Un muerto tras una explosión en la pirotecnia Ricardo Caballer en Olocau

Vicente Caballer, primo del propietario, sale de la pirotecnia de Ricardo Caballer en Olocau esta mañana./JAVIER MARTÍNEZ
Vicente Caballer, primo del propietario, sale de la pirotecnia de Ricardo Caballer en Olocau esta mañana. / JAVIER MARTÍNEZ

El trabajador fallecido es la cuarta víctima mortal desde el año 1993 en accidentes ocurridos en la misma fábrica de fuegos artificiales

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

Un hombre de 41 años de edad, Raúl Onielfa Veneros, murió esta mañana al explotar la caseta donde estaba trabajando en la pirotecnia Ricasa en el término de Olocau. El trágico accidente laboral tuvo lugar pocos minutos antes de las 10 de la mañana en la partida del Arenal.

El Centro de Coordinación de Emergencias recibió a las 9.41 horas el primer aviso de la explosión. El hombre fallecido residía en Paterna, estaba casado y tenía tres hijos de corta edad. La víctima trabajaba en una caseta pequeña en la parte cromática de la fábrica de fuegos artificiales de Ricardo Caballer. El lugar donde se registró la explosión se encuentra aislado del resto de las instalaciones, como establece la normativa de seguridad, y no alcanzó a otros trabajadores que se encontraban en la pirotecnia.

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Aunque no se produjo ningún incendio, tres dotaciones de bomberos se desplazaron con urgencia al lugar desde los parques de l’Eliana, Paterna y Moncada. También se movilizaron varias patrullas de la Guardia Civil de Llíria, un equipo del Servicio de Ayuda Médica Urgente (SAMU) y otro de Servicio Vital Básico (SVB).

La explosión se oyó a varios kilómetros de distancia y voló parte del techo de la caseta. Los primeros bomberos que llegaron a la pirotecnia realizaron una rápida inspección en la zona afectada por el estallido para constatar que no había ningún riesgo. Luego entraron los sanitarios que certificaron el fallecimiento del trabajador.

Según informaron fuentes del Centro de Información y Coordinación de Urgencias (CICU), un helicóptero medicalizado de la Generalitat también se movilizó, aunque regresó a su base en Castellón cuando los primeros sanitarios desplazados al lugar confirmaron que no había más víctimas en la pirotecnia.

Una veintena de trabajadores fueron desalojados como medida de seguridad tras el siniestro. Las gruesas paredes de hormigón de la caseta dirigieron la onda expansiva hacia el techo, que voló unos metros y cayó junto al lugar de la explosión. La víctima murió en el acto. Un equipo del laboratorio de criminalística de la Guardia Civil de Valencia se hizo cargo de la inspección de la caseta donde se produjo al explosión. Dos agentes ataviados con sendos monos blancos examinaron de forma minuciosa la zona afectada por el estallido y el cadáver del trabajador fallecido.

Mientras tanto, otros guardias civiles del Equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil de Llíria tomaban declaración a los trabajadores y el dueño de la fábrica de fuegos artificiales. Con toda información obtenida, los agentes elaborarán el correspondiente informe para remitirlo al juzgado de Llíria.

Además, el área de Industria de la Subdelegación del Gobierno en Valencia, competente en prevención de riesgos laborales, emitirá otro informe sobre el accidente laboral y las medidas de seguridad de la pirotecnia Ricasa. El cadáver del trabajador fue trasladado sobre las 12.50 horas al Instituto de Medicinal Legal de Valencia para practicarle la autopsia.

Inspecciones en la pirotecnia

Las instalaciones de la pirotecnia de Ricardo Caballer fueron inspeccionadas el pasado 20 de diciembre por técnicos de la Conselleria de Economía. La empresa Ricasa superó de forma favorable la revisión, ya que cumple todas las normas de seguridad. Dos técnicos del Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT) examinaron de forma minuciosa la fábrica de fuegos artificiales y no detectaron ninguna anomalía, según informaron fuentes de la Generalitat.

La Guardia Civil inspeccionó otra vez la empresa de Olocau el pasado 9 de marzo y tampoco descubrió deficiencias en materia de seguridad. La pirotecnia tenía «continuas comprobaciones, inspecciones y supervisiones y no sabemos exactamente el motivo de la explosión», afirmó el delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Juan Carlos Moragues.

Los ayuntamiento de Olocau y Paterna decretaron tres y un día de luto, respectivamente, por estar ubicada la pirotecnia en el término municipal de la primera localidad y por residir la víctima en la segunda población. El alcalde de Olocau, Antonio Ropero, convocó también un pleno extraordinario y aseguró que Ricasa cumple de forma estricta con las medidas de seguridad del sector pirotécnico.

Tras ser avisado de la grave explosión, Ropero se desplazó al lugar para recabar información sobre el accidente. Unas dos horas después, el alcalde abandonó las instalaciones y se acercó a los periodistas congregados en la puerta para afirmar que la pirotecnia de Ricardo Caballer «es una de las más seguras» del sector. El también empresario pirotécnico Vicente Caballer, primo del propietario de la empresa donde se registró la explosión, también se desplazó a Olocau para apoyar a su familiar en estos trágicos momentos.

Cuatro muertos desde 1993

El trabajador fallecido hoy es la cuarta víctima mortal desde 1993 en explosiones ocurridas en la misma fábrica de fuegos artificiales. El 18 de octubre de 1993, otro estallido causó la muerte de un trabajador de 33 años y vecino de Valencia. El accidente laboral se produjo cuando la víctima, cuya identidad responde a las iniciales E. V. C., mezclaba productos pirotécnicos en una caseta.

El 10 de enero de 2002, otra explosión se cobró la vida de dos empleados y dejó sumida en una profunda tristeza a la familia Caballer. Un hombre de 47 años y nacionalidad ucraniana, Víctor S., y una vecina de Burjassot y cuñada del propietario, Carmen C. B., fallecieron sepultados bajo escombros al estallar una carcasa que estaban cargando y hundirse una caseta. Las víctimas manipulaban una escasa cantidad de pólvora, pero el estallido fue de gran potencia porque usaban una mezcla concentrada para carcasas.

El 7 de septiembre de 2004, José Rafael, de 45 años, murió al estallar las carcasas que embalaba en la pirotecnia El Portugués de Vilamarxant. Tres años después, el 25 de abril de 2007, otros dos trabajadores fallecieron como consecuencia de una explosión en la fábrica de fuegos artificiales de Zamorano Caballer en Alzira. El posterior incendio fue sofocado por los bomberos, que hallaron el cadáver de Rafael Terol, de 37 años. Juan Rogelio, de 27 años, murió en La Fe como consecuencia de las quemaduras que sufrió en el 90 por ciento de su cuerpo.

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