La Casa Blanca escondió la llamada de Trump a Zelenski al ser consciente de su criminalidad

La Casa Blanca escondió la llamada de Trump a Zelenski al ser consciente de su criminalidad

Los funcionarios pusieron las notas dentro de un sistema informático reservado para asuntos de Seguridad Nacional

MERCEDES GALLEGOcorresponsal. Nueva York

El caso de abuso de poder que desató el proceso de 'impeachment' para retirar del cargo a Donald Trump gana peso a pasos agigantados. Creíble y bien documentada, la denuncia «sin precedentes» de un informante anónimo, según admitió el director de la Inteligencia nacional, Joseph Maguire, en el Congreso, pone en contexto la llamada que hizo al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. El presidente le pidió el «favor» de que investigase por corrupción a Hunter Biden, hijo del ex vicepresidente Joe Biden, que potencialmente podría ser su rival en las elecciones del año que viene.

La trama se puede rastrear públicamente hasta una serie de artículos publicados a finales de marzo en 'The Hill'. En ellos el fiscal general ucraniano Yuriy Lutsenko acusaba a cargos del Gobierno de Obama de haber evitado que la Oficina Anticorrupción de su país continuase una investigación contra Hunter Biden, que en 2014 se unió al consejo de administración de la compañía energética ucraniana Burisma Holdings. Según él, el parlamentario ucraniano Serhiy Leshchenko habría interferido en las elecciones estadounidenses de 2016 en favor de Hillary Clinton, con la colaboración del Partido Demócrata y la Embajada estadounidense en Kiev.

Para Trump fue el equivalente a ese momento de 2016 en el que una abogada rusa ofreció a su hijo mayor «trapos sucios» sobre Clinton. De hecho, hace unos meses admitió sin remilgos que aceptaría ayuda de un gobierno extranjero para ganar de nuevo las elecciones. Sus oportunidades mejoraron con la victoria en abril de un humorista televisivo de corte populista que se presentaba como admirador suyo. Esa victoria significaba el reemplazo del fiscal ucraniano que lideraba las acusaciones contra los demócratas, pero Trump abogó por él en la polémica llamada del 25 de julio a Zelenski.

Embarrar a su adversario

El año pasado había puesto ya a su abogado personal, Rudy Giuliani, a trabajarse a los actores ucranianos involucrados en la investigación. También había despedido a la embajadora estadounidense en Kiev, Marie Yovanovitch, una respetada diplomática de carrera que llegó al cargo con Obama y que había sido crítica con el trabajo del fiscal.

Durante meses, y a través de numerosos contactos con miembros del Gobierno ucraniano, Trump hizo saber al nuevo presidente que quería su colaboración para embarrar a su enemigo político, según la denuncia del informante -al que algunos medios vinculan con la CIA- que publicó este jueves el Congreso. Los embajadores de Trump en Ucrania y la UE se reunieron con miembros del Ejecutivo ucraniano para «ayudarle a entender» los mensajes de Washington.

LAS FRASES:

Donald Trump.
«En los viejos tiempos a los espías se les trataba de otra manera», amenazó al informante anónimo
Joseph Maguire.
El director de Inteligencia aún «necesitaba un GPS para llegar a la oficina» cuando recibió la denuncia

El informante al que Trump equiparó este jueves a «un espía» no presenció personalmente los acontecimientos que describe, pero dice haberlos corroborado con media docena de testimonios, lo que proporciona pistas para que el Congreso continúe la investigación. «En los viejos tiempos a los espías se les trataba de forma diferente», amenazó Trump frente a medio centenar de diplomáticos reunidos en la misión de EE UU en la ONU, según 'The New York Times'. En el pasado se les fusilaba, por lo que las palabras del presidente desataron un escalofrío en la espalda de muchos.

Por el contrario, el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, Adam Schiff, que este jueves condujo los interrogatorios al jefe de la Inteligencia nacional para averiguar por qué no remitió la denuncia al Congreso, intentó alentar a seguir el ejemplo. «Dependemos de vosotros para salvar nuestra democracia», suplicó.

Maguire, al que la denuncia le llegó nada más recibir el cargo de forma interina, alega que «todavía necesitaba un GPS para llegar a la oficina» cuando recibió la inusual denuncia, por lo que buscó asesoría legal en las esferas de gobierno. Convertidas en juez y parte, tanto la oficina legal de la Casa Blanca como la del Departamento de Justicia,decidieron que «no era urgente».

