Las Provincias

Filólogo en burro

Sucedió en los años cincuenta, cuando era adjunto en la Universidad de Granada, antes de ganar la cátedra de instituto. Estaba trabajando junto a Manuel Alvar y Antonio Llorente en el 'Atlas Lingüístico de Andalucía' y tenían que visitar 300 localidades de esa región recogiendo palabras y usos de las mismas. «Era una tarea dura y complicada en aquellos tiempos dudosos. Lo primero cuando llegábamos a un pueblo era visitar al alcalde para contarle lo que estábamos haciendo, y que no pensara lo que no era». En cada lugar estaban no menos de tres días, porque debían buscar al 'informante', hacerle la encuesta que llevaban preparada, confirmar los datos, etc.

Pero el principal problema era llegar hasta muchos de esos núcleos rurales. «Había pueblos completamente aislados, sin transporte público ni carretera para poder ir en coche», recuerda Gregorio Salvador. Uno de esos pueblos, nunca lo olvidará, era Gafarillos, en Almería. «Preguntamos cómo se podía llegar hasta allí, y nos dijeron que la única posibilidad era ir hasta Sorbas un jueves, cuando había mercado, porque solía bajar un aldeano a vender sus productos. Y él podía llevarme hasta Gafarillos». Así fue. Allí estaba el aldeano. Convencerlo de que necesitaba ir hasta Gafarillos no resultó fácil -cómo explicarle que estaban haciendo un atlas lingüístico a quien más que probablemente era analfabeto-, pero lo peor vino luego: un camino de cuatro horas por la serranía a lomos de un pollino. Quién dijo que el trabajo de filólogo era lo más opuesto a una aventura.