Real Madrid

Bale se deja los galones en el césped

Bale se lamenta durante el partido ante el Valladolid. /Juan Medina (Reuters)
Bale se lamenta durante el partido ante el Valladolid. / Juan Medina (Reuters)

El extremo, al que el club entregó el estandarte de Cristiano, iguala su peor racha sin marcar en Liga y el Bernabéu pierde la paciencia al sentirle incapaz de tirar del equipo

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Despedido con pitos cuando salió para dejar paso a Lucas Vázquez en el minuto 70 de partido, Gareth Bale volvió a vivir una tarde para el olvido ante el Valladolid. Frente al mismo rival contra el que selló su primer 'hat-trick' defendiendo la elástica del Real Madrid, allá por el 30 de noviembre de 2013, el galés se quedó sin marcar por séptimo encuentro consecutivo de Liga, igualando la racha negativa que firmó entre enero y marzo de 2015. Los silbidos de la parroquia local fueron el corolario a una deslucida actuación con tres remates sin tino, dos de ellos a puerta, catorce pérdidas de balón y, sobre todo, la sensación de que dejó escapar una oportunidad de vindicarse con su nuevo entrenador, que venía de alabar sus virtudes pero también de pedirle mayor consistencia y regularidad, dos cualidades que le son esquivas desde que aterrizó en el Santiago Bernabéu en el verano de 2013 como el fichaje más caro de la historia en Concha Espina.

Impreciso de nuevo, otra vez desconectado en un choque en el que los blancos percutieron más en la primera parte por el costado izquierdo por el que incursionaban Marco Asensio y Sergio Reguilón que por el derecho en el que se asentaban Álvaro Odriozola y el extremo de Cardiff, al '11' no le quedó otra que perseguir con la testa los centros laterales que llegaban por vía aérea, casi la única por la que la escuadra de Santiago Solari amenazaba al ordenado cuadro pucelano. Así dispuso de una buena ocasión a pase de Reguilón en el minuto 11 que atajó Masip y de otra en el minuto 35 con un remate forzado nuevamente tras servicio del lateral zurdo que se fue cerca del palo.

Pero el paso de los minutos llevó la impaciencia a la grada y Bale fue el escogido por la hinchada para volcar su frustración. Solari le intercambió con Marco Asensio a vuelta de vestuarios para que tratase de desbordar por la izquierda pero ahí acabó consumiéndose en medio de la reprobación del respetable.

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La pitada que recibió cuando se retiró evidenció el divorcio de la afición con un futbolista que nunca ha conectado emocionalmente con la parroquia merengue y que lleva mes y medio deambulando en medio de problemas físicos nunca concretados en lesión, sumido en sus propias tribulaciones e incapaz de portar el estandarte que él mismo reclamó tras convertirse en el héroe de la final de Kiev y que el club le entregó tras la fuga de Cristiano Ronaldo a la Juventus.

La luz y la oscuridad

Con pie y medio fuera del Real Madrid cuando viajó a la capital ucraniana, los astros parecieron aliarse con el galés mediante una sucesión de acontecimientos que revertieron por completo su situación. La marcha de Zidane, que había perdido la confianza en su figura y la posterior partida de Cristiano voltearon el panorama del ex del Tottenham.

Su notable inicio de temporada, con cuatro goles en los seis primeros partidos, abonaron la tesis de que por fin estaba preparado para recoger el testigo del luso como emblema del campeón de Europa. Pero desde el duelo ante la Roma, donde lució su letalidad en una contra de manual, entró en barrena, coincidiendo con el desplome general que acabó con la destitución de Julen Lopetegui.

Solista por antonomasia, Bale naufraga dentro de una orquesta de tono monocorde en la que sólo Vinícius parece atreverse a innovar una partitura. El descaro del brasileño contrasta con la abúlica estampa del británico, que precisa emanciparse de sus atávicos miedos a las lesiones y liberarse de desmesuradas expectativas de la directiva que depositan sobre sus hombros una carga demasiado pesada para un futbolista sin el insaciable afán de Cristiano por ser el mejor del mundo.

Pese a que su representante sigue proclamando por activa y por pasiva que el '11' ambiciona el Balón de Oro, al que ha estado nominado en cuatro de los últimos cinco ejercicios, y que su extraordinario potencial le permite firmar actuaciones determinantes en citas de postín, Bale continúa siendo un verso suelto al que el Bernabéu, acostumbrado a aclamar el coraje por encima de todo, seguirá viendo como un extraño mientras dure su periplo por Chamartín. Claro que antes de darle por muerto harían bien sus detractores en recordar en estos tiempos de quebradiza memoria que ya resucitó el pasado curso con un ímpetu providencial para que el Madrid amarrase la 'decimotercera' en el Olímpico de Kiev.

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