Segundo capítulo de la octava temporada

Juego de Tronos 8x02: la última noche antes de la gran batalla

Arya Stark./r.c.
Arya Stark. / r.c.

Los protagonistas aguardan de diferentes maneras su destino final en Invernalia

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

No leas este artículo si no estás al día de 'Juego de Tronos': contiene espoilers de la temporada final.

Si uno va a morir al día siguiente debe pensar muy mucho cómo pasará la última noche con vida. No es una decisión sencilla, puesto que no es lo mismo que la muerte te pille bebiendo, durmiendo o en otros menesteres en la cama. Ese dilema lo ha planteado el segundo capítulo de la nueva temporada de 'Juego de Tronos', que lleva por título 'Un caballero de los Siete Reinos' y se desarrolla al completo en Invernalia. Allí aguardan todos los protagonistas (excepto Cersei, que ni está ni se la espera ya) su destino final, que se librará en el tercer episodio -se anuncia como el más largo de la serie (1h. 22min.)- y será en el que tenga lugar la gran batalla.

Mientras tanto, la emocionante segunda entrega se sirvió con la calma necesaria previa a cualquier gran tormenta, pero aún así nos deparó un buen puñado de momentos memorables. Todos los personajes se movieron como en un enorme tablero con el fin de prepararse para la contienda, tomando las posiciones en las que pelearán, no sin antes resolver algunas cuentas pendientes. Hubo tiempo de perdones, confesiones, redenciones y algunas compensaciones a errores y traiciones del pasado. Fue un ajuste de cuentas en toda regla entre personajes pero también entre la serie y el público.

Bran Stark y Jaime Lannister.
Bran Stark y Jaime Lannister. / r.c.

La noche cayó en el Norte y los que allí esperaban afrontaron de diferentes maneras sus últimas horas antes de tomar el campo de batalla. Tyrion, Sir Davos, Brienne, Podrick, Tormund y Jaime Lannister optaron por montarse un botellón. Que la muerte te pille bebido debería ser un buen lema. El último de los arriba citados tuvo que someterse previamente a un juicio sumarísimo que lo enfrentaba a sus acciones pasadas y lo hizo a través de tres mujeres. 'Juego de Tronos' está más empoderada que nunca y no pierde ocasión en demostrarlo. Por un lado, Daenerys y Sansa, que dudaron de sus intenciones y lo acusaron de haber acabado con sus respectivos padres. El sambenito de Matarreyes no se lo quita nadie. Por otro, Brienne de Tarth, que salió en su defensa contando cómo a ella sí le salvó la vida. Las dos caras de un personaje que no ha parado de evolucionar en esta serie. Y fue el último relato el que inclinó la balanza de lado y provocó que el resto variasen de opinión y dieran una nueva oportunidad al mediano de los Lannister. Más tarde Jaime le devolvió el favor nombrándola caballero, saltándose la norma que prohíbe hacer algo así con una dama en Westeros.

En realidad mas que jugar a los caballeros a Jaime y Brianne les hubiese gustado que la guerra les pillase metidos de lleno en otras faenas, porque ahí hay una tensión sexual no resuelta desde la segunda temporada, pero no hubo ocasión de acometerlas. O no supieron buscarlas. Porque para eso, como para otras tantas cosas en la vida, hay que ir de frente. Y si no que se lo pregunten a Arya, que decidió que no se iba a marchar al otro mundo sin probar el sexo. Y para tal labor escogió a Gendry, que andaba preparándole otra arma cuando fue requerido para nuevas labores. Y así, entre encantados y escandalizados, asistimos a la pérdida de la virginidad de la pequeña de los Stark, a la que hemos visto crecer. Las hermanas Stark, dicho sea de paso, se están ganando a pulso y entre aplausos el Trono de Hierro en este arranque de temporada.

En la larga noche hubo tiempo para que Sansa y Daenerys intentasen un nuevo acercamiento (compartieron chascarrillos y todo sobre la altura de Jon) que no llegó a buen puerto cuando salió a cuento la titularidad del Reino del Norte; para que Theon Grejoy regresase al lugar donde se crió con el fin de ponerse a disposición de aquellos a los que falló; y para que Tyrion volviese a dar muestra de aquellas dosis de lucidez e ironía a las que nos tenía acostumbrados (y que ya casi habíamos olvidado). Ya era hora.

Sansa y Danerys, de confidencias.
Sansa y Danerys, de confidencias. / r.c.

El capítulo nos ofreció también dos detalles que aunque parecen menores no lo son tanto: volvimos a atisbar a Fantasma, el lobo huargo de Jon al que habíamos perdido de vista y que también ha retornado para la batalla; y descubrimos que Tormund está tan bien criado porque lo amamantaron con leche de giganta, esa fuerza sobrenatural ha de darnos alegrías.

La noche, como todas las grandes noches, dio mucho de sí y propició, cómo no, el encuentro entre Danerys y Jon, quien terminó revelándole a esta su verdadera identidad. «Mi nombre es Aegon Targaryen», le espetó con solemnidad. Toma ya. Y la otra, lejos de echarse las manos a la cabeza por haber estado yaciendo con su sobrino, no tardó en preocuparse por su trono. Faltaría más.

La amenaza se cierne sobre Invernalia. Los caminantes blancos ya rodean la fortaleza y a pesar de que entre los guerreros se repartieron toda clase de armas de vidriagón y acero valyrio y se trazó un plan poniendo a Bran Stark como cebo para atraer al Rey de la Noche, toda hace pronosticar que nada saldrá como esperan los contendientes.

De momento el capítulo cumplió: generó la tensión necesaria y nos preparó para el combate, para ese momento que llevamos años esperando y que empezará a despejar dudas sobre lo que ocurrirá con el Trono de Hierro en el que continúa una Cersei ajena de momento a todo el meneo que sacude el Norte.

Análisis de la octava temporada de Juego de Tronos