Valencia, una gran 'estufa' urbana

La temperatura llega a variar hasta seis grados entre el centro y la periferia

J. A. MARRAHÍ Valencia

Los poco más de 15 kilómetros que separan la Universitat Politècnica del aeropuerto de Manises han marcado, en los últimos días, una llamativa diferencia de hasta seis grados en las mínimas nocturnas. El fenómeno lo perciben, especialmente, quienes se desplazan de la ciudad a pueblos o barrios ligeramente alejados. También aquellos que viajan de madrugada en coche atentos al termómetro de su vehículo.

Es lo que los climatólogos denominan «isla de calor» de las grandes ciudades, un efecto que las convierte en masivas 'estufas' capaces de elevar la temperatura a la intemperie de manera muy significativa en las noches de épocas frías.

DIFERENCIA TÉRMICA

7,1 grados de mínima marcó el pasado miércoles el observatorio meteorológico de la Politècnica, en el Camí de Vera, cerca del mar
Mientras, el de Viveros registró 6,7 grados. En el aeropuerto de Manises, ya en zona libre de edificaciones, se llegó a 1,3 grados.

José Ángel Nuñez, responsable de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología en la Comunitat (AEMET), lo explica así: «Lo que favorece que la temperatura de la ciudad sea más elevada que la de la huerta del área metropolitana a distancias parecidas es, fundamentalmente, la radiación de calor de origen antrópico». Ese masivo 'calefactor' urbano que es Valencia funciona por la presencia conjunta de «edificios, industria o tráfico», según detalla el experto.

A medida que pasan los años y crece la ciudad los termómetros marcan valores más altos de noche

Segundo factor clave: el mar. «Suponiendo que donde está Valencia no hubiese ciudad, también habría un gradiente térmico en las noches de invierno con viento en calma entre la playa y el oeste del área metropolitana». Las temperaturas serían más bajas lejos de la costa que junto al litoral. Según Núñez, el mar es un gigantesco «termorregulador». En sus inmediaciones, el mercurio no baja tanto por la noche.

Durante el día sucede justo al revés. La temperatura es inferior a mediodía en las playas que en zonas alejadas. En definitiva, «la diferencia de temperatura entre noche y día es muy superior lejos que cerca del mar». Y hay un tercer elemento que también influye: «el distinto contenido de humedad en la huerta respecto a la ciudad», lo que favorece «enfriamientos distintos», revela el climatólogo.

Es precisamente en estos días cuando se da la situación atmosférica más favorable para percibir ese enorme poder térmico de la ciudad en sí misma. Su efecto, resalta Núñez, se agudiza «en horas nocturnas de invierno, cuando la radiación solar es mínima por el día y máxima la irradiación nocturna, en situación de estabilidad atmosférica, con cielos despejados y vientos débiles».

Menos noches frías

La alianza entre calentamiento global y el efecto de isla de calor en Valencia tiene consecuencias palpables con el paso del tiempo: noches cada vez menos gélidas en la urbe. El miércoles, el observatorio de Valencia, situado en Viveros, registró, por segundo día consecutivo, una mínima inferior a 7 grados. «Hace décadas era mucho más frecuente alcanzar estas temperaturas a estas alturas del otoño», explica Núñez.

La agencia meteorológica ha realizado un análisis que mide la cantidad de días con temperaturas inferiores a 7 grados de mínima en la ciudad de Valencia desde 1940 en esta época de la estación otoñal. El resultado es revelador. Muestra cómo, a medida que pasan los años y la ciudad crece en tamaño, el mercurio nocturno tiende a encoger de manera considerable.

En la década de los 40, cuando el número de edificios e industrias era muy inferior y el observatorio meteorológico de Valencia estaba casi en la huerta, se contabilizaban 86 noches frías, bajo los parámetros descritos, entre octubre y la primera quincena de noviembre. En la década de los noventa, sólo hubo cinco noches en las que el termómetro marcó registros inferiores a los 7 grados en esta época. Entre 2010 y 2017, únicamente se contabilizan tres jornadas con mínimas así de bajas.

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