La primera vez de...

Nafi, un saharaui desencantado con el panorama político español: «No me representan»

Tras muchos años ayudando en el negocio familiar, Nafi ya tiene su propio negocio como mecánico de automóviles./CLARA ALFONSO
Tras muchos años ayudando en el negocio familiar, Nafi ya tiene su propio negocio como mecánico de automóviles. / CLARA ALFONSO

«Los políticos están centrados en sacar los trapos sucios del partido contrario, en vez de centrarse en el foco del problema y plantear posibles soluciones »

CLARA ALFONSOValencia

26 de junio de 1996. Lo que parecía que iba a ser un día más de dolor y lucha se convirtió en un atisbo de esperanza para Nafi, un niño saharaui proveniente de los campamentos de Tinduf.

En medio del desierto del Sahara, sin agua potable, electricidad ni comida asegurada y con una ausencia total de servicios sanitarios, tuvo que hacer frente a la realidad de vivir con un tumor en su oreja derecha, inoperable en los campamentos del suroeste de Argelia. Gracias a un programa que puso en marcha España, pudo recibir asistencia médica y ser acogido por una familia que le cambiaría la vida.

22 años después, se dedica a la reparación y exportación de vehículos en la localidad de l'Alcúdia. Para Nafi, trabajar significa «desconectar de todos los problemas políticos, sociales y económicos que invaden nuestro país».

Tras un largo proceso de adaptación y de tener que cumplir con rigurosos requisitos para obtener la nacionalidad española, ya puede ejercer el derecho a voto en las próximas Elecciones Generales del 28 de abril. Sin embargo, tiene muy claro que su papeleta no aparecerá en las urnas.

La primera vez de...

«Entiendo la política como un servicio a disposición del ciudadano. Un sistema democrático que debería ser elegido por el pueblo». Y, en términos políticos, no cree que esto se cumpla en España.

Orgulloso de ser saharaui y, también, de tener nacionalidad española, se mantiene firme con su negativa a votar las propuestas de los partidos políticos. «No me representan», señala. Asegura que las candidaturas de los partidos políticos a las Elecciones Generales, parecen estar centradas en «sacar los trapos sucios del partido contrario, en vez de centrarse en el foco del problema y plantear posibles soluciones». Cooperación es lo que reclama el saharaui, «reconocer lo que hace bien el otro y tratar de cambiar lo que considera incorrecto».

La ciudadanía española pretende ser manipulada por «los políticos de las falsas promesas», sostiene. «A mí me pueden denunciar por publicidad engañosa. ¿Qué nombre le ponemos a lo que hacen ellos?», espeta.

Además, manifiesta su rechazo a las líneas que componen la Ley Orgánica del Régimen Electoral General: no puede entender que un partido que obtenga el mayor número de votos, no pueda ser quien gobierne sin necesidad de buscar partidos, con programas electorales distintos, que quieran aliarse en su afán de llegar al poder.

Pero su perspectiva no se centra en la ley electoral en sí, sino, también, en la forma que tienen los representantes de «vendernos la política» que, bajo su juicio, se encuentra devaluada por los mismos.

Respecto a la comunidad migrante y su relación con el sistema político, insiste en que el ser humano parece ser reacio a lo nuevo, a lo diferente. Siente que, muchas veces, el tema de la migración interesa «de cara a la galería». Asimismo, percibe que siguen constituyendo un grupo al que apenas se le da voz y que podría llegar a «enmudecer si se permite que ciertos partidos de ultraderecha lleguen al poder». «Lo mismo que ocurrirá con otras comunidades, como la LGTBI», recalca.

Por su parte, dirige y colabora con la asociación saharaui SAPS, la misma que le ayudó a conseguir una vida mejor, porque entiende que eso «sí que ayuda a la sociedad, contribuye a la cooperación entre personas y hace del mundo un espacio mejor, sin necesidad de obtener nada a cambio».

En definitiva, después de tantos años en España, Nafi sigue pensando que lo más importante en su vida es su familia, conseguir y poder mantener una vivienda digna y llevar por su cuenta su propia lucha para ayudar al resto de la sociedad, que «no se ve respaldada por nuestros políticos».