Mateo Alemany, el ejecutivo que sedujo a la grada

Mateo Alemany, el ejecutivo que sedujo a la grada

El director general se alineó desde el primer día con Marcelino y ha sido hábil para que las decisiones impopulares no le salpicasen | Alemany se ha ganado a la afición por su fama de buen negociador en los fichajes

MOISÉS RODRÍGUEZVALENCIA.

Los gritos de un puñado de aficionados en los aledaños del club no pueden considerarse como una tendencia. Sí es cierto, en cambio, que ante las entradas y salidas, estos jóvenes lanzaban reproches a todo empleado del Valencia que transitara por las oficinas. A todos menos a uno: Mateo Alemany, vitoreado tímidamente a su llegada por la mañana y aclamado cuando se marchó por la tarde. El balear ha seducido a la grada dándole lo que más desea: éxitos deportivos concretados en dos clasificaciones para la Champions y una Copa del Rey tras once años de sequía.

Alemany se ha ganado la fama de firme negociador en un proceso de reconstrucción que ha desembocado en el Valencia actual. Dejando de lado a Jorge Mendes, cogió la batuta de un club deportivamente a la deriva para traer a futbolistas que han triunfado como blanquinegros. Son los casos de Kondogbia, Coquelin o el mismísimo Guedes. El portugués encarna uno de los grandes éxitos del mallorquín, que consiguió arrancarlo en condiciones muy ventajosas de los brazos de uno de los clubes menos necesitados económicamente del planeta: el PSG.

El ejecutivo de la corbata poco ajustada sí aprieta al cuello de sus interlocutores en las mesas de negociación. Mateo Alemany, como hombre de fútbol, entendió nada más llegar que no podía arrimarse al caos de la gente de Meriton. Hizo un all in a las personas de fútbol, realizando una primera apuesta decidida en el entrenador, Marcelino García Toral, que se le ha mantenido fiel en estas horas difíciles.

El peaje ha sido cambiar la penumbra de Jorge Mendes por otro agente, el de cabecera del técnico asturiano, Eugenio Botas. Las reuniones entre Alemany y el representante han sido casi una constante durante dos años. Han tejido un Valencia a la imagen de Marcelino y con los condimentos que ha ido aportando Longoria, otro de los que llegó de la mano del entrenador.

Todos ellos han creado un entramado que hasta ahora ha funcionado casi siempre con éxito. Mestalla no recuerda ningún fiasco, aunque si se escarba, se encuentran los Sobrino y, sobre todo, Batshuayi de turno. Pero Alemany ha sabido marcar los tiempos y luego ha tenido la dosis de fortuna siempre necesaria en el mundo del fútbol.

Aparte de la gestión deportiva, el director general ha tenido que avanzar en asuntos que lucen menos como el nuevo estadio o las famosas contingencias que dificultaron la venta del club a Peter Lim. En las horas en las que se está decidiendo la continuidad de Mateo Alemany como alto ejecutivo del Valencia, no está para nada agendado el traslado al estadio de Cortes Valencianas. El asunto de Porxinos está encauzado con los bancos a cambio de comprarles unos terrenos que a día de hoy sólo servirían par vender naranjas o, como se ha hecho en otras épocas, entregarlas en los protocolarios intercambios de brazaletes.

Pero eso no ha salpicado a Mateo Alemany. Ni esto, ni, por ejemplo, asuntos más espinosos como el reparto de las entradas de la final de Copa, cuando se flirteó con el desastre. Pero es que el ejecutivo balear entendió hace ya muchos años en el Mallorca que si la pelotita entra, la grada está contenta. No hay más. Y ha aplicado esa lógica desde su primer día en el Valencia. Hizo su apuesta a cara o cruz cuando descartó a Setién. El resto se lo sabe de memoria. Como que ayer, a la salida del club, debía pararse a dar su mensaje conciliador hacia Mériton y que, de paso, se escuchasen de fondo los gritos de '¡Mateu, quédate!'.

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