Las Provincias

Mike «hubiera muerto en la calle como un perro hace tres años» de no ser operado por Cavadas

fotogalería

El doctor Cavadas y Mike Koech, ayer en la rueda de prensa. :: juanjo monzó

  • El cirujano somete al joven keniata a cuatro operaciones en cinco años para extirparle un tumor gigante craneal

Un tumor gigante en la base del cráneo amenazaba la vida de Mike Koech, un joven keniata de 35 años para quien el tiempo corría en contra desde 2001. En su país le habían dicho que aquello no se podía operar. Su existencia se encontraba «en el límite». La alternativa era morir «miserablemente». No había futuro para él. Pero un día de 2011 se cruzó en su camino el prestigioso cirujano Pedro Cavadas. En esa hora la vida de Mike emprendió un nuevo rumbo.

Desde entonces el paciente, padre de tres hijas a quien Cavadas llama «amigo», ha entrado cuatro veces en un quirófano del Hospital de Manises. La última el pasado octubre. Ahora está libre del tumor. El domingo regresará a su país tras haber recuperado la posibilidad de ganarse su vida y la de su familia mediante el transporte de personas en motocicleta.

El joven keniata, ayer lo contaron él y el cirujano, había recorrido varios hospitales de su país. También centros sanitarios de la India. Pero la suerte no se mostraba de su parte. Los especialistas africanos sentenciaron que tan gran tumor era inoperable, salvo que se le extirpara la mitad de la cara. Y cuando la esperanza se había desdibujado, Cruz Roja saltó al escenario vital de Koech, un hombre curtido desde la infancia. Ya de pequeño perdió las dos piernas en un incendio y camina con prótesis en ambas extremidades. A través de la ONG, el paciente pudo contactar con Cavadas y la intervención quirúrgica que le ha salvado la vida fue posible.

El doctor y el joven hablaron, estudiaron el caso, analizaron las oportunidades de éxito y también los riesgos. Sopesaron cada circunstancia, cada detalle que permitiera superar cualquier obstáculo para operar. Y lo consiguieron. Mike entró hace cinco años en un quirófano del Hospital de Manises para someterse al experto bisturí del valenciano que tanto logro ha aportado a la historia reciente de la cirugía.

La experta observación del cirujano le permitió comprobar que el tumor era «semimaligno», algo que evitaba un proceso de metástasis y por tanto permitía operar. Siendo grave, cabía la posibilidad de «extirpar. Si hubiera sido maligno, no se podría quitar», sentenció ayer Cavadas. La gravedad venía determinada por la localización. No era maligno, pero ponía en riesgo la vida de Koech porque presionaba varios órganos.

Batalla «compleja»

El médico y el paciente se enfrentaban a una batalla «compleja», pero la alternativa era peor. «Morir miserablemente, no tener futuro», apuntó el experto. Ante ello, «cualquier opción era mejor». La fundación del doctor Pedro Cavadas y el Hospital de Manises activaron las gestiones para abrir las puertas del centro sanitario a un hombre que apenas podía trabajar, hacerse cargo de su familia, asumir el cuidado de su mujer y sus tres hijas.

En 2011 llegó la primera operación. Se le practicó una resección craneofacial y reconstrucción microquirúrgica compleja para extirparle el tumor que le había deformado ya la parte de la cara, y le había abocado a perder el ojo izquierdo. Fue necesaria la extracción de segmentos importantes del cráneo y de la cara. Después se tuvo que acometer la reconstrucción.

Con el tiempo fue necesario volver a echar mano del bisturí. La gran masa tumoral había desaparecido, pero en 2013 el tumor se reprodujo aunque con menor tamaño. En 2015 volvió a suceder lo mismo y en 2016, otra vez hubo que afrontar una sesión quirúrgica.

Mike ahora se encuentra bien. Ha superado todas esas operaciones. El próximo domingo tiene previsto emprender viaje a su país. Su vida ha dado un vuelco. Hasta ahora los días de Mike transcurrían marcados con limitaciones que le llevaban a «saber que tu futuro es morir como un perro» porque el tumor crecía e iba a ser «su causa de muerte sí o sí, sin probabilidad de otra opción» y además solo podía ver por el ojo derecho.

Cavadas no puede afirmar que el paciente esté curado, pero se ha podido prolongar su vida y que sea de «buena calidad». Sin someterse a la cirugía habría fallecido hace más de tres años «en la calle como un perro». Mike sabe que el tumor puede volver. Las operaciones tienen un límite: extirpar el ojo derecho. Si ocurriera no podría seguir cuidando de su familia, algo que, como él mismo relató ayer, es posible porque se gana la vida transportando personas en su motocicleta. Antes de las intervenciones, explicó, se sentía «débil», no podía «luchar para sobrevivir» y alimentar a su familia. Ahora está «fuerte contento y agradecido».

En el peor de los casos, la Fundación Cavadas mantendrá a la familia, cuya hija pequeña se llama Carmen. Koech, en agradecimiento pidió que escogiera el nombre y el cirujano optó por el de su madre, que acababa de fallecer: «Debe de ser la única Carmen de Kenia».

Cada viaje de Mike ha servido para seguir de cerca la evolución de las intervenciones, pero también para cambiar y poner al día las prótesis de sus piernas, ya que llevaba unas prestadas que ni siquiera eran de su talla y que el cirujano desconocía que el paciente las llevaba hasta que en el primer viaje se enteró al llegar al control de metales en el aeropuerto.

El detector hizo sonar la alarma y Koech se arremangó los pantalones para enseñarlas al agente. «No sabía que llevabas», le dijo Cavadas. «No me lo preguntaste», le replicó el paciente que llegó a Manises en busca de una oportunidad para seguir adelante con su vida.