La lenta resurreción del monte

Fue el pueblo más dañado por el fuego de Cortes. El matorral cubre sus estribaciones, pero el arbolado no se ha regenerado./
Fue el pueblo más dañado por el fuego de Cortes. El matorral cubre sus estribaciones, pero el arbolado no se ha regenerado.

El matorral cubre la zona quemada pero los nuevos pinos no llegan a medio metro

JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

El paisaje frondoso y rico destruido por los grandes incendios es, hasta la fecha, sólo un recuerdo en la memoria de los vecinos afectados. Los informes medioambientales de la Generalitat muestran que el matorral ya se extiende por la mayor parte del terreno quemado, a pesar de los años de sequía. Sin embargo, las pinadas renacen de manera irregular con nuevos ejemplares que no alcanzan el medio metro. Algunas especies han desaparecido y el terreno no hace aconsejable, de momento, una reforestación a gran escala.

El 91% del suelo por el que avanzó el incendio de Cortes ya se había quemado 20 años atrás. A ello se sumó la sequía que ha golpeado la Comunitat hasta mayo de este año. Según los análisis de Medio Ambiente, "la regeneración del pinar maduro está siendo muy alta, con densidades de hasta 75.000 pimpollos por hectárea". Eso sí, su altura no alcanza el medio metro, con lo que el efecto paisajístico es todavía nulo. Este crecimiento esperanzador contrasta con "rodales de pinar más ralo donde la regeneración es menor, con densidades que no superan los 200 pimpollos".

Tres años y medio después del desastre, los pinos quemados siguen cayendo. Los técnicos de Medio Ambiente estiman que se han desplomado el 80% y el resto caerá en los próximos meses. El matorral ocupaba un 44% de la superficie del incendio. Coscoja, lentisco, enebro, espino negro... Pese a al falta de lluvias, ha rebrotado con fuerza y eso deja un tapiz verde donde antes sólo había piedra y tierra ennegrecida. "En la actualidad el porcentaje de suelo desnudo es bajo y no se detectan procesos erosivos serios", apuntan los expertos de la conselleria.

En Andilla y en los ocho pueblos por los que avanzó el otro incendio predominaba el pino carrasco y la carrasca. También aquí, la regeneración de pinares jóvenes está siendo "irregular". Especies como la sabina negral, la sabina rastrera y el pino laricio "verán muy reducida su presencia, llegando a desaparecer en algunas zonas", advierten los técnicos autonómicos.

Las intervenciones tras el desastre se han ceñido a la extracción de madera quemada, colocación de fajinas de retención, obras en barrancos y una reforestación mínima. Sólo se han plantado briznales y algunos pinos en una extensión inferior a una hectárea. "Debido a la alta recurrencia de incendios en la zona, las actuaciones deben plantearse a pequeña escala, localizadas en zonas con mayor disponibilidad de recursos (calidad del suelo y agua)", argumentan desde la conselleria.

"A partir de este año podríamos plantearnos nuevas reforestaciones dentro de las limitaciones que nos marca el terreno y los presupuestos", avanza el director general de Medio Natural. "No serán repoblaciones masivas", avanza. Antoni Marzo asume que "pasarán todavía décadas para que el paisaje recupere su aspecto de monte".

 

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