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La venta del viejo Mestalla se enfría por no llegar al precio deseado

La puerta de autoridades y vips del viejo Mestalla. /Jesús Signes
La puerta de autoridades y vips del viejo Mestalla. / Jesús Signes

Deloitte ultima la parte final del proceso de selección pero el problema para el Valencia es que ninguna de las ofertas alcanza ni de lejos los 120 millones que se había calculado ingresar

H. E. / C. V.

El Valencia pretendía coronar el centenario con un anuncio sobre el conflicto que se vive desde hace diez años con el nuevo Mestalla. Para marzo estaba previsto en un principio que el club, de la mano de Deloitte, pudiera dar ya alguna pincelada definitiva para resolver de una vez por todas el callejón sin salida en el que se metió con la no venta del viejo Mestalla y la paralización de las obras del nuevo estadio. Pues bien, al parecer la cosa se ha enfriado de tal manera que se podría incluso apuntar a que la ficha ha vuelto a la casilla de salida. Y todo, porque tras un proceso de exhaustiva selección que ha hecho la firma auditora, las propuestas que han llegado a la fase final por así decirlo, no colman ni de lejos las aspiraciones económicas que ha establecido el Valencia como suelo para proceder a la venta del viejo estadio.

Por la parcela del actual Mestalla la pretensión era obtener una cantidad que podría rondar los 120 millones de euros, suma que de inmediato se destinaría a reactivar las obras del nuevo recinto, paradas por falta de dinero desde febrero de 2009. Según algunas informaciones a las que ha podido tener acceso este periódico, Deloitte había ido descartando por diferentes conceptos a un buen puñado de empresas urbanísticas, cuyas intenciones no satisfacían los mínimos establecidos. A la fase final de ese proceso han podido llegar tres candidatas, pero ninguna de las tres, con diferentes características en cuanto a sus propuestas, alcanzaban ni los cien millones de euros. Es más, se apunta a que las cantidades podrían circular desde los 70 a los 85 millones de euros. La versión del Valencia es que no se ha tomado por el momento ninguna decisión al respecto.

Con Bankia también muy atenta a todos los movimientos que se están realizando, hay que tener en cuenta que el Valencia necesita ingresar el máximo para, de manera inmediata, acelerar el proceso de la reconstrucción del recinto de la avenida de les Corts. Además, tampoco hay que perder de vista la deuda que el club mantiene todavía con la entidad financiera (por eso están hipotecados los terrenos).

El Valencia, al respecto de este tema de la compra-venta de las parcelas, siempre ha tenido una posición muy oscilante. Vicente Soriano, en su momento, pecó de excesivo optimismo ante la Junta de Accionistas y todo el entramado se le vino después abajo. Con el cambio accionarial, a Peter Lim no le quedó otro remedio que anunciar también en la asamblea -fue Layhoon el que lo verbalizó- que no había dinero para reiniciar las obras y que todo quedaba en suspenso hasta lograr financiación.

En esta última etapa, Mateo Alemany ha sido el que ha ido dando con cuentagotas los avances que se han producido. Hace algo menos de un año, en mayo concretamente, el Valencia llegó a un acuerdo con Deloitte porque estaba prácticamente contra las cuerdas y el tiempo juega en su contra. De gestionarlo por su cuenta, el club tuvo que recurrir a una poderosa empresa con reconocido prestigio internacional -a cambio de un buen contrato- para que fuera ésta la que buscara comprador y la posterior solución para el nuevo estadio.

Aunque el accionista siempre ha tenido ciertos recelos sobre el verdadero interés de Peter Lim en resolver de una vez por todas este problema -heredado de unos a otros desde Juan Soler-, a finales de octubre pasado, el director general del Valencia, Mateo Alemany, repartía optimismo cuando llegó a cifrar en «veinticinco o veintiséis» los interesados, aunque advertía ya que eso no quería decir que «luego se correspondiera con un número de propuestas finales».

Lo que siempre ha tenido claro el Valencia, y eso algo en lo que Alemany ha repetido una y otra vez, incluso ante los mismos accionistas, es que el club siempre liga la venta del solar a las obras. La percepción que trasladó Deloitte al Valencia es que el mercado inmobiliario estaba cambiando y el panorama ya no era tan oscuro como en la reciente crisis. Eso animó al Valencia, que sabe que desde el Ayuntamiento se mira con detenimiento toda esta situación ya que hay firmados unos plazos que el club debe cumplir.

Y en ese último aspecto precisamente no va tan sobrado el Valencia. Las modificaciones que ha hecho el arquitecto para reducir costes están siempre sujetas a cumplir los plazos que marca la ATE. El estadio de Cortes Valencianas debe estar acabado en mayo de 2021 y el viejo Mestalla derribado en 2023.

Alemany ha repetido también que el Valencia está dentro de los plazos. Aunque habrá que ver qué pasa después de las elecciones, Joan Ribó ha mantenido una postura de cierta comprensión con el club.

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