El viaje inolvidable de... Alberto Pla

Una fotografía de la vida cotidiana en Haití tomada por Alberto Pla durante su estancia. /LP
Una fotografía de la vida cotidiana en Haití tomada por Alberto Pla durante su estancia. / LP

Descubrió que podía vivir de sus dos pasiones, la fotografía y la cooperación. Tres meses en Haití le bastaron para percibir la dignidad de un pueblo oprimido y el encanto de un lugar poco conocido y casi virgen

ELENA MELÉNDEZ

La trayectoria profesional de Alberto Pla dio un giro la primera vez que tuvo contacto con el mundo de la cooperación. Hace seis años este fotógrafo y documentalista con formación en Psicología y Periodismo contactó con una asociación con proyectos en India para ver si necesitaban un fotógrafo. Le dijeron que no y que además no tenían interés en sus servicios. «En aquel momento ninguna oenegé invertía en comunicación. Yo me ofrecí para hacer fotos allí por mi cuenta, pensé que era la oportunidad de darle otro sentido a mi pasión que es la fotografía. Vi que ayudar a los demás podía convertirse en parte de mi trabajo», explica.

Con el material obtenido en India ganó dos veces consecutivas el premio de fotografía de la Fundación de Derechos Civiles y ahí despegó todo. Tiempo después surgió la oportunidad de viajar a Haití con la oenegé Techo. El objetivo era colaborar en la reconstrucción de un país en el que los efectos del terremoto ocurrido años atrás habían dejado uñas huellas profundas. «Habían pasado casi tres años del seísmo, las cifras eran de más de 300.000 muertos y el paisaje estaba arrasado. Me quedé tres meses, mi función era mostrar que la reconstrucción de Haití debía partir de los haitianos, dejar atrás el carácter paternalista que se asocia muchas veces a la cooperación».

Así es Puerto Príncipe

Lo primero que percibió Alberto al poner un pie en Puerto Príncipe fueron las altas temperaturas y la sensación de desconfianza inicial de sus habitantes. «La gente está harta de los periodistas, a raíz del terremoto quedaron muy expuestos a las cámaras. Ellos piensan que los extranjeros sacamos dinero con sus imágenes». Allí se alojó en un piso junto con otros cooperantes y cada mañana se despertaban temprano para ir a rodar y hacer fotos a distintas comunidades como La Digue o Gariche Prince. Pronto se dio cuenta de que el día a día allí no iba a ser fácil. Contaban solo con dos horas de electricidad al día y la inseguridad de las calles hacía que tuvieran que salir siempre en grupo y evitar las zonas críticas. «Es un lugar inseguro e inestable políticamente, las manifestaciones eran brutales. Recuerdo que en el norte hay un puerto precioso donde atracan los cruceros. Cuando los turistas preguntan ellos se inventan el nombre del lugar, no les dicen que están en Haití porque eso les tiraría para atrás».

Algunas de las imágenes que el fotográfo y documentarista Alberto Pla hizo en Haití. / LP

La otra cara es que se trata de un país muy virgen con paisajes caribeños espectaculares. Algunos fines de semana Alberto se trasladaba hasta Jacmel, una bonita zona de interior con cascadas, pequeños lagos, naturaleza frondosa y mucha fauna. «Allí saltábamos desde las cascadas y nos reuníamos para beber cervezas. Los lugareños te hacen de guía y te llevan en moto. Una vez que confían en ti tienes acceso a lugares que están restringidos para los visitantes, como la ceremonia de vudú en la que pudimos estar presentes». También visitaron la Ciudadela de la Laferrière, un gran fortaleza que construyeron los haitianos para defenderse de los franceses construida en el año 1820. Alberto afirma que en Haití prácticamente no hay turismo ni tiendas por la calles, y los restaurantes viven de la cooperación. La gente se reúne alrededor de los hipermercados, en bares donde tomar una cerveza y comer fritai, plato de cerdo frito con patatas y arroz con habichuelas.

India, Guatemala, El Salvador, Libano, Mozambique, República Dominicana, Costa Rica o Nicaragua son solo algunos de los destinos en los que Alberto ha desarrollado una labor a la que ha consagrado su trabajo. «La experiencia es muy emocionante, descubres la dignidad de un pueblo que ha sido castigado».

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