Las Provincias

Dos años consecutivos con el doble de lluvias que las actuales atajarían la sequía

Embalse de Amadorio, en Alicante. :: álex domínguez
Embalse de Amadorio, en Alicante. :: álex domínguez
  • Expertos calculan que la Comunitat necesitaría alrededor de 600 litros por metro cuadrado de precipitaciones anuales, frente a los 300 del último ejercicio

No sólo es vital que llueva para poner fin a la tenaz sequía que azota la Comunitat, sino también cómo y dónde lo haga. El jefe de la Unidad Regional de Valencia del Instituto Geológico Minero, Bruno Ballesteros, especializado en la investigación de recursos hídricos subterráneos, calcula que, para empezar a poner freno a la actual carestía hídrica, la autonomía debería registrar durante dos años consecutivos sendos ejercicios húmedos, es decir, con un acumulado anual que rondaría los 600 litros por metro cuadrado, frente a los 300 que, de media, ha registrado el último año hidrológico, contabilizado entre el 1 de octubre de 2015 y el pasado 30 de septiembre. De hecho, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) lo ha calificado de extremadamente seco y, junto con el de 2014, los dos años con menos precipitaciones contabilizadas desde 1950. La media normal de estos 76 años ronda los 500 litros, aunque ejercicios como 2002 o 2009 han superado los 650 (años hidrológicos muy húmedos, según la terminología de Aemet).

Sin embargo, no sólo basta con la cantidad, según apunta Ballesteros. En periodos de lluvias, los embalses se recargan con mayor rapidez que los acuíferos, pero las aguas subterráneas suponen unos recursos mucho mayores que los pantanos para el abastecimiento. Por ello, es importante la intensidad con la que se produzcan estas precipitaciones. El suelo es como una especie de esponja que no permite que el agua se infiltre hacia los acuíferos hasta que no se satura. Si las lluvias son débiles y el terreno está seco, la vegetación consume estos recursos, por lo que el agua no llega a recargar los almacenes subterráneos. Además, también hay que tener en cuenta los efectos de la evaporación posterior. Por tanto, este experto apunta que, para cambiar la tendencia actual, se necesitan lluvias intensas que además de incrementar el nivel de los embalses alcancen para recargar los acuíferos. El problema radica en que estas precipitaciones torrenciales generan efectos negativos en forma de erosión y pueden suponer un peligro para los bienes y las personas. Por ejemplo, las tenues lluvias del miércoles (10,2 litros en Jalance como registro máximo) y jueves (12,2 en Torreblanca) suponen un alivio para los maltrechos cultivos, pero apenas resultan significativas para los embalses y mucho menos para los almacenes subterráneos.

Distribución

Otro aspecto importante es la distribución. La sequía no ha castigado con igual intensidad a toda la Comunitat, por lo que las lluvias son mucho más necesarias en unas comarcas que en otras. Por ejemplo, en la mitad sur de Alicante el acumulado del último año hidrológico oscila entre 100 y 200 litros por metro cuadrado, mientras que en el interior de Castellón ronda la franja de los 400/500 litros. En las comarcas de la provincia de Valencia se han registrado acumulados de entre 200 y 400 litros.

Así las cosas, y aunque las precipitaciones son necesarias en toda la región, la urgencia es acuciante en el sur de Alicante y el interior de Valencia, especialmente en la comarca de la Hoya de Buñol, una zona que además sufre la carencia de embalses o ríos de envergadura, por lo que basa su abastecimiento en las aguas subterráneas. El histórico déficit hídrico de la Marina Alta, causado especialmente por la salinización de sus acuíferos, está comenzando a combatirse con obras de emergencia. Por ejemplo, el suministro de agua en Benisa este verano se ha salvado gracias a la construcción de un nuevo pozo.