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El Valencia saca el guante

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/ EFE.

  • La apuesta por el balón lleva a los mejores minutos de la pretemporada blanquinegra

Con pillería o puede que fuera simple y aplastante lógica, pero el Valencia se guardó el mejor partido de la pretemporada para presentarse en Mestalla con algo muy digno que ofrecer. Sobran y faltan nombres todavía, pero las sensaciones previas eran tan negativas por cuánto se parecía el equipo al que acabó pidiendo la hora la temporada pasada, que la afición ya estaba apuntando matrículas a diestro y siniestro. Ayer no. El Valencia se fue con la victoria y respiró. La pelea fue continua, el hambre mayor que el de la Fiorentina, pero lo más destacable es la decidida apuesta del conjunto blanquinegro por la posesión del balón.

Venía la Fiorentina con Borja Valero, Rossi, Marcos Alonso, Kalinic o Bernardeschi y se puso a jugar. Desde el primer momento. No tardó demasiado en traducir en tangibles sus argumentos ofensivos: golazo de Bernardeschi, pájara de la defensa del Valencia y los fantasmas para el equipo de Ayestarán. Mal inicio. Para Parejo todavía quedaban pitos -luego se fueron aplacando hasta llegar a algunos aplausos- y Abdennour era señalado continuamente. Pintaba mal, pero apoyados en un centro del campo con visos de convertirse en patrón para la Liga, el Valencia empezó a crecer.

Se lo puso en bandeja la propia Fiorentina. Un fallo infantil de Tatarusano y Badelj encontró a Rodrigo metido de lleno en el partido. El hispano-brasileño calcó el tanto que ya le hiciera a Las Palmas en El Insular. Regateó al meta, agradeció el presente y la enchufó sin oposición. En ese momento sólo era el empate y el regreso al encuentro, pero empezando por Rodrigo, era mucho más. Lleva Ayestarán machacando todo el verano al delantero. «Es tu momento, eres bueno y lo tienes que demostrar», le ha dicho ya unas cuantas veces mientras se encarga de que el vestuario sepa de la confianza que mantiene en Rodrigo. Y el ex del Benfica ya es máximo goleador de la pretemporada (4) y además se atreve con regates que hasta hace nada ni intentaba.

Con Enzo Pérez barriendo toda la medular, Medrán gustándose y Parejo creando, entró en juego la segunda línea del Valencia. Santi Mina o el propio Rodrigo. Luego las internadas de Gayà o Montoya, a quien anularon un gol por fuera de juego. Fútbol de toque para llegar al área sin abusar de la conducción. Fueron los mejores minutos del Valencia en la pretemporada. Pudo adelantarse varias veces en el marcador, pero Rodrigo la echó arriba y el larguero repelió un cabezazo de Alcácer.

El buen trato al balón estaba recompensando a Ayestarán y sus futbolistas. Mestalla lo agradeció. Vezo, sublime a lo largo de todo el partido, limó algún fallo de Abdennour y dio una sensación de mayor seguridad en la defensa. Ryan apenas intervino. Y el Valencia se fue a la caseta satisfecho. Dentro de una semana arranca la Liga y así, Ayestarán tampoco movió demasiado el equipo al descanso. Entraron Lato para no fatigar a Gayà, Cancelo por un correcto Montoya y Diego Alves en la portería. Lo mejor que se puede decir de Lato es que otro producto más de la inagotable cantera de laterales zurdo que cría Paterna casi temporada tras temporada. El joven se atrevió en ataque, disparo incluido, y tuvo pulmones para defender cuando fue necesario.

Después de unos minutos de calma, el Valencia volvió a asediar la portería de la Fiore para llevarse el Trofeo Naranja. Salieron Rafa Mir, Bakkali, Carlos Soler, Cartabia... Y el trato con el balón se mantenía y la trascendencia de las bandas, con los laterales convertidos en extremos, continuaba creando situaciones de peligro para los italianos. No fue por fuera, sino en una asistencia filtrada entre centrales de Parejo donde encontró el triunfo el Valencia. Remató Rafa Mir, se le doblaron los guantes al portero y el chaval debutó en Mestalla -como Lato y Soler- con gol incluido. Un oasis no esconde la extensión de un desierto. Siguen siendo necesarias piezas para reforzar la defensa y un hombre de refresco para el centro del campo, pero esta versión del Valencia es otra cosa.