«Bebí mucho, me acosté doblado y no recuerdo haberla matado»

El acusado de matar el pasado mes de febrero a su expareja./J. Signes
El acusado de matar el pasado mes de febrero a su expareja. / J. Signes

El hombre acusado de asfixiar a su expareja guardia civil en Gandia niega el crimen y declara que huyó con el coche y objetos de la víctima que vendió «porque tenía miedo»

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Homicidio, delito continuado de quebrantamiento de medida cautelar, robo de uso de vehículo a motor. Son todas las acusaciones que pesan sobre José Luis S. G., un hombre de 42 años acusado de matar en febrero del año pasado a su expareja, la agente de la Guardia Civil Dolores C., de 47 años. Fue en Gandia, en un crimen de violencia machista en el que José Luis quebrantó supuestamente la orden de alejamiento que le impedía aproximarse a Dolores.

Esta mañana se ha sentado en el banquillo para ser juzgado por un tribunal popular en la sala del jurado de la Ciudad de la Justicia. La Fiscalía pide para él casi 20 años de prisión. Y no sólo por el crimen. Se le acusa de apropiarse del coche de la víctima y de algunos objetos suyos que vendió para después escapar a Madrid, donde fue arrestado a los pocos días del homicidio. Mientras, la acusación particular, que representa a los dos hijos de Dolores, eleva la pena al entender que los hechos fueron, más bien, un asesinato. Reclama que se le condene a casi 30 años de cárcel. La defensa, por contra, ha pedido su absolución al entender que no mató a Dolores.

El sospechoso, sobre el que pesaba un alejamiento y llevaba pulsera de seguimiento, se enfrenta a penas de hasta 30 años de cárcel por asesinato y otros tres delitos

José Luis ha defendido su inocencia. En sus respuestas a la fiscal del caso ha admitido que conoció a la víctima en una aplicación de internet en 2014 y se inició una relación en la que hubo una serie de «rupturas y reencuentros» que también se produjeron, según su versión, «entre Dolores y su anterior pareja». Ha negado haberla amenazado de muerte en las discusiones durante su relación más allá de «alguna palabra más subida de tono». También ha negado haber sido autor de conductas de acoso a los familiares de la víctima con el envío de mensajes, llamadas telefónicas o compartiendo imágenes eróticas de la mujer. «Si es que ella manipulaba mis redes sociales y hacía llamadas privadas con mi teléfono», ha expuesto ante el tribunal.

No ha admitido su culpabilidad en nada. Si bien ha reconocido que quebrantó la orden de alejamiento que sobre él pesaba lo ha justificado diciendo que era ella «la que venía a verme y a estar conmigo incluso cuando ya tenía la pulsera instalada». Y eso mismo, dice, es lo que sucedió en la noche entre el 16 y 17 de febrero. «Ella se quitó el dispositivo, no yo, y vino a mi casa de Gandía. Bebimos. Yo tomé latas de cerveza y vino. Tenía problemas con el alcohol, pero ese día no reñimos. Me acosté muy doblado y al día siguiente, al levantarme, ya me la encontré tirada en el cuarto de baño y le puse una toalla encima».

En vez de llamar a la policía o pedir auxilio a alguien, José Luis optó por coger el televisor, el ordenador de la víctima, su Thermomix y su coche y marcharse sin más. Los electrodomésticos los vendió en una tienda de compraventa de segunda mano de Valencia y con el coche de Dolores puso rumbo a Madrid. «Es que cuando la vi así me entró una ansiedad terrible», se ha justificado, «estaba muy nervioso y pensé que lo mejor era irme a Madrid y pedir ayuda a mis familiares. Si yo la hubiera matado lo reconocería, pero no recuerdo haberlo hecho. La relación era normal, no había motivo, era ella la que quería estar conmigo. Hasta me proponía excursiones y escapadas».

La autopsia a la victima reveló que Dolores murió a causa de una asfixia de naturaleza homicida y el propio acusado ha admitido que durante el tiempo en que estuvieron juntos esa noche «no entró nadie más en la casa». En los próximos días, el juicio continuará con la declaración de familiares de la víctima, miembros de la investigación policial y los forenses que practicaron la autopsia a la mujer.

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