¿Quién es Charo Coll?

Charo Coll es la presidenta de International Savage Union. /Manuel Molines
Charo Coll es la presidenta de International Savage Union. / Manuel Molines

Es la primera directiva de una organización internacional y ha roto ya varios techos de cristal, convencida de que las mujeres no nos podemos poner barreras, apoyada siempre por una familia de creativos. «En mi casa, menos el perro y yo, todos saben tocar el piano», dice, feliz con una vida donde los retos son continuos

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Lleva un traje impecable, combinado en blanco y negro, subida a unos tacones donde se siente cómoda. Charo Coll es directiva de una de las empresas navieras más importantes a nivel mundial, Boluda Corporación Marítima, y allí quedamos, donde todo huele a mar y el paisaje son los grandes barcos que cada día amarran en el gigantesco puerto de Valencia. Pero no la entrevistamos por su trabajo en la empresa, sino porque se ha convertido en la primera mujer en presidir la International Savage Union, una entidad muy prestigiosa que agrupa a las empresas más importantes de salvamento marítimo.

-Usted no solo consiguió que su empresa entrara a formar parte de este selecto club, sino que además ahora es usted la presidenta. ¿Se lo propuso como un reto?

-A veces me he planteado decir que no, porque quizás me pregunto si podré hacerlo bien, sobre todo cuando ves que los presidentes anteriores eran angloparlantes y yo no, y eso es un handicap porque todo el mundo da por hecho de que el inglés viene de casa y no es así. Además, he sido la primera mujer en ocupar el cargo en una institución que tiene mucha repercusión, de hecho, en febrero estuve con la reina de Inglaterra. Y me hice un selfie, porque no me iba a creer nadie. En eso soy muy española.

-¿Cómo se superan esas inseguridades?

-No se superan, se llevan. Ya rompí la barrera de cristal en la asociación europea de remolcadores, donde también fui la primera presidenta, y lo que espero es que me sigan muchas más. Siempre les digo a las que no se atreven que no podemos ser nosotras mismas las que nos pongamos barreras.

«Cuando bajodel avión y huelo el marme siento en casa»

-A veces la visibilidad no llega porque no nos lo creemos.

-Ahí tengo que hablar en favor del presidente de esta casa, don Vicente Boluda, porque somos muchas directivas, y no de cualquier división. Esto cuesta, pero poco a poco. Tenemos que apoyarnos entre nosotras, porque lo harás bien o mal, pero igual que ellos, porque no es cuestión de sexo, sino de capacidad.

-¿De dónde le viene esa fuerza?

-Yo creo que de mi abuela, de mis padres también, aunque lamentablemente ya no están. Recuerdo que cuando me dieron la distinción de la Generalitat, que no te puede pasar nada mejor en la vida, que en tu tierra te reconozcan, mi madre hacía dos meses que había fallecido de cáncer. Se lo dediqué a ella, que siempre estaba tan orgullosa. Ahora son mis hijos, mi marido, quienes confían en mí.

Charo Coll, junto a la maqueta de uno de los barcos de su empresa.
Charo Coll, junto a la maqueta de uno de los barcos de su empresa. / Manuel Molines

-¿Por qué barcos?

-Estaba estudiando ingeniería de sistemas, la informática de aquel momento, porque yo lo que quería es entrar en la IBM a diseñar ordenadores. Y fue casualidad que saliera una vacante en esta empresa, donde buscaban a alguien que supiera inglés e informática. Entré, me enamoré de este sitio y empecé a estudiar todo lo relacionado con el shipping. Ahora ya no haría otra cosa, aunque no fuera una decisión meditada, sino que ha sido el destino el que me ha llevado hasta aquí.

-Su trabajo le obliga a estar constantemente viajando, ¿qué le aporta a usted a nivel personal?

-No ha habido país que no me haya gustado. Me encanta conocer mundo, siempre hay algo bonito, y luego volver a casa, que casi es lo mejor de viajar.

-En estos cargos directivos hay veces que lo profesional lo copa todo. ¿Cómo lo lleva con la vida personal?

-Yo no corto. Mi móvil vive conmigo, no puedo apagarlo ni siquiera en Navidad o Nochebuena, así que en mi casa están muy acostumbrados a que en cualquier celebración esté hablando con un broker porque ha habido un siniestro. Lo que hago es implicarles. Y ellos me preguntan. Así es la única manera, creo yo. Y si estoy de viaje nos llamamos todos los días; cuando vuelvo, el fin de semana toca ración doble.

Una espina clavada

«No hay que dejarse nada»
Charo Coll dice, con su permanente sonrisa en la cara, que si queda algo pendiente, «se hará, todavía hay tiempo». Y lo dice con convicción, que no deja lugar a dudas. «Es que no hay que dejarse nada», dice una mujer que, a pesar de su brillante currículo, no cree que merece una entrevista. «A mí me maravillan los científicos», asegura, con una humildad nada artificiosa.

-¿Tiene que ver su marido con este mundo?

-Nada que ver. Él ha sido músico, ha trabajado en promociones, en conciertos, y mis hijos son todos creativos. Esa es la parte bonita de mi casa, que menos yo y el perro todos saben tocar el piano.

-Qué ve al mirar hacia atrás?

-A veces me pregunto cómo he llegado yo hasta aquí, y me doy cuenta de que no hay nada que no se pueda alcanzar dentro de las limitaciones de cada uno. Y yo espero seguir, porque estoy encantada con todo lo que he hecho.

-Y después de tantos años, ¿qué significa para usted el mar?

- Lo echo de menos cuando no lo tengo cerca, y cuando bajo del avión y lo huelo ya me siento en casa. Así y todo, le tengo respeto.

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