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PERCHAS DE MESTALLA

PERCHAS  DE MESTALLA

José Ponce colecciona más de 120 camisetas del Valencia desde los años 70 en una habitación de su casa que considera un santuario. Era su ilusión desde siempre, en la que ha invertido sus ahorros, y quiere comprar más

JOSÉ MOLINS

La habitación en la que José Ponce guarda su tesoro es un auténtico santuario valencianista. Aficionado «desde que tenía uso de razón», se ha dedicado a coleccionar todo tipo de recuerdos del club desde los años 70 hasta la actualidad. Hay pósters, revistas, entradas de partidos, pero lo que sin duda reina son las camisetas. Tiene dos grandes percheros en los que almacena más de 120 elásticas oficiales que llevaron los futbolistas del equipo de Mestalla en diversas épocas.

Su memoria es sensacional, recuerda con detalle quién lució cada camiseta y está documentándose para incluir una foto del jugador y una reseña del partido en la percha donde cuelga cada una. Lo conserva todo con mimo, ya que le ha supuesto una considerable inversión. «Cada camiseta vale mucho dinero. Lo he podido hacer por la herencia que me dejaron mis padres, ya que yo apenas tengo gastos. Mi ilusión siempre ha sido tener camisetas antiguas del Valencia, de cuando era niño, lo veo como la ilusión de mi vida», explica Ponce. Y deja claro: «No me han donado nunca ninguna camiseta, los jugadores me las vendieron».

A través de contactos y de internet va ampliando su colección, que tiene previsto exponer en abril en la asociación de Futbolistas del Valencia. «Empecé con esto porque quería tener una camiseta del Valencia de la Senyera, y la primera que encontré fue la de la final de 1979, una de las más caras, casi el Santo Grial. Ahí me picó el gusanillo y empecé a contactar con gente», explica José. «De esa final tengo la camiseta que llevó Arias original, para mí es la más querida. Cuando la vio Ricardo alucinó», destaca el aficionado.

Reconoce que la calidad de las prendas ha cambiado mucho, los materiales y los detalles. «Es muy complicado encontrar camisetas porque sólo se hacían una o dos para cada jugador para toda la temporada. No cambiaban con otros jugadores ni se vendían en las tiendas. Tienes que conseguir la que usó un futbolista, y es muy difícil. Si cambiaban una camiseta les tocaba pagarla, y en algunos clubes no les dejaban. Los escudos estaban bordados a mano, de manera muy artesanal. Había unas señoras que remendaban las camisetas que se rompían», cuenta.

Fernando, Subirats y Kempes le proporcionaron algunas de sus joyas, y la más cara que tiene data de la temporada 1973-74. Aunque ahora está pugnando por otra que vale más dinero aún, de un futbolista con la que se ganó la liga 1970-71. Y también por una del Piojo López.