La peor cara de Valencia

La zona de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, uno de los lugares más turísticos que convive con zonas ruinosas y abandonadas. /LP
La zona de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, uno de los lugares más turísticos que convive con zonas ruinosas y abandonadas. / LP

La falta de acuerdo político y de financiación bloquea el desarrollo de obras que pretenden eliminar puntos negros y embellecer la ciudad

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Algunas son obras mastodónticas y otras de escaso calado en el presupuesto, pero el resultado es el mismo. La capital de la Comunitat está repleta de lo que se suele denominar 'puntos negros' precisamente en los lugares de mayor afluencia de turistas y vecinos. Proyectos embarrancados desde hace años y donde no se ve una solución a corto plazo, como es el caso de los 3.100 millones de euros que necesita la operación Parque Central para que sea una realidad completa.

Esa es la cifra que dio el ministro en funciones de Fomento, José Luis Ábalos, en una reciente visita a Valencia. El Gobierno asume el túnel pasante y la estación, aunque todo lo demás, el canal de acceso y completar el jardín, depende del acuerdo con el Ayuntamiento y la Generalitat. El pacto político ya se ha producido, aunque la falta de Presupuestos del Estado imposibilita cualquier iniciativa.

Por lo tanto, hasta que llegue ese momento los usuarios de Renfe que viajen desde la estación de Fuente de San Luis o por el túnel de Serrería se encontrarán con un panorama desolador: naves derruidas, solares repletos de hierbajos y playas de vías donde hay aparcados vagones repletos de pintadas. La llegada a finales de 2010 de la línea de alta velocidad desde Madrid supuso una mejora innegable del servicio ferroviario, aunque dejó al descubierto todas estas carencias.

De poco sirve decir por lo tanto que el cronograma manejado por la sociedad pública habla de que en 2025 deba iniciarse el derribo del paso elevado de Giorgeta. Todo dependerá de lo que ocurra en los próximos meses, es decir, si se forma Gobierno en España o convocan nuevas elecciones. El canal de acceso, en lo que sería la primera fase, se ha fijado en 400 millones de euros de coste a repartir entre las tres administraciones públicas.

Naves en ruinas y naturaleza por doquier

3.100 millones para que sea una realidad una operación esencial para Valencia. El Parque Central es una aspiración urbanística desde hace décadas, donde se ha conseguido sólo parte del jardín.

Es lógico pues que todas las propiedades privadas aledañas a la actual playa de vías, en barrios como Malilla, Parque Central-Iturbi, Cruz Cubierta o San Marcelino, se mantengan a la expectativa. Hasta que la inversión pública dé el primer paso, los vecinos seguirán con la barrera de hierro y con el paisaje de las naves a medio derribar, donde las únicas actuaciones hasta ahora han sido las del Consistorio para evitar que se produzcan accidentes al entrar jóvenes grafiteros a las naves.

El entorno de la Ciudad de las Ciencias, que recibió el pasado año 2,6 millones de visitantes, es otro lugar digno de análisis. La mayor inversión de la Generalitat en Valencia convive con rotondas llenas de matorrales, plataformas de una línea de tranvía abandonadas y cañaverales en la desemocadura del viejo cauce, amén de una huerta cada vez más degradada.

La finalización de la línea 10 del metro se ha iniciado, pero queda mucho para su apertura

La parte más destacada es todo lo relativo a la finalización de la línea 10 de Metrovalencia, con un presupuesto de 50 millones de euros y donde poco antes del verano se iniciaron las obras en lo que será la estación de Amado Granell. Pero faltan años hasta que el tranvía, en realidad un metro ligero porque combinará la plataforma en superficie con un túnel, conecte el barrio de Nazaret con el centro. Hasta entonces, las miles de personas que acuden a diario a l'Oceanogràfic por el camino de las Moreras tendrán que contemplar la obra abandonada por la crisis económica y que ahora se retoma. Aunque tampoco faltan detalles como los matorrales que decoran la rotonda junto al puente de l'Assut de l'Or, otro de los lugares más fotografiados de la ciudad.

Maleza y publicidad en la milla de oro

50 millones es el coste estimado para acabar y poner en servicio la línea 10 de Metrovalencia, abandonada hace años, lo que afea el entorno de la Ciudad de las Ciencias.

El encuentro de toda esta zona con la huerta también es bastante accidentado. Coches estacionados en los arcenes del arranque de la autovía de El Saler, igual que ocurre en las calles que se internan en la pedanía de La Punta y en la de Font d'En Corts. Está claro que el límite del casco urbano con la zona agrícola protegida necesita una mejora urgente.

