La cara B

Alejandro Valbuena, una doble vida

Alejandro Valbuena, ante una de las obras que ha pintado. /LP
Alejandro Valbuena, ante una de las obras que ha pintado. / LP

Durante ocho meses vive en Múnich, donde trabaja en el mundo del cine. El resto del año se retira a Valencia, y aquí se entrega a su pasión, la pintura. El creativo combina dos vidas que se complementan y alimentan

ELENA MELÉNDEZ

Alejandro Valbuena nació y creció en Asturias y llegó a Valencia para estudiar Bellas Artes en la Facultad de San Carlos. Durante los años de universidad forjó un grupo potente de amigos y compañeros y pronto tuvo claro que este era su lugar. En quinto curso le dieron la beca Erasmus y se trasladó unos meses a Halle, en Alemania, donde se quedó dos años más para hacer un master de videoarte y dibujo contemporáneo. «Tras ese periodo me fui a vivir a Múnich. Estuve una temporada trabajando en una granja con gallinas, ovejas y madera. Encontré trabajo como asistente de montaje en cine y al tiempo empecé a trabajar en el departamento de arte. Desde entonces esa ha sido mi profesión», explica Alejandro.

El intenso ritmo de trabajo de las producciones cinematográficas le deja poco tiempo libre, por lo que la pintura quedó relegada a un segundo plano durante unos años hasta que el impulso creador hizo que Alejandro se replanteara su forma de vida. Cuanto más trabajo tenía en el cine más dinero ganaba. Como en invierno casi no hay rodajes en Alemania se encontró con mucho tiempo libre. Decidió entonces marcharse a Valencia cada año para pasar cuatro meses en los que solo pinta y lee libros de psicología. «A veces es un poco psicótico porque, aunque conozco bien los dos sitios, pasan un par de meses hasta que te acabas de adaptar del todo. Si te organizas bien puedes aprovecharlo a tope», confiesa Alejandro, que reconoce que le cuesta mucho más adaptarse a Valencia que a Múnich, pues allí tiene un trabajo con un horario establecido y aquí todo depende de cómo se organice el día.

Profesión

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Trabaja en Múnich montando sets de rodaje en cine y escenarios para ópera. Ha formado parte del equipo de producciones como 'Big Game', con Samuel L. Jackson.

La inspiración para las obras en las que trabaja actualmente le llega durante sus paseos por los bosques de Perlacher Forst, que es la zona donde vive en Múnich. Le gusta salir por las tardes y es a esas horas cuando desaparecen muchos de los colores y toman el protagonismo las gamas de verde o azul oscuro. «por la noche todo se vuelve muy abstracto y no hay que definir tanto, así fue como me animé a pintar paisajes taciturnos. Como los bosques que hay alrededor de Múnich no son peligrosos, la relación intima que puedo establecer con el paisaje es muy interesante».

Empezó pintando formato muy pequeño porque las dimensiones del estudio en el que trabajaba no le daban para más y porque al pintar así podía sacar más obras. Pero un amigo de Valencia le dejó una nave en Alboraya, lo que le hizo animarse a pintar un cuadro de 3,15 por 2,30 metros. «En un lienzo pequeño puedes improvisar y cambiar, en uno grande el tiempo que necesitas para cambiar cosas es mayor, por lo que todo te lo piensas mucho más. Al pasar tanto tiempo con el cuadro delante estableces una relación especial con él, los dos vamos cambiando a la vez».

La semana próxima presenta en Valencia dos obras en un estudio de Ruzafa. Un lugar que tiene poca luz y mucho espacio, pues son veinte los metros que van a separar un cuadro de otro y todo el centro va a ser zona oscura, una sensación lumínica que le recuerda al claroscuro de los bosques y que quiere transmitir a los asistentes que se acerquen. Afirma Alejandro que Valencia le aporta muchas cosas a nivel personal. «En Múnich todo es mucho más introvertido, justo lo contrario que el carácter mediterráneo, más social. Como asturiano cuando vine aquí a estudiar me di cuenta de que allí tenemos unos seis meses de recogimiento, y aquí casi no hay. Estás mucho más expuesto», dice el creativo, que valora muy positivamente la influencia que ha ejercido sobre él.

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