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WALDO, EL CROMO MÁS BUSCADO

Anuncio de homenaje.  Publicación ilustrada con una foto de Finezas, en la que Waldo se impone a Betancort en un Valencia-Real Madrid. / lp
Anuncio de homenaje. Publicación ilustrada con una foto de Finezas, en la que Waldo se impone a Betancort en un Valencia-Real Madrid. / lp

El Valencia anunció en un par de ocasiones un partido de homenaje en honor del legendario jugador brasileño, pero nunca llegó a celebrarse

PACO LLORET

Su cromo cotizaba muy alto, era el más buscado para completar la página del Valencia. Después de ganar el trofeo al máximo goleador de la Liga 66-67, Waldo adquirió la vitola de ídolo. Varios motivos hicieron del brasileño un jugador especial y muy querido por la parroquia de Mestalla: su origen brasileño, la condición de goleador y la particularidad de un nombre de guerra que lo distinguía del resto. Para un niño de entonces, propenso a la imaginación y a crear sus dioses particulares, Waldo ostentaba un lugar privilegiado. Verlo en acción, en aquel campo de gradas de mampostería y de sillas de madera en tribuna, constituyó un privilegio; su físico poderoso, su potencia en el disparo y su clase a la hora de rematar lo encumbraron al Olimpo. Si las cosas no iban bien, siempre se esperaba su gol, la afición lo consideraba el redentor: «ara el negre ficarà un gol, ja voràs», dicho con cariño y admiración y sin ninguna connotación racista. Waldo fue siempre el 'negre'.

Si no hubiera fichado por el Valencia habría acudido al Mundial de Chile en el 62 con la selección de su país que acabó campeona, pese a la lesión de su gran estrella: Pelé. Si hubiera permanecido en el Fluminense habría competido por ser el máximo goleador de todos los tiempos en Brasil, de hecho, ostenta el registro de la mejor media realizadora por goles conseguidos en proporción a los encuentros disputados. No tardó mucho en demostrar sus cualidades, dos goles al Real Oviedo en su primer partido liguero en Mestalla y otros tantos al Nottingham Forest en el debut valencianista en la Copa de Ferias.

Esa campaña Waldo dejó una actuación monumental para la posteridad, en el encuentro ante el Barcelona, en la jornada 13 de la Liga. El delantero brasileño logró cuatro goles, dos en cada tiempo, y se erigió en la gran figura del partido, para desesperación de Pesudo, el portero del Barça, que visitaba por primera vez Mestalla después de haber pertenecido al Valencia. El choque acabó con un triunfo aplastante de los locales por 6-2, resultado que se repetiría meses después, cuando ambos conjuntos se midieron en el partido de ida de la final de la Copa de Ferias.

Pero hay más, en esa campaña, su primera, Waldo fue el único jugador valencianista que participó como titular en todos los partidos del campeonato. A ese impactante registro se añade el de convertirse en el goleador del equipo. No podía entrar con mejor pie quién ha acabado por ser el segundo máximo realizador de la historia y sigue, todavía, siendo el mejor artillero en competiciones europeas. Palabras mayores. Sin embargo en su brillante hoja de servicios se echa en falta el partido homenaje que se le prometió y que nunca se celebró por un cúmulo de circunstancias adversas. Su baja, junto a la de su inseparable Vicente Guillot, generó una polémica que coincidió con la llegada al club de Alfredo di Stéfano. Ambos delanteros abandonaron la entidad decepcionados por el hecho y las formas.

El Valencia llegó a anunciar la celebración de un partido en homenaje al brasileño en un par de ocasiones a través de los programas oficiales que distribuía en cada partido. En uno de ellos, con motivo del duelo de la Copa de Europa ante Ujpest Dosza húngaro en noviembre de 1971, se anunciaba, sin especificar una fecha, la celebración del encuentro que nunca se hizo realidad. Por desgracia, el fallecimiento de Vicente Peris, pocos meses después, echó por tierra la iniciativa y el paso del tiempo la terminó por borrar de forma definitiva. Esa deuda ha quedado compensada en sus últimos años de vida con el soporte incondicional prestado por la Asociación de Futbolistas del Valencia CF.

Las estadísticas expresan con elocuencia la dimensión de su figura, el peso específico de Waldo en la historia centenaria de la entidad, pero por encima de los números y los récords, queda el legado humano de un jugador humilde y sencillo que todavía se sorprendía cuando alguien lo saludaba por la calle y le mostraba su admiración muchos años después de haber colgado las botas. Waldo fue un ícono del valencianismo de los años 60, el primer jugador en aparecer en un anuncio televisivo de una empresa de coñacs muy popular en los campo de fútbol y que acuñó un lema publicitario impensable hoy en día: «Es cosa de hombres».

Entre las múltiples gestas de Waldo destacan dos, una en Mestalla, cuando batió por tres veces la portería del Granada en la Liga 66-67, la de su Pichichi. Uno de los tres goles permanece en la memoria de los presentes: cuando el portero visitante iba a sacar de portería, el ariete brasileño le robó la pelota de forma pícara y lo batió sin oposición. Pero Waldo siempre evocaba su gol en Sarriá, el del célebre 4-5, como el favorito, cuando en los últimos minutos batió a Bertomeu que decidió no poner la barrera a una falta situada a 35 metros. El balón entró por la escuadra y el Valencia culminó una remontada inaudita: levantar un 4-1 adverso al descanso pese a jugar con un hombre menos. Waldo puso la guinda a la memorable gesta.