Puig cede a Podemos una vicepresidencia y diluye la visibilidad de Oltra

Ximo Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau en la sesión de Les Corts. / Jesús Signes

El nuevo Botánico salva su continuidad minutos antes del pleno y retrasa por primera vez la investidura un día para ganar la votación

Marta Hortelano
MARTA HORTELANO

Se llamará Botánico II, pero podría llamarse el Pacto del whatsapp. La herramienta de mensajería móvil ya fue clave en la negociación del anterior acuerdo en 2015 y lo ha sido en el final del que se firmó ayer por la tarde en el Castillo de Santa Bárbara, en Alicante. Hace cuatro años, la entonces portavoz de Compromís, Mónica Oltra, se animó a reunir en un grupo de whatsapp a sus posibles socios, Ximo Puig y Antonio Montiel, por aquel momento desconocidos entre sí. Y el chat logró desbloquear una negociación enquistada y ensombrecida por la desconfianza de quienes estaban a punto de firmar un contrato sin haber leído toda la letra pequeña.

Ahora, cuatro años después, la ahora vicepresidenta de la Generalitat ha recurrido de nuevo a la mensajería móvil como pegamento del pacto. Ella creó el grupo «Botànic II» e incluyó al actual presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y al candidato de Unidas Podemos, Rubén Martínez Dalmau, bajo la imagen de unos arbolitos, que siempre dan oxígeno a unas negociaciones que se han tornado casi tortuosas para las partes. Nunca las nuevas tecnologías arroparon una forma de hacer política tan antigua como sentarse a repartir un organigrama de cargos políticos. Los mensajes en ese grupo de móvil no han sido muy prolijos, pero sí determinantes para acabar de desatascar la situación.

Martes, 22:30 horas de la noche. Negociaciones rotas. Menos de doce horas para el debate de investidura. Suena el teléfono de los tres socios. Es Martínez Dalmau, que propone en el grupo verse con Puig y Oltra para tratar de bajar el souffle al que se ha llegado a lo largo de los días. Horas antes, su grupo de negociadores (con personas de Podemos y de Esquerra Unida) se levantan de la mesa y dan por roto el acuerdo ante la negativa de Compromís a ceder una retahíla de competencias verdes que abarcaban campos relacionados con la energía, el cambio climático y el medio ambiente. El mensaje de móvil de Dalmau cae en saco roto. Compromís tenía decidido jugar con los tiempos y devolverle a Puig la jugarreta de haber adelantado las elecciones autonómicas. Un estigma que los nacionalistas consideran el origen primero del discreto resultado electoral del pasado 28 de abril. A esa hora, el presidente de Les Corts, Enric Morera, ya tenía orden de «bajar la pelota» y hacer uso de su prerrogativa para ordenar el debate del pleno de investidura al día siguiente. Morera sólo tenía que ordenar un receso de 24 horas después de que el presidente de la Generalitat pronunciara su discurso. Pero el PSPV ya le había hecho llegar su disconformidad con la maniobra. Al fin y al cabo, es potestad de la segunda autoridad de la Comunitat decidir el tiempo del receso, pero en este caso ¿cuál era el argumento? Ni más ni menos que dejar más tiempo a PSPV, Compromís y Podemos para arreglar el entuerto de que Puig se enfrentara a su investidura sin un acuerdo firmado previamente. Pero los socialistas avisaron de que si esa decisión se colegiaba, recibiría su oposición. El malestar era más que evidente entres socios, así como la profunda desconfianza. En las filas del PSPV eran partidarios de que la votación se produjera ayer y forzar a Podemos y Compromís a retratarse en el marcador. El panorama sólo podía empeorar, mientras la presión para cerrar un acuerdo empezaba a recaer sobre los socios, que apenas mes y medio habían conseguido retener el Gobierno autonómico por apenas 40.000 votos. Las llamadas a la responsabilidad se sucedían en todos los estratos.

