Cuando Carmen Montón era el azote de la gestión privada

Carmen Montón. /EFE
Carmen Montón. / EFE

Su labor en el Consell se caracterizó por la oposición a la colaboración público-privada en el ámbito sanitario

LAURA GARCÉS

Carmen Montón tomó posesión como ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social el 7 de junio de 2008. Su marcado perfil político como consellera fue una de las grandes fuentes de críticas entre profesionales y usuarios de la sanidad valenciana. No pocos vieron en el suyo un trabajo alejado de la gestión sanitaria y con profunda carga ideológica. Fue diputada de la octava, novena y décima legislaturas en el Congreso y afiliada a las Juventudes Socialistas desde 1992. En sus propias palabras, la lucha por la igualdad ha marcado su vida política.

Su labor se caracterizó -cosechando no poco desacuerdo- por la oposición a la colaboración público privada en el ámbito sanitario, aunque no faltaron ejemplos de un doble discurso. Mientras ponía gran interés en la reversión de los hospitales públicos de gestión privada, en otras cuestiones mantuvo las externalizaciones. Ahí están las derivaciones a clínicas privadas para frenar las listas de espera.

En abril de 2018 llevó a la práctica la acción que anunció nada más llegar al Consell. Era la gran conquista que ansiaba, cita clave en su agenda para la legislatura. Quería recuperar la gestión de los centros sanitarios del modelo Alzira. consumó la primera reversión, la de La Ribera y dejó sobre la mesa el futuro de otros hospitales como el de Dénia para el que anunció el Consell su regreso a la gestión directa.

La polémica la acompañó en otra ocasión hasta el punto de que el presidente del Consell tuviera que intervenir para calmar los ánimos, cuando abordó el cambio de modelo para la derivación de pacientes al Instituto Valenciano de Oncología. Su posición respecto a la colaboración con la fundación la llevó a olvidar que estaba ante una institución admirada por la sociedad. Provocó protestas de ciudadanos que gustaron poco en el Consell obligando a la mediación del presidente. Pero Montón nunca se consideró desautorizada.

No se libró del desacuerdo por su interés de dejar al Hospital de Manises (modelo Alzira) al margen de la derivación de enfermos de otros centros sanitarios a cirugía cardíaca. Profesionales y asociaciones de pacientes vieron que Montón les alejaba la libre elección.

Monzón emprendió el viaje a la capital de España tras un recorrido jalonado de tropiezos en los tribunales. Propuestas de referencia como la retirada del copago, la universalización de la sanidad a inmigrantes sin papeles, el jubilación forzosa, reparto de medicinas a residencias y el proceso de reversión de los hospitales públicos de gestión privada se vieron cuestionados hasta llegar a sede judicial. Algunos de estos asuntos supusieron importantes varapalos para su gestión. Pero siguió incluso superando las diferencias con Mónica Oltra, la vicepresidenta del Consell y titular de la conselleria de Igualdad, departamento que algunos apuntaban que era el que a Montón le habría gustado gestionar.

Carmen Montón