camino por recorrer y tantean el terreno con enorme cuidado, sobre todo, en lo que se refiere a asuntos delicados de naturaleza política. La Constitución establece que Jefe del Estado «arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones» y en un momento de enorme volatilidad y cambios profundos como el actual, ese equilibrio en manos de quien reina pero no gobierna sólo puede ser sutil. Así han sido sus discursos sobre y en Cataluña, sumida en el debate sobre la independencia. En su primera visita, el 26 de junio, ya subrayó que sus visitas a esa comunidad autónoma tenían por finalidad «hacer más presente a la Corona en esta tierra», y «transmitir mensajes de respeto, entendimiento y convivencia». El pasado día 12, durante el acto de entrega de las Medallas de Honor y los Premios Carlos Ferrer Salat, ante el presidente de la Generalitat, Artur Mas, fue más explicito: «No podemos permitirnos la división, el mundo camina hacia la integración».

 

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