Acuerdo in extremis del Botánico II

Mientras, las horas corrían. Los más veteranos en las negociaciones mostraban la tranquilidad del contexto que supone haber cerrado tropecientos acuerdos entre familias, congresos e incluso gobiernos anteriores. «En Europa los acuerdos importantes siempre se cierran de madrugada con minutos de antelación», aseguraban ayer algunas fuentes del proceso. Pero lo cierto es que en el Parlamento valenciano siempre se ha llegado con los deberes hechos. Es decir, con los votos suficientes que garantizaran la investidura del candidato en tiempo y forma. Se hizo en 2015 y no se pudo hacer ayer. Los tres partidos hicieron historia, pero no en positivo.

Miércoles. Minutos antes de las 8 de la mañana. El grupo de whatsapp Botánico II hace 'bip bip'. La investidura está fijada para dos horas después en el Palau del Borja, en la Calle Navellos, a apenas 200 metros del Palau de la Generalitat, en la céntrica calle Caballeros. Dalmau insiste en cerrar una reunión a tres porque cree que la cosa aún tiene arreglo. El presidente, Ximo Puig, le recoge el guante y los emplaza a un encuentro en su despacho en media hora. La vicepresidenta, Mónica Oltra, acude la última. Allí permanecen más de una hora. Lo que tardan en tomarse un café y un agua y cerrar 'in extremis' el acuerdo que permitirá evitar un bochorno mayor para los tres socios, tras dos semanas de dilación. La reunión, lejos de ser cordial, se convirtió en una catarsis subida de tono. Pero consiguió desbloquear la negociación y poner fecha y hora tanto a la firma del pacto como a la votación que permitirá a Puig reeditar su mandato en compañía de Compromís y Podemos. La palabra clave que abrió la bóveda del nuevo Botánico fue vicepresidencia. Y no precisamente la de Oltra. Dalmau entró como un incordio para el matrimonio de Puig y la vicepresidenta y salió añadido al libro de familia.

Dentro del despacho del presidente acordaron poner fin a las negociaciones a cambio de que Podemos se situara al mismo nivel organizativo que Oltra, con una suerte de vicepresidencia de coordinación de las políticas verdes del Consell, que no de gestión. Los flecos que quedaban por definir los cerrarían horas después los miembros de la comisión negociadora y, otra subcomisión, haría lo mismo con la arquitectura institucional. El pacto final se cerraría a las seis de la tarde en Alicante y para hacer realidad ese deseo descentralizador, el presidente de Les Corts tenía que suspender el pleno del debate durante 24 horas, hasta el día siguiente. Dicho y hecho.

Puig acabó entregando una segunda vicepresidencia para Martínez Dalmau y los tres pusieron fin al bloqueo. Así de sencillo. Una cuestión de nomenclatura, pero también de poder orgánico, que permitirá al líder de Podemos ponerse al nivel de Oltra, que perderá visibilidad e influencia en el Ejecutivo (Compromís tiene sólo cuatro consellerias de doce) aunque mantendrá la portavocía y la secretaría del Consell.

Los tres pusieron rumbo al pleno de investidura en el que sólo se pronunció el discurso del presidente y después, partieron hacia Alicante. El proceso, según reconocen fuentes de los equipos, ha sido «más duro porque la negociación era con dos partidos heridos electoralmente y divididos internamente. Muchas veces no sabían qué pedían y luego tenían que cambiarlo porque no lo habían hablado entre los partidos de sus coaliciones».

Martes. Minutos antes de las 11. Ximo Puig finaliza su discurso de investidura apelando a sus socios a «hacer buena política». A esa hora, Martínez Dalmau asegura en sus redes que es el primer día de la legislatura más importante de la Comunitat. El grupo de whatsapp se mantiene en silencio, a la espera de la cita en el símbolo de la ciudad de Alicante. Todos suben a sus coches y aterrizan en el Castillo de Santa Bárbara para firmar el contrato de gobierno que debe durar cuatro años.

Hoy se volverán a ver las caras para retomar el pleno de investidura en el lugar que lo dejaron, y el domingo volverán a compartir hemiciclo en la toma de posesión de Puig. Un acto al que Pedro Sánchez ya ha avisado de que no acudirá.