¿Quién es Luis Almenar?

Luis Almenar, en uno de los pasillos del Hospital de La Fe/Jesús Signes
Luis Almenar, en uno de los pasillos del Hospital de La Fe / Jesús Signes

Reconoce este cardiólogo que a veces preferiría estar en segunda línea, pero «miro delante de mí y no hay nadie». Su curiosidad y tener una mente activa le ha llevado ahora a estudiar valenciano a las cinco de la mañana. «Nunca me ha despertado el despertador», asegura Almenar

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Luis Almenar pertenece a la minoría del 4% de los hombres que actualmente llevan bigote; al menos eso dicen las estadísticas que aparecen al darle a la tecla. Sin embargo, no deben de importarle demasiado las modas a este médico que lleva la bata blanca como si no se hubiera puesto otra cosa en toda su vida, que ha pasado casi cada minuto aprendiendo sobre cardiología, ahora también entre despachos, porque no entiende otra forma de contribuir a la sociedad, de mejorarla. Organizado, cuadriculado, dice, ha logrado objetivos que poca gente tiene al alcance.

-¿Cree que la clave está en que a uno le guste lo que hace?

-Al cien por cien. Cuando empiezas a disfrutar del trabajo te das cuenta de que no puedes hacerlo por dinero; son muchas preocupaciones, mucho el tiempo que le dedicamos, así que no tiene sentido si no te gusta.

-¿Siente que contribuye a cambiar la vida de las personas y también a mejorar un poco el mundo en el que vive?

-Eso es lo que siento, por eso me levanto con ánimo todos los días. Soy una persona optimista, proactiva.

-¿Ha sentido que la gente le respeta?

-Siento que la gente escucha mi opinión, que me dan un liderazgo que entiendo que me he ganado con el tiempo.

-Y usted no sabe decir que no.

-Aseguran que hay que decir que no tres veces al día. Yo creo que con una vez es suficiente.

-¿Se siente un privilegiado?

-No lo he dicho nunca así, pero es cierto. Son muchas horas al día, porque a las cinco de la mañana ya estoy haciendo cosas, nunca me ha despertado el despertador.

-¿Y qué hace tan temprano?

-De cinco a seis estudio valenciano; por parte de madre mis raíces están en la Safor, mi padre de Enguera, una zona castellanoparlante, y por este motivo en mi casa siempre se ha hablado castellano. Ya de mayor me está apeteciendo hablar como lo hacía mi familia materna. Esa es ahora una de las aficiones que tengo.

«Desconecto cuatro veces al mes, en comidas con la familia y los amigos»

-Tiene curiosidad por temas más allá de la medicina.

-Claro, a mí casi todo me parece interesante, por eso a veces pienso que si hubiera optado por otra especialidad me hubiera desarrollado de la misma forma. Nunca lo sabes todo. Es apasionante ver cómo ha evolucionado el mundo en los últimos años. Esta semana hemos puesto un corazón artificial y hemos hecho dos trasplantes. Hace nada era impensable.

-Casi como quien opera un apéndice.

-Hace poco el coordinador de trasplantes del hospital dijo una frase que me gustó mucho: «hacemos cotidiano lo extraordinario» Porque si me preguntan: «¿qué has hecho hoy?», puedo contestar: «he hecho un trasplante, he puesto un corazón artificial, he estudiado valenciano, he dado una vuelta y ahora estoy viendo las noticias». Como una cosa más.

-Vive rodeado de enfermedad, ¿piensa en su vejez?

-Como soy una persona muy cuadriculada, ya estoy pensando en ello, así que voy al gimnasio dos veces por semana e intento buscarme aficiones algo distintas que desarrollen mi mente. De alguna forma me estoy preparando. Reflexiono cómo será esa época, porque yo me lo preparo todo con muchos años de antelación, para bien o para mal.

-¿Usted se visualizaba aquí?

-No, pero no me ha sorprendido, porque cuando llega la hora de hacer cosas importantes hace falta gente que le guste meterse en todos estos líos. De todas formas, le digo que no es que a mí me guste, por mi forma de ser prefiero estar en segunda línea, pero es que muchas veces me doy cuenta de que delante de mí no hay nadie. Y acepto el reto.

Una espina clavada

Los mayores que viven solos
La preocupación de Luis Almenar tiene que ver con el futuro, con una sociedad donde cada vez habrá más gente mayor que viva sola, que tendrá patologías que no se puede tratar. «Son personas que entran y salen del hospital, con múltiples patologías, que si tienen a alguien que les cuide es igual de mahor». Dice el médico que los ven cada días, y se siente impotente porque no ve solución.

-¿Sus hijos le han seguido?

-Quizás ellos son ahora mi mayor preocupación. Tengo dos hijos ya mayores, uno es historiador, el otro estudió Comunicación Audiovisual, están los dos buscando trabajo, y eso me quita el sueño; me preocupa que a la gente joven le cueste tanto encontrar algo.

-¿Consigue desconectar?

-No, es imposible.

-Lo tiene asumido.

-Cuatro momentos al mes intento hacerlo, dos comidas familiares y otras dos con amigos.

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