Peor que Nixon

El encubrimiento venía de antes. Según relata esa fuente aún anónima, los funcionarios de la Casa Blanca que escucharon la llamada del presidente a Ucrania fueron tan conscientes de la criminalidad que conllevaba que decidieron poner las notas bajo llave en un sistema informático aparte que sólo se utiliza para temas de seguridad nacional. Ajeno a la envergadura de lo que había hecho, Trump ordenó el miércoles la publicación de esa transcripción que tan celosamente habían guardado sus asesores, en contra de la opinión de su propio equipo. Cometía así un error mayor que el de Richard Nixon, que editó las conversaciones enviadas al Congreso.

EN SU CONTEXTO:

11,9
millones de euros recaudó Trump para su campaña de reelección esta semana, en medio de la crisis más grave para su supervivencia política. El mandatario se volcó en conseguir fondos para su campaña en una cena y un desayuno en Nueva York.
Mañana de Twitter.
Tres docenas de tuits y retuits en su propia defensa emitió el presidente sólo durante la mañana de este jueves desde la Torre Trump.
Abuso de poder
La acusación que guiará la investigación abierta por la presidente del Congreso sobre Trump es la de abuso de poder, precisamente el tipo de comportamiento que preocupaba a James Madison y el resto de 'padres' de la Constitución de EE UU cuando insistieron en incluir una cláusula de 'impeachment'.

En el fondo del armario puede haber muchos más cadáveres. «Múltiples funcionarios estadounidenses me han dicho que se hizo creer al líder ucraniano que no tendría un encuentro ni una llamada telefónica con el presidente (Trump) si no mostraba disposición para seguirle el juego en los temas que habían sido aireados públicamente por Lutsenko y Giuliani», escribió el informante.

Para cuando le llamó el 25 de julio Trump, una semana después de retener 400 millones de ayuda militar, el líder ucraniano estaba más suave que un guante. De su boca sólo salían cumplidos y adulaciones. «Estamos abiertos a cualquier colaboración futura», le informó. «Somos grandes amigos suyos, señor presidente. Planeo rodearme de la gente correcta y, además de esa investigación, le garantizo como presidente de Ucrania que investigaremos todo abiertamente».

Giulani se reunió en Madrid con un asesor ucraniano
Rudy Giulani.

El 2 de agosto pasado «o por ahí» el abogado personal de Donald Trump viajó a Madrid para reunirse con un asesor del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, cuenta el agente de la CIA cuyo testimonio anónimo ha desatado el proceso oficial para destituir al mandatario.

Los funcionarios estadounidenses han caracterizado esa reunión, de la que no se informó públicamente en su día, como «un seguimiento directo» de la llamada que hizo el presidente a Zelenski sobre «los casos» que habían discutido», dice la denuncia hecha pública este jueves. No se sabe cómo viajó a España, dónde se alojó, ni en qué lugar se reunió con ese «asesor» del mandatario ucraniano, pero está claro que buscaba establecer un canal secreto para continuar las conversaciones del asunto con el que pensaba hundir a su rival político. España debió de parecerle un tercer país neutral donde el exalcalde de Nueva York, famoso por haber gobernado durante los atentados del 11-S, no esperaba ser reconocido. Y no lo fue, que se sepa.

La información lleva una semana al descubierto y nadie ha salido al paso para aportar detalles sobre esa visita clave de Giuliani a España, que puede servir para costarle la presidencia a su jefe. Hasta ahora el exalcalde, asiduo a los programas televisivos, ha dado versiones contradictorias, la última en la cadena Fox, en la que atribuyó su viaje a una petición del Departamento de Estado.

Sin cargo oficial

Giuliani no tiene cargo oficial en el Gobierno, por lo que cualquier misión en nombre de este sería ilegítima. Como amigo de Trump desde que jugaban al golf en Nueva York, le apoyó durante la campaña electoral y se barajó su nombre para fiscal general, pero el trabajo que ha hecho como abogado y lobista para personajes de dudosa calaña le dificultaba obtener un permiso de seguridad para ejercer funciones de gobierno. Pronto entendió que sería más rentable para él y para el presidente quedarse en el trasfondo político sin cargo oficial, ocupándose de sus asuntos privados como hizo antes el ahora convicto Michael Cohen. Como este, este jueves daba los primeros indicios de no querer hundirse con Trump. «No hago nada sin la autorización de mis clientes», dijo.

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