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Un autobús para miles de personas

El autobús del Valencia, en su llegada ayer a Mestalla. /Manuel Molines
El autobús del Valencia, en su llegada ayer a Mestalla. / Manuel Molines

Los aficionados abarrotan las calles de Valencia para seguir el trayecto de los jugadores | Paulista lleva la Copa casi todo el recorrido y la plantilla se da un baño de masas por la ciudad en el camino del aeropuerto a Mestalla

José Molins
JOSÉ MOLINS

«Ya viene, por ahí se ve», era la frase más repetida por todos los aficionados cuando lograban divisar a lo lejos la silueta del autobús del Valencia. Fue un auténtico baño de masas, éxtasis absoluto lo que se vivió ayer por la tarde por toda la ciudad. Decenas de miles de personas abarrotaron las calles por las que transcurría el recorrido del bus descapotable, en el que los futbolistas llevaban la Copa del Rey, tras vencer al FC Barcelona por 1-2.

Fueron casi dos horas de trayecto en autobús, negro, descubierto y con la leyenda 'Campeones de Copa 2019'. A las 17:26 horas la plantilla valencianista subió al vehículo en el aeropuerto de Manises y desde allí inició su trayecto, que finalizaría a las 19:14 al llegar al estadio de Mestalla. Durante todo ese tiempo la fiesta fue histórica. Había gente en cada tramo. Ni dos metros libres en todo el recorrido.

«Sí, sí, sí, la Copa ya está aquí», cantaban los seguidores cuando el autobús ya estaba muy próximo a ellos, para seguir con un «campeones, campeones», y la algarabía total cuando el bus pasaba, con los jugadores fuera de sí, arengándoles. Gabriel Paulista fue uno de los grandes protagonistas, ya que apenas soltó la Copa en todo momento. Las dos horas. Incluso entró a Mestalla cogiéndola por las asas. Se situó en primera fila y no paraba de hacer gestos enérgicos a los aficionados para celebrar el momento, lo que motivaba el éxtasis de los aficionados. A su lado Rodrigo, Guedes, Jaume, Gayà, Diakhaby, Kondogbia... así pasando por toda la plantilla. Al final del bus iba el presidente, Anil Murthy, de espaldas, disfrutando del espectáculo.

Ya desde antes de las 17 horas la gente empezaba a situarse en puntos estratégicos del recorrido, como la avenida del Cid o la plaza de España. Eran los primeros en llegar, pero conforme el vehículo iba avanzando el recorrido, el aspecto de las calles fue espectacular. La entrada a Valencia imponía, con miles de personas en los lados de la avenida. Aunque este año no había pasarelas desde donde tener una vista privilegiada del autobús, los aficionados disfrutaron de igual forma. Con los ojos llenos de ilusión, esa que estaba guardada once años en un cajón y que el sábado al fin salió a relucir por todo lo alto. Familias enteras, muchos niños y jóvenes, para los que era su primer título y su primera celebración.

Miles de coches y motos hacían de avanzadilla, siempre tocando el claxon, que era jaleado por los seguidores en las calles, mientras ondeaban las bufandas y las banderas. Se hacía larga la espera, el bus iba lento porque la aglomeración de gente impedía cumplir con los horarios previstos, ya que tenía que ir más lento por seguridad.

Un helicóptero de la policía sobrevolaba en todo momento el recorrido del autobús, así que significaba una señal de que la Copa estaba cerca. El dispositivo policial, cuando ya se divisaba a los futbolistas en el bus, obligaba a que la gente no se pusiera en medio de la calle, y dejaba un pasillo de seguridad para que pudiera pasar el vehículo.

El bus descapotable no recorría Valencia para celebrar un título del equipo desde 2004

Miles de móviles en lo alto, grabando para inmortalizar la escena y hacer fotos. Una diferencia clara con la anterior celebración, la de 2004, cuando la moda de los selfies no existía y los teléfonos no estaban equipados con cámara. Pasada ya la avenida del Cid, la plaza de España también estaba llena de gente para festejar el título con la plantilla.

De ahí el autobús siguió por San Vicente hasta la calle Guillem de Castro, donde continuó el baño de masas a su paso por las Torres de Quart, y en Blanquerías por las de Serranos, bordeando el cauce del río por el paseo Ciudadela. En el puente de las Flores también aguardaban cientos de personas para ver cómo el autobús cruzaba el río, enfilando ya el camino a Mestalla, donde iba a ser el fin de fiesta. Quince años después el autobús descapotable volvía a hacer el paseíllo por Valencia, y la ciudad entera se volcó.

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