El Gobierno admite que la enseñanza concertada es más barata que la pública

Alumnos de una escuela concertada de Valencia. / Damián Torres
Alumnos de una escuela concertada de Valencia. / Damián Torres

Un informe señala que la inversión anual en un alumno de la pública llega a 5.510 euros, cifra que baja a 4.819 si el cálculo incluye también a los sostenidos vía concierto

JOAQUÍN BATISTA

El ministerio acaba de publicar la última edición del informe 'Las Cifras de la Educación en España', un compendio estadístico que aborda cantidad de aspectos educativos y con contenido territorializado, incluyendo un capítulo dedicado exclusivamente al gasto público. En este apartado se mide la inversión de las administraciones, y se infiere, aunque no se plasme de manera directa, que un alumno de la red concertada resulta más económico que otro que cursa sus estudios en la enseñanza pública.

Se trata de un debate complejo y reiterado, con numerosos estudios sobre la materia y con muchas causas que pueden ayudar a explicar las diferencias. El sector concertado acostumbra a poner en valor esta idea cuando defiende su papel en el sistema de enseñanza. La campaña 'Yo Elijo', lanzada a principios de febrero por el Arzobispado, patronales y organizaciones de Apas, es el ejemplo más reciente, que tiene antecedentes claros en los informes que periódicamente publican organizaciones como Cece o la propia Conferencia Episcopal.

Con datos referidos al 2016, el ministerio establece que el gasto de las administraciones por cada alumno que se beneficia de fondos públicos, refiriéndose expresamente a los de la pública y a los de la concertada, ascendió a 4.819 euros por cada uno en el caso de la Comunitat. Para obtener el dato se tuvo en cuenta al alumnado de ambas redes y el gasto público de cualquier administración -mayoritariamente de la Generalitat-, excluyendo el destinado a becas y formación ocupacional.

Ratios, coste salarial o el volumen de niños con necesidades ayudan a explicar la diferencia

La siguiente estadística de la tabla pasó por calcular este mismo parámetro sólo para el estudiantado de la pública. Lógicamente se contó sólo con este alumnado y de la inversión total se restó la partida dedicada a conciertos, estableciendo el importe en 5.510 euros anuales. En otras palabras, al sacar a la concertada de la ecuación el dato se eleva un 14%, lo que permite deducir que era este sector el que arrastraba a la baja la primera cuantía.

Las cifras correspondientes a 2015, también incluidas en la tabla, siguieron la misma relación: el gasto por alumno sostenido con fondos públicos fue de 4.628 euros frente a los 5.246 referidos al de la pública.

En cuanto al cálculo, el ministerio advierte de que en los datos pueden influir otros factores no contemplados, «como la dispersión geográfica, la distribución del alumnado en los diferentes niveles o el peso de la oferta pública y privada».

El último informe del Consejo Escolar del Estado, principal órgano de asesoramiento del Gobierno, hace el mismo ejercicio con las cifras de 2015 y pone el foco en la importancia del contexto, enfatizando que influye enormemente el número de alumnos por profesor. Al fin y al cabo, y simplificando, con un salario docente -misma inversión- se educa a más o menos niños.

Se trata de un factor favorable a la concertada, cuyas aulas están más llenas: el promedio en la Comunitat llegó a ser de 4,6 alumnos más por unidad en 2017. En términos económicos, serían más eficientes. En este sentido, además de la demanda social que alega el sector -la preferencia de los padres por su modelo- también influye la oferta, pues no se puede pedir lo que no existe. Es la idea de la dispersión que apunta el ministerio. La concertada está presente especialmente en municipios grandes, que concentran la mayoría de la población escolarizable, mientras que la pública, además, asume la oferta de cualquier zona, incluyendo las rurales, donde la ratio de alumnos es sensiblemente inferior y donde no llega la concertada. Estas aulas, menos llenas peor igual de necesarias, son más costosas para el erario público.

El sector concertado siempre ha puesto encima de la mesa otros factores para defender el ahorro que supone a la administración. Por ejemplo, las horas lectivas en Secundaria son superiores (un máximo de 25 frente a las 19-20 de la pública), por no hablar de que, aunque existe homologación salarial en la Comunitat, esta igualdad no afecta a los sexenios. Dicho de otra forma, la administración, que es quien paga los salarios, se gasta un poco menos por hora lectiva en la concertada, y estas son más elevadas.

Más allá de las causas en materia de personal, que consume de promedio más del 60% de las inversiones de las administraciones, también influye el perfil del alumnado. Igual que es más costoso educar a un niño de un núcleo rural, lo mismo pasa con aquel con necesidades específicas de apoyo, mucho más presentes en la enseñanza pública.

Por último también ayuda a explicar la diferencia la infrafinanciación crónica del sistema concertado, que recibe de la administración dinero para cubrir los gastos de funcionamiento, aunque la partida lleva más de una década sin actualizarse pese a que cualquier servicio se ha ido encareciendo. El déficit se suple con las aportaciones de las familias, que no entran en la estadística.

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