Atrincherado tres horas tras violar a una joven compañera de piso

Un agente de policía en el rellano del edificio donde se atrincheró el hombre. / Policía Nacional

El hombre, reclamado por estafa, amenazó con suicidarse cuando huyó la víctima pero la Policía Nacional logró que abriera la puerta

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

La tensión se adueñó ayer de la avenida Pío XII de Valencia. Una joven pidiendo auxilio y herida por una presunta agresión sexual y el sospechoso, atrincherado, lanzándo objetos por una ventana y asegurando que iba a quitarse la vida. Con este difícil panorama tuvo que lidiar ayer la Policía Nacional, que arrestó al hombre, un argentino de 58 años, como presunto autor de una violación.

El detenido, de nombre Óscar, tenía antecedentes por delitos de estafa y sobre él pesaban reclamaciones de tres juzgados valencianos. Hace aproximadamente un mes comenzó a residir en régimen de alquiler en el piso donde sucedieron los hechos. Convivía bajo el mismo techo una joven española de 25 años, también inquilina. Según se desprende de las primeras investigaciones policiales, en la relación entre ambos no había vínculos sentimentales. Al parecer, eran simples compañeros de piso.

Los hechos comenzaron sobre las 6.30 horas. La joven víctima telefoneó a un amigo desde la casa y, angustiada, le comunicó que había sufrido una agresión sexual. El colega de la víctima se desplazó a la vivienda. Al parecer, recordaba el patio, pero no la puerta. Intentó contactar de nuevo por teléfono con la joven, pero ya no respondía. Ya muy preocupado, alertó de la situación al 112 sobre las siete de la mañana.

Emergencias comunicó los hechos a la Policía Local y Policía Nacional, cuyos agentes se desplazaron al lugar. Al cabo de unos minutos salió de la vivienda la víctima. Al parecer, logró zafarse del sospechoso y encaró la escalera a toda prisa. Presentaba algunos arañazos y lloraba, por lo que los agentes solicitaron una ambulancia para atenderla. La joven fue evacuada poco después al Hospital La Fe y visitada por un forense para investigar la supuesta agresión sexual.

Pero el asunto no estaba ni mucho menos resuelto. Óscar, el inquilino sospechoso, se negaba a abrir la puerta y amenazaba con suicidarse. Al existir una vida en peligro, la Policía Nacional solicitó al juzgado una autorización para entrar en la casa por la fuerza, si era necesario.

Mientras, un negociador de la Jefatura de Valencia trató de convencer al presunto agresor. Al mismo tiempo, especialistas del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) se desplegaron por la escalera y planificaron una entrada al asalto. Como el argentino optó por desconectar su teléfono móvil, el negociador no tuvo más remedio que intentar convencerlo desde el rellano de su casa, pegado a la puerta.

«Óscar, buenos días», insistía con voz paciente y serena. «Óscar, hazme un favor, hombre, conecta el teléfono, que quiero hablar contigo. Te pido ese favor, conecta tu teléfono móvil», repetía el especialista de la Policía Nacional. Pero nada. Silencio y más incertidumbre.

Un bombero intenta recuperar de un árbol la mochila que podría haber lanzado el presunto agresor.
Un bombero intenta recuperar de un árbol la mochila que podría haber lanzado el presunto agresor. / Juan J. Monzó

Tres horas después del inicio de la emergencia, sobre las 9.40 horas, sucedió algo inesperado. Óscar contactó con el portero del edificio a través del telefonillo. «¿Qué pasa, por qué hay tanta policía?», preguntó como si el asunto no fuera con él. «Dímelo tú a mí», respondió el conserje. Otro agente intervino en la comunicación: «Por favor, abra la puerta, queremos hablar con usted». Y al final obedeció. En menos de un segundo, se vio rodeado e inmovilizado por los GOES. No estaba armado ni opuso resistencia.

Antes de su captura, lanzó dos mochilas con objetos de la joven por una ventana trasera. Los bomberos tuvieron que intervenir con una escalera para recuperarlos, ya que quedaron encalados entre las ramas de un árbol.

Al parecer, el agresor empleó la fuerza física para la presunta agresión sexual, sin usar armas. No se le imputa el delito de secuestro (detención ilegal) porque no hay indicios de que retuviera a la víctima tras la supuesta violación.

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