Las Provincias

El PSOE andaluz traslada su inquietud al PSPV tras la cumbre con Cataluña

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. :: EFE/Julio Muñoz
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. :: EFE/Julio Muñoz
  • El tuit de Pedro Sánchez en apoyo a Puig desconcierta a los de Susana Díaz y su responsable de Organización contacta con Alfred Boix

Una reunión entre dos presidentes autonómicos puede ser más o menos trascendental. Si el encuentro se produce después de que las relaciones entre las dos regiones no hayan sido especialmente fluidas, la cita pasa a ser más sustancial. Y si además se cruzan por el medio el proceso independentista catalán y la situación del PSOE, el cóctel pasa a ser explosivo.

Los ecos de la cumbre que mantuvieron el pasado lunes Ximo Puig y Carles Puigdemont en el Palau de la Generalitat no se acabaron con el regreso a Barcelona del presidente catalán. Tampoco con la muy positiva valoración que hizo del mismo, un día después, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. «Quan la política i el diàleg s'obren camí, surten iniciatives com la liderada per Ximo Puig per reconstruir les relacions amb Cataluña», dijo el martes.

La resaca de la reunión entre los Ejecutivos valenciano y catalán llegó también hasta el sur de España. Y en concreto a Sevilla. El secretario de Organización del PSOE andaluz, Juan María Cornejo, se puso en contacto con el vicesecretario de Organización de los socialistas valencianos, Alfred Boix. Las llamadas del que está considerado como la mano derecha de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, fueron consideradas el miércoles como la mejor expresión de la inquietud que habría generado en la baronesa socialista la cumbre de Puig con Puigdemont. Y en especial, del reconocimiento que Pedro Sánchez hizo de la iniciativa del presidente valenciano.

Las fuentes del PSPV consultadas por este diario señalaron el miércoles que en el seno del socialismo andaluz -considerado como la principal referencia crítica con el líderazgo de Sánchez al frente del PSOE- se habría contemplado con escepticismo la reunión del lunes. Aunque se trata de dos presidentes autonómicos que lideran regiones vecinas, la tensión política que genera Puigdemont con el proceso independentista se encuentra obviamente en las antípodas del discurso político de Díaz. «Es una de sus líneas rojas», comentó el miércoles un veterano dirigente socialista. La reunión con el presidente valenciano, tal y como informó este diario, permitió dar oxígeno a un líder político cuya iniciativa más reconocible pasa por poner en marcha un proceso de desconexión con España.

Que Puig aceptara jugar ese papel llamó la atención en la capital sevillana. Pero que además Pedro Sánchez la pusiera en valor confirmó la inquietud de los socialistas andaluces. La opción de recurrir a los independentistas para tratar de formar gobierno forma parte de una de las hojas de ruta sobre la que trabaja el líder del PSOE para intentar un último asalto a la Moncloa. Con su reunión, Puig puso a tiro el diálogo con la antigua Convergència. El presidente valenciano, uno de los barones socialistas que ha sostenido posiciones críticas con las opciones de Sánchez de formar gobierno, difícilmente podrá criticar ya a Ferraz en el caso de que la dirección federal busque un acuerdo con formaciones independentistas. Y el PSOE andaluz representa el ala del partido que con más claridad ha defendido posiciones radicalmente contrarias a procesos separatistas.

Las fuentes del PSPV consultadas por este diario consideraron el miércoles que el elogio de Sánchez as Puig fue sincero, y que el líder federal del PSOE apreció la iniciativa política del presidente valenciano por lo que tiene de mecanismo para salvar diferencias y porque refleja que no hay distancias insalvables cuando se utilizan el diálogo y la política.

Otras fuentes, en cambio, admitieron su sorpresa por el hecho de que Puig hubiera protagonizado una cita de este tipo, que obviamente sentaría mal en su teórica aliada interna, la presidenta andaluza. De hecho, estos dirigentes remarcaron que algunas de las posiciones políticas del presidente valenciano se han visto condicionadas por la presión de la baronesa andaluza. Entre ellas, se reseñó, la reivindicación de la deuda histórica.

Estas mismas fuentes indicaron que pese a que Puig inició su mandato con una defensa férrea de la necesidad de que el Ejecutivo central atendiera la diferencia entre lo que había abonado a la Comunitat por la financiación autonómica y lo que le habría correspondido de recibir lo mismo que la media, la reivindicación habría pasado ya a un segundo plano, y se habría convertido ya en poco menos que en un recurso sin mayor intención política.