Jornada 11

Vinícius y la suerte salvan al Real Madrid

Vinícius celebra el primer gol del Real Madrid. / Fernando Villar (Efe)

La salida del brasileño reanima a un equipo que iba camino de un nuevo martirio frente a un Valladolid que se estrelló por dos veces con el larguero

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Aunque la imagen que dio durante 80 minutos demuestra que cualquier esperanza de un rápido viraje tras el relevo en el banquillo es demasiado temprana, el Real Madrid logró una sufrida victoria que debería servirle al menos para revertir la negativa dinámica de las últimas semanas. Un tanto tras chut de Vinícius que rebotó en Kiko Olivas cuando parecía ir fuera pero que el árbitro otorgó en el acta al brasileño y un penalti convertido por Sergio Ramos con su inevitable 'paradinha' ajusticiaron a un Valladolid que tuvo la victoria en un par de latigazos desde fuera del área que se toparon con el larguero pero que acabó pagando un duro peaje por el arreón final de los blancos que, esta vez sí, les valió para sacar tres puntos capitales y reencontrarse con el triunfo tras sumar cuatro derrotas y un empate en las cinco jornadas precedentes.

Los goles tienen la virtud de cambiar los análisis a la velocidad del rayo. Así ocurrió con los dos tantos que infligieron la derrota número 74 al Valladolid en sus duelos oficiales con el Real Madrid. Hasta que el chut de Vinícius se envenenó, los locales iban camino de suspender el examen en la puesta de largo de Solari como nuevo timonel del campeón de Europa ante su afición. Terminaron sacando un aprobado raspado.

2 Real Madrid

Courtois, Odriozola, Nacho, Ramos, Reguilón, Casemiro (Isco, min. 55), Kroos, Modric, Bale (Lucas Vázquez, min. 70), Asensio (Vinícius, min. 73) y Benzema.

0 Valladolid

Masip, Moyano (Cop. Min. 84), Kiko Olivas, Calero, Nacho, Antonito, Michel, Alcaraz, Toni Villa (Verde, min. 68), Leo Suárez (Óscar Plano, min. 75) y Ünal.

Goles:
1-0: min. 82, Vinícius. 2-0: min. 87, Sergio Ramos, de penalti.
Árbitro:
Gil Manzano (Extremeño). Amonestó a Marco Asensio.
Incidencias:
Partido de la undécima jornada de Liga disputado en el Santiago Bernabéu ante 68.050 espectadores.

El cuadro que entrena Sergio González, gran revelación del campeonato, demostró por qué llegó al Santiago Bernabéu con dos puntos más que los blancos y pisando puestos europeos. Coqueteó con la victoria en un pulso que volvió a dejar al trasluz las miserias del cuadro de Chamartín. Merecieron mucho más los visitantes pero se marcharon de vacío, tumbados por una rocambolesca acción que vino a demostrar que, al menos, hay una luz en medio de la oscura noche madridista. Cortó Vinícius hacia el corazón del área y disparó con el empeine. Golpeó el cuero en Olivas, desviando la trayectoria de un balón ante el que ya no pudo hacer nada Masip.

Luego Sergio Ramos rubricaría un triunfo que no debe solapar la disección de un equipo que, tras la balsámica noche copera en Melilla, reincidió en algunos de los pecados de la 'era Lopetegui', con un dominio estéril en el primer tiempo, falto de ritmo en el segundo y encomendado a centros laterales sin un rematador de jerarquía. Desordenado y precipitado otra vez, desdibujado a medida que el reloj apretaba y con un bloque partido, el Real Madrid recobró al menos la suerte, que le fue esquiva en tantos partidos, para aliviar sus penas y mantener viva la ilusión de una resurrección al dictado de su nuevo y por ahora provisional preparador.

Pitos para Bale y Asensio

Había expectación por conocer el primer once de Solari en Liga. Con una defensa de circunstancias por las bajas en la que hallaron acomodo Odriozola y Reguilón en los costados, Isco fue el gran sacrificado de partida en una escuadra que se perfiló en un 4-3-3.

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Comenzó dominador el Real Madrid, que a los tres minutos estuvo cerca de abrir el marcador con un disparo de Benzema a pase de Asensio que el galo cruzó en exceso. El Valladolid aguardaba con el bloque bajo, dejando que el Madrid saliera para encimarle en tres cuartos y salir a la contra tras robo. La amenaza local venía desde la izquierda, donde Asensio estaba más participativo que Bale, al que Solari corrigió en varias ocasiones en el primer tramo y al que la grada pitó cuando el argentino le retiró para dar cabida a Lucas Vázquez.

Aunque Solari mantuvo para su debut liguero el dibujo de Julen Lopetegui en la primera parte en lugar del 4-2-3-1 con que habitualmente armaba al Castilla y que mantuvo en Copa ante el Melilla, el duelo bosquejó diferencias entre los planteamientos del argentino respecto al vasco. La presión tras pérdida, seña de identidad del guipuzcoano, dejó paso a un repliegue más ordenado en campo propio para trabar el ataque del cuadro de Sergio González que, desprovisto del esférico, fiaba sus opciones a balones largos a Ünal para buscarle la espalda a los centrales del Madrid.

Pero el paso de los minutos y la incapacidad de traducir el dominio en goles comenzó a intranquilizar a la hinchada merengue, especialmente después de que Antoñito picase demasiado una bola que olía a gol. Bale, que volvió a tener en su frente el gol cuando ya había runrún en la grada, era la diana del enfado de su afición en un primer tiempo en el que todo el peligro local llegaba por el aire. El Madrid fue perdiendo ritmo a medida que sobrevolaban de nuevo sus fantasmas y el Valladolid ganó metros. De no haber girado tanto Ünal el cuello en un remate de cabeza, el guión al intermedio bien podría haber sido el tantas veces plasmado este curso por un equipo plano y previsible hasta el hastío.

Al Madrid le faltaban recursos más allá de los centros laterales y los golpeos lejanos para desarbolar a un contrincante que ha hecho del orden el eje sobre de su asalto a la zona aristocrática de la tabla. La pitada al descanso y las que tuvieron por receptores a Bale y Asensio cuando se marcharon constataron que la grada, huérfano ya el equipo del escudo de Lopetegui, pone el foco en los jugadores.

Necesitaba agitar Solari a un equipo plomizo. No pasó de intercambiar las bandas de Bale y Asensio el argentino a vuelta de vestuarios, pero visto que el tedio persistía, el rosarino introdujo a Isco y retiró a Casemiro buscando el embrujo del malagueño. Un cambio ofensivo para un Madrid encomendado nuevamente al toque de corneta que llegó apenas un minuto antes de que Alcaraz dejase temblando el larguero de Courtois y al Bernabéu al borde del bochorno, lo mismo que luego haría Villa con otro misil desde fuera del área.

Reconfigurado en torno a un 4-2-3-1, el Madrid trató de ser más vertical, pero la precipitación derivó en un bloque partido que pudo pagar el desorden en una bola que llegó a Ünal con Sergio Ramos replegando a marchas forzadas tras haberse sumado al ataque. Abortó Courtois el latigazo con que el turco pudo cobrar peaje por la falta de sentido táctico del camero. Y, con Vinícius ya sobre el verde, halló por fin alivio el cuadro capitalino. El ex del Flamengo empieza a demostrar que la apuesta de la directiva por sus servicios no era desacertada.

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