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Los maestros del penalti

Mendieta lanza el penalti durante la final contra el Bayern. / ap
Mendieta lanza el penalti durante la final contra el Bayern. / ap

PACO LLORET

A la hora de indagar sobre los mejores lanzadores de penaltis de la historia del Valencia conviene destacar tres nombres correspondientes a etapas diferentes: Pasieguito, Claramunt y Mendieta. Este trío sobresale sobre el resto. Cada uno de ellos pertenece a una época y todos adquirieron en su momento la condición de ejecutor. Hubo etapas en las que coincidieron varios de ellos al mismo tiempo. Por ejemplo, Mario Kempes compartió la responsabilidad con el 'Lobo' Diarte, primero, y con Rainer Bonhof después. Fernando Gómez también asumió el papel que luego cedió al búlgaro Lubo Penev, cuyo porcentaje de aciertos ha sido uno de los más altos. A Fernando se le recuerda siempre su último penalti en el Camp Nou en la tanda que clasificó al Valencia ante el Barça de Cruyff en los octavos de la Copa del rey del 92.

«El penalti solo lo falla aquel que lo tira» reza la máxima que se aplica en descargo de los jugadores que erran su transformación. Durante mucho tiempo se creyó que Pep Claramunt sólo había fallado una máxima pena a lo largo de su dilatada carrera. Para el recuerdo quedó perpetuado su lanzamiento en el Camp Nou que despejó Sadurní, el portero del Barça, con los pies cuando se lanzaba hacia el lado contrario. El momento adquirió enorme relevancia porque se consideraba al centrocampista de Puçol como un experto infalible. Aquel penalti marrado tuvo lugar en la penúltima jornada de la temporada 73-74 con el marcador por estrenar. El duelo concluyó con triunfo local por la mínima. Sin embargo, algunos años antes, hubo otro lanzamiento que no se convirtió en gol y que ha quedado borrado de la memoria colectiva. En Mestalla se enfrentaban los valencianistas al Elche en la cuarta jornada de la campaña 68-69, la de las Bodas de Oro de la entidad. En el primer tiempo se señaló un penalti a favor de los de casa que Claramunt no convirtió en gol por la intervención de Araquistáin, guardameta del conjunto ilicitano. El Valencia resolvió favorablemente el encuentro gracias al solitario tanto de Waldo en la segunda mitad.

No se registra ningún otro fallo más en los anales de un futbolista dotado de una portentosa capacidad para ejecutar las penas máximas, tanto en el Valencia como en la selección española. Claramunt asumió ese rol a finales de los años sesenta y tomó el relevo de Waldo, hasta entonces principal encargado de los lanzamientos desde los once metros. Un lanzamiento suyo abrió el marcador en la final de Copa de 1971, celebrada en el Bernabéu ante el Barcelona, aunque un año antes, en la final disputada en el Camp Nou ante el Real Madrid, el penalti decretado por el colegiado Ortiz de Mendívil fue convertido en gol por el paraguayo Anastasio Jara.

Pasieguito, Claramunt y Mendieta destacaron por su tremenda efectividad, al igual que Kempes

Pasieguito solía presumir de su elevado porcentaje de acierto en la ejecución de máximos castigos y reconocía que nunca celebraba su transformación porque consideraba que carecía de mérito festejar un tanto de penalti. Le sacaban de quicio los jugadores que se mostraban eufóricos por meter un gol con todo a favor. El vasco de Hernani sólo recordaba que un portero le detuviera un máximo castigo y el fantasma de aquella acción le amargaba muchos años después de haberse producido. El lance ocurrió en un Valencia-Hércules que acabó con goleada local por 4-1 en la campaña 55-56 y el guardameta era Dauder. Su secreto era bien sencillo: elegir un lado y disparar seco y fuerte. Nada de pararse antes de lanzar o de chutar por el centro. Pasieguito elegía de forma indistinta cualquier lado con la seguridad de saber que el portero no alcanzaría nunca el cuero si el lanzamiento estaba bien ejecutado. En aquellos tiempos, la información no era ni por aproximación tan completa como en la actualidad. El conocimiento de los porteros sobre los potenciales lanzadores de los otros equipos y la preparación específica de los guardametas no alcanzaba el nivel de esta época.

Si el checoslovaco Panenka revolucionó el método de lanzamiento con su sorprendente ejecución en la final de la Eurocopa de 1976, dos décadas después, el ruso Oleg Salenko sorprendió con un sistema casi infalible de transformación de aparente sencillez y de máxima eficacia. Ese sistema lo aprendió Gaizka Mendieta que se convirtió en el especialista a finales de los años noventa. El vasco miraba al portero y aguantaba hasta el final el lanzamiento para chutar con el interior del pie sin demasiada fuerza, de forma suave, un estilo que le encumbró, aunque en un duelo de la Champions ante el Girondins de Burdeos en Mestalla, falló el tiro. Ese error aislado no le impidió seguir asumiendo la responsabilidad como demostró en la final del torneo de 2001 cuando transformó por partida doble, un penalti durante el partido y otro en la tanda posterior.

Mario Kempes solía ejecutar los penaltis con unos zurdazos descomunales aunque, en ocasiones, recurría a tiros colocados. El argentino protagonizó rachas infalibles y algún período de fallos inesperados y dolorosos. En ocasiones hubo de lanzar penaltis en el último minuto que tenían valor decisivo, como en Mestalla ante el Burgos en la 77-78, o en La Romareda en la 79-80, ambos transformados en goles providenciales.