El tercer lugar donde se muestra la peor cara de la ciudad es seguramente el más simbólico. El acceso a Valencia por la avenida Cataluña desde la V-21 ya nació con problemas, debido a los cambios en el proyecto original. Finalmente, la torre mirador se hizo más alta y poco después de su apertura se cerró.

Así sigue desde entonces, rodeada de matorrales, estanques secos y barreras oxidadas. Las obras costaron en total 24 millones de euros e incluyen dos túneles, el principal y uno secundario que arranca en la calle Clariano. Sustituyó a un paso elevado que empobrecía aún más uno de los accesos con más intensidad de tráfico de Valencia.

Vecinos de Ciutat Vella exigen que se abra una plaza junto a la catedral en lugar de una finca

La Demarcación de Carreteras hizo la cuenta el pasado año de lo que costaría arreglar todas las deficiencias y se elevan a 250.000 euros, aunque no se pone de acuerdo con el Consistorio sobre qué institución debe afrontar el pago. Mientras, la infraestructura viaria ha sido transferida a la ciudad y el resto, los jardines y estanques amén de la torre de 45 metros de altura, siguen en un limbo en cuanto a su falta de mantenimiento. De vez en cuando, Carreteras retira la basura acumulada en las grandes láminas de agua vacías, una circunstancia que es aprovechada por los grafiteros.

El símbolo de la falta de acuerdo político

250.000 euros es la cantidad que estima la Demarcación de Carreteras que se necesita para hacer todas las reparaciones necesarias en el acceso de la V-21 por la avenida Cataluña.

El Ministerio de Fomento sí que trabaja desde tiempo en la ampliación de la V-21, lo que también provocó un encontronazo con el gobierno municipal. La ocupación de huerta por la nueva calzada se ha reducido, aunque sigue provocando críticas de las entidades ecologistas.

Otra de las barreras visuales es el nuevo cauce, una infraestructura indispensable para la prevención del efecto de otra riada en Valencia, aunque convertido en un enorme espacio vacío. Unido a la V-30 suponen una mala carta de bienvenida a los turistas que llegan por la A3 desde el aeropuerto de Manises.

El pasado febrero, en plena precampaña electoral, el alcalde Joan Ribó presentó una propuesta encargada por el gobierno municipal sobre el uso público de este espacio, aunque desde entonces no se ha avanzado nada. Carriles bici, zonas de descanso, incluso miradores o zonas reservadas para la colocación de placas solares, todo eso se dio de bruces con la Ley de Aguas, que regula de manera muy restrictiva todo lo que se puede hacer en los cauces y su entorno más inmediato.

La cicatriz que salva de las riadas

17 puentes cruzan el nuevo cauce, donde el Ayuntamiento quiere recuperar el lecho para un uso público como zona de paseo. De momento, no se ha avanzado nada y se cuenta sólo con unos primeros estudios.

La referencia de los promotores de esta iniciativa es lo realizado en el río Besós y en el Manzanares, aunque lo cierto es que en el primer lugar se limitaron a habilitar una pradera de césped, sin más instalaciones. En el caso de Valencia, se incluye la conexión con el Parque Natural del Turia, con itinerarios a base de láminas de agua que sirvan a los animales para comunicar con el mar.

La Conselleria de Medio Ambiente trabaja desde hace años en la reintroducción de algunas especies. La modificación del ámbito de este parque incluirá también la huerta de Campanar, al menos esa es la intención del Consistorio.

Por último, uno de los solares municipales que más problemas ha dado al Ayuntamiento se encuentra a unos metros de la catedral. Está en la calle Micalet, colindante a la Casa del Relojero, y se trata sin duda de la zona de paso que registra más turistas de toda la ciudad.

Pese a ese dato, el gobierno municipal se ha atascado en un proyecto que costará 800.000 euros para levantar un equipamiento público. La comisión de Patrimonio ha decidido esperar para dar su visto bueno definitivo a la propuesta ganadora de un concurso. La asociación de vecinos de Ciutat Vella reclama que se habilite como plaza y denuncia la abundancia de basura y hasta ratas en la parcela.

Un edificio que no acaba de llegar

800.000 euros es el coste estimado de la construcción de un inmueble en la calle Micalet y la rehabilitación de la Casa del Relojero. De momento, el proyecto de ejecución sigue pendiente de aprobación.