Quinto capítulo de la última temporada

Juego de Tronos 8x05: Dracarys, dracarys, dracarys

A las puertas de Desembarco del Rey./RC
A las puertas de Desembarco del Rey. / RC

La serie desmonta a su heroína y le hace descender a los infiernos

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

No leas este artículo si no estás al día de 'Juego de Tronos': contiene espoilers de la temporada final.

Lo mínimo que podíamos pedirle a la última temporada de 'Juego de Tronos' es un final digno para esos personajes a los que hemos estado acompañando durante ocho años. Ocho años, que se dice pronto. Los que aún quedaban vivos en Poniente habían sobrevivido a guerras, bodas rojas y otros giros de guion, por lo que merecían un desenlace a su altura. No ha sido el caso de Varys, el consejero de los rumores, uno de los más intrigantes de cuantos ha parido esta serie, al que vimos caer al principio del capítulo quinto de la última temporada.

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Daenerys mandó a su dragón acabar con él tras conocer su traición, después de saber que ha estado conspirando para que sea Jon Snow el que ocupe el Trono de Hierro en lugar de ella. Dicho y hecho. Dracarys y la araña quedó abrasada. No le dio ni tiempo a inventar una de sus excusas o a tratar de convencerla de algún modo. Volvimos a tener la misma sensación agridulce que cuando vimos morir a Meñique. Ambos eran dos figuras curtidas, capaces de adelantarse a todos, con herramientas de sobra para detectar el peligro y huir de él. Y los dos han terminado de un modo rápido e impropio para lo que esperábamos de ellos. «Espero merecer esto y estar equivocado», dice antes de morir, recordando la falta de conveniencia de que Khaleesi se haga con el Trono.

En cualquier caso ese arranque del episodio venía a anticipar la deriva de Khaleesi. La madre de los dragones está hundida y sin ánimo, se siente triste y decepcionada, se sabe sola y sin apoyos. Tras años intentando llegar a los pueblos en paz para liberar a los esclavos de sus yugos, tras haber prestado ayuda a aquellos que la necesitaban como una cuestión de responsabilidad de reina, tras defender que el Trono le corresponde por derecho, un secreto que no esperaba le ha hecho tambalearse y ser víctima de su ira. Contaba con plantar cara a toda clase de enemigos, con hacer frente a cruentas batallas, pero no se esperaba que fuese a aparecer otro Targaryen, y que lo tuviese tan, tan cerca.

Jon Snow y Varys.
Jon Snow y Varys. / RC

La verdadera identidad de Jon (unido a las recientes bajas que ha vivido a su alrededor, como Jorah, Missandei y Rhaegal) ha terminado de desestabilizar a Daenerys. Le pidió que guardara el secreto y él no le hizo caso. Se ha dado cuenta de que no despierta pasiones en Poniente, cosa que él sí. Ha tratado de ofrecer amor y no le ha servido de nada, así que no le queda más remedio que ofrecer miedo. «Yo no tengo amor aquí, solo tengo miedo», espeta furiosa.

'Juego de Tronos' se ha encargado en su penúltimo capítulo de desmontar a su heroína, de hacerla descender a los infiernos, de transformarla en la más cruel de cuantos han pasado por la serie. No ha tenido piedad con ella ni con los espectadores, que han sido testigos de las consecuencias de la furia, de la soberbia y del ansia de venganza. Nadie está libre de los efectos del poder, Daenerys tampoco. Aunque muchos creíamos que sí. En esto la serie ha sido implacable. Todo hubiese sido más redondo si se hubiese tomado su tiempo para narrar esta deriva, pero hace tiempo que la producción de HBO va acelerada y narrando sus argumentos con brocha gorda.

Khaleesi fue hacia Desembarco del Rey con una intención clara. A lomos de su dragón consiguió acabar con la flota de Euron Greyjoy. Esta vez las flechas de sus escorpiones no alcanzaron su objetivo. Más tarde hizo lo mismo con el ejército de la Compañía Dorada y con la muralla de la ciudad. Viendo el cariz que toman los acontecimientos los miembros del ejército que aún protegen a Cersei se rinden. Las campanas comienzan a tañer. Jon y Tyrion respiran tranquilos. El primero porque otra vez se ha librado de una batalla sin hacer nada decente y el segundo porque cree que la cordura invadirá a la Targaryen y entrará a la ciudad de un modo civilizado.

Pero no. Daenerys está dispuesta a todo, cargada de odio y rabia. Y arrasa todo con fuego. A partir de entonces somos testigos de una escalada de destrucción en la que caen niños, mujeres y hombres inocentes. De nada sirven los intentos de Jon de impedir aquello. El Gusano Gris, los inmaculados y los dothrakis han entendido el mensaje de su reina y acaban con todos. Nadie se libra. Nadie se lo merece. Cersei impotente aguarda su momento mientras ve cómo todo se derrumba a su alrededor, su reino y sus sueños. Aguarda un milagro, que no llega, por más que su último encuentro vaya a ser con su amado Jaime.

La Fortaleza Roja en ruinas.
La Fortaleza Roja en ruinas. / RC

El Matarreyes comienza el capítulo apresado por el ejército de Khaleesi. Tyrion le devuelve el favor de hace años y lo libera. «Tú eras el único que no me trataste como un monstruo», le recuerda. Lo deja libre para que vaya a convencer a su hermana de que se rinda o para que huyan juntos. Antes de acceder a la Fortaleza Roja Jaime se topará también con Euron Greyjoy y tras pelear acaba con él. Finalmente huye con su hermana. Pero no hay salida y ambos terminan en las catacumbas de la Fortaleza Roja sepultados por las rocas que caen. Tampoco ellos merecían esa despedida. Esperábamos más épica para despedir a los Lannister.

El capítulo sirve también un encuentro esperado, el de los hermanos Clagane. La Montaña y el Perro se enzarzan en un duelo que termina en tablas, los dos volando por los aires. Y con una venganza no cumplida, la de Arya, que finalmente no tiene la oportunidad de acabar con Cersei. La última escena del episodio ella es la protagonista. La joven Stark observa la ciudad completamente destruida, se monta en un caballo y parte rumbo a no sabemos dónde. Lo que sí sabemos es que debe apagar aún unos ojos verdes. Y ese es el color de los de Daenerys.

Arya observa a su alrededor.
Arya observa a su alrededor. / RC

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