Conductores culpan al estrechamiento de calles de los retrasos de la EMT de Valencia

Varios pasajeros suben a un autobús de la línea 89, una de las que más retrasos acumulan. / damián torres
Varios pasajeros suben a un autobús de la línea 89, una de las que más retrasos acumulan. / damián torres

Los sindicatos apuntan a la falta de personal y al aumento del tráfico mientras los vecinos tildan las demoras de «inaceptables»

ÁLEX SERRANO Valencia

Marina coge el 5 todas las mañanas para ir a trabajar. La frecuencia, que debería ser en un día laborable de entre 6 y 10 minutos, ha pasado a entre 15 y 18, según asegura esta empleada del hogar. Su relato, recogido ayer a pie de calle, se repite casi de manera idéntica en otros usuarios, que sufren en sus carnes los problemas de la impuntualidad de la red de la Empresa Municipal de Transportes (EMT). Las razones tras esos retrasos hay que buscarlas en una amplia variedad de factores, como indican los sindicatos, entre los que destacan el estrechamiento de carriles para crear carriles bici, el aumento del tráfico y la falta de personal en la misma empresa municipal.

Así lo aseguran sindicatos de la EMT, que se han desgañitado en estos años para poner en negro sobre blanco unos problemas que consideran endémicos y que comienzan a notarse en la calle y en las marquesinas, donde decenas de miles de personas suben cada día a los autobuses municipales. Lo hacen más tarde que en octubre de 2017 y el motivo está íntimamente ligado con el tráfico que soportan las calles. Sólo así se entiende que una de las líneas más afectadas por los retrasos sea, precisamente, la 5, que discurre por la ronda interior. La construcción del anillo ciclista, con la eliminación de un carril en toda la ronda, ha provocado importantísimos embotellamientos, sobre todo en el tramo de Guillem de Castro en la calle del Hospital y San Agustín. Ni siquiera la segregación del carril bus en la calle Colón ha permitido mantener las frecuencias, pese a que el Consistorio ha llegado a cuantificar en un 14% la mejoría de la puntualidad tanto en esa calle como en Matías Perelló y Centelles desde la colocación de los separadores.

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Otra causa, muy relacionada con la anterior, según dicen los sindicatos, es el aumento del tráfico. «Los coches son siempre los mismos y si tienen menos espacio para rodar, se congestionan las calles por las que va el autobús», lamentan las mismas fuentes. Esa situación, dicen, la sufren todo en las principales entradas en la ciudad, como el Camino Nuevo de Picanya, por donde ruedan la 72 y la 73, o la misma avenida del Cid, que recibe líneas como la 98, la 93 o la 70. La 98 es, precisamente, la más impuntual de la red: más de uno de cada cuatro autobuses llega tarde a las paradas. Este tipo de macrotrayectos sufren serios problemas de frecuencia debido a la longitud de sus recorridos, como apuntaron los sindicatos cuando el presidente de la EMT, Giuseppe Grezzi, los presentó en febrero.

Conductores incívicos

En ese tipo de trayectos, otra de las causas detrás de los retrasos es mucho más común: los conductores incívicos. «Muchas veces aún tenemos que enfrentarnos a gente que para en el carril bus, o que se mete en él para adelantar... y eso hace que el autobús tenga que frenar o intentar salirse de su carril para adelantar, lo que implica entrar en otro vial que igual está lleno de coches, como suele pasar», comentan los trabajadores. Precisamente para evitar este tipo de problemas, el Consistorio quiere aumentar los carriles protegidos. En los planes del Ayuntamiento entra instalar separadores en determinadas calles importantes como las grandes vías, pero lo cierto es que tras la protección del carril bus en la calle Colón en mayo de 2017 no se han dado más pasos en este sentido. El otro factor es la falta de personal. «Cada día se quedan sin salir entre 30 y 40 autobuses, y a veces llaman incluso a gente que está de vacaciones para que vengan porque faltan conductores», dicen desde los sindicatos de la empresa. Esto provoca que algunas líneas tengan falta de autobuses, lo que desemboca en frecuencias desajustadas, tal como explican los trabajadores. Además, se dan averías en la flota, aunque cada vez menos, dado que el Consistorio ha comprado decenas de nuevos autobuses y va retirando, periódicamente, los más antiguos.

Líneas EMT Valencia con retraso

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de las 54 líneas de la red de la EMT acumulan más retrasos que hace un año, lo que da una idea del deterioro del servicio, tal como explican trabajadores de la empresa municipal. Algunas de las líneas más impuntuales son la 90, la 98, la 5, la 73 o la 89, entre otras.
Aumento del tráfico.
Determinadas vías asumen más coches que el año pasado, como el Camino de Picanya o la avenida del Cid.
Menos carriles.
La reducción de carriles en calles como Colón provoca estrechamiento de la circulación.
Falta de personal.
La falta de conductores afecta a la frencuencia de las líneas, pues cada día se quedan sin salir entre 30 y 40 autobuses por averías o falta de personal.

La Federación de Asociaciones de Vecinos, por su parte, confirma que ellos ya habían notado la impuntualidad de los autobuses municipales. «La Federación también tiene constancia del problema de los retrasos. Sin ir más lejos nos ha llegado una queja reciente de la línea 13 con 24 minutos de espera. Son frecuencias inaceptables que no invitan a que la gente opte por el transporte público en detrimento del privado. Creemos que los retrasos tienen que ver con un tráfico cada más colapsado en horas punta, más allá de que se pueda haber registrado un pequeño descenso en algunas vías», explica Tania Cortés, vocal de movilidad de la entidad que preside María José Broseta. Manuel, que trabaja en Monteolivete, explica que para ir desde el centro a la zona donde trabaja a veces tiene que esperar «hasta 12 ó 14 minutos, cuando la frecuencia debería ser mucho más corta». Cristina asegura lo mismo, pero ella va hacia el Marítimo. Los retrasos no entienden de distritos ni barrios.