¿Quién es Ana Ruiz?

Ana Ruiz, en su despacho de Manos Unidas de Valencia. /Damián Torres
Ana Ruiz, en su despacho de Manos Unidas de Valencia. / Damián Torres

Licenciada en Bellas Artes, empresaria del textil, viuda, ama de casa, abuela... la delegada de Manos Unidas en Valencia puede presumir de haber exprimido su vida al máximo. Y de haberse dado a los demás sin recompensa

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Pura vida es una frase que se dice mucho en Costa Rica, país al que viajó no hace mucho. Y define muy bien cómo es esta mujer, que ha disfrutado y sigue disfrutando de cada respiro que le da su existencia. Cinco hijos, vivir en el extranjero, estancias de cooperación en países del Tercer Mundo, convertirse en empresaria, ir a la universidad ya convertida en madre… El curriculum vital de Ana Ruiz es tan extenso que harían falta varias páginas de este periódico para contarlo. O un libro. Lo ha escrito ella, y se llama precisamente 'Pura vida'. Su última actividad, ya metida en la década de los setenta, es como delegada de Manos Unidas en Valencia.

-Manos Unidas parece como un colofón a una historia vital muy llena de experiencias. Más que la mayoría. ¿Por qué ocupa este despacho?

-Considero que tengo la obligación de dar parte de lo que yo he recibido. He sido una persona privilegiada, he tenido unos padres fabulosos, un marido estupendo y unos hijos excepcionales, y siempre me he podido realizar según mis criterios. Por eso, poco tiempo después de quedarme viuda me fui a hacer un voluntariado en la India con las monjas de la Madre Teresa de Calcuta, y fue un choque brutal, una experiencia totalmente inesperada.

-¿Le pareció así?

-Para mí supuso conocerme personalmente, comprobar las diferencias entre cómo vivíamos en los países occidentales y cómo se podía subsistir de una forma tan distinta. En un primer momento me fui por experimentar una aventura, por ayudar a los demás, pero después de tres meses en Calcuta, de ver cómo se sufre, lo poco que se necesita y que allí no era nadie, me di cuenta de que me había conocido a mí misma. Un tiempo más tarde me fui a Etiopía y estuve con las monjas en un centro de niños con sida. Ahora, de vez en cuando lo necesito, porque cuando vuelves aquí, sin darte cuenta, poco a poco te vas metiendo en la rueda del consumismo y de los egoísmos.

«Estar tres mesesen Calcuta fue un choque brutal»

-Ser delegada parecía un paso más.

-En realidad, cuando me lo propusieron yo me resistía, porque no me quería involucrar tanto, pero el anterior delegado, Eladio, es amigo íntimo de toda la vida y él ya no podía seguir, así que pensé que venía desde arriba. Al principio con un poco de miedo por no saber dar la talla.

-¿Todas estas experiencias las vivió después de quedarse viuda?

-Me quedé viuda muy joven, con 47 años y cinco hijos. Mi marido y yo teníamos la intención de, cuando fuéramos mayores, irnos a la India a colaborar porque tenía amigos jesuitas allá. Y pensé: «ya no lo puedo hacer contigo, pero lo voy a hacer yo sola». Y de hecho, de una desgracia, si lo analizas bien, puedes sacar muchas cosas positivas. Te puede hacer mucho más humana, más comprensiva, más abierta… Lo pasé muy mal, es cierto, pero el hecho de quedarme sola me hizo ser adulta; me había casado con 18 años y él me llevaba doce. Era su niña, pero siempre respetó mi manera de ser y me empujó para adelante.

-¿Qué han opinado sus hijos de este espíritu aventurero?

-A veces pienso que les he fallado en algo, porque tuve una educación muy liberal; a mí a los ocho años mi padre me mandó a París con unos familiares refugiados de guerra que yo no conocía, y estuve allí un año. Al cumplir los diez me volvieron a enviar con una familia judía polaca que conocimos en la playa. Eso me dio una gran apertura de mente, gracias a mi padre y a mi personalidad: no recuerdo haber llorado nunca por no estar con mi familia, tenía muchas ganas de aventura. Cuando me casé a los dieciocho me fui con mi marido a África durante tres años.

Un sueño por cumplir

Año sabático en un país tropical
El sueño de Ana Ruiz es «irme un año sabático a unpaís con cocoteros y dedicarme a pintar y a escribir. No es una utopía, conociendo a esta mujer decidida. «Pensaba hacerlo el año pasado; de hecho me fui con una nieta a Costa Rica, porque les invito a un viaje cuando cumplen 18 años. Y estuve buscando el lugar ideal». Por sus compromisos ahora en Manos Unidas no lo puede hacer, de momento, pero «espero cumplirlo algún día», asegura.

-Desde luego, no ha sido una infancia típica de una Valencia de los años cincuenta…

-He vivido tantas cosas que me decidí a escribir una novela, para que mis nietos pudieran tener mi historia, y también para que conocieran a su abuelo. Ha sido en cierta manera satisfactorio, he encontrado mis fallos también, duro al recordar el accidente y la muerte de mi marido. Divertido también, recordando aventuras que hice buscando encontrar un sitio, tras quedarme viuda. En definitiva, una manera de reflexionar sobre mi vida. Y estoy satisfecha.

-Por experimentar, ha llegado incluso a ser concejal en su pueblo, Foios. ¿Cómo fue la experiencia?

-A nivel personal fue muy gratificante porque pude hacer muchas cosas en temas culturales; a otro nivel, salí desencantada de cómo funcionan las cosas en política